WoW Crónicas II – El primer Jefe de Guerra

5 años antes del portal oscuro

Con Zagrel muerto y la popularidad del clan Blackrock estaba por las nubes, Gul’dan convocó a los cabecillas y sus chamanes en Oshu’gun. Había llegado el momento de proclamar a Blackhand como líder de la Horda. Sin embargo, el brujo tenía una última estratagema pendiente para asegurar la elección del jefe de guerra.

Gul’dan intensificó el miedo de los chamanes que acudieron a Oshu’gun. Tras años implorando y suplicando a los espíritus sin recibir respuesta alguna, debían afrontar la verdad: los ineptos espíritus habían abandonado a los orcos. Pero Gul’dan ofreció una nueva esperanza a los chamanes y les confió que los Blackrock habían recuperado su poder gracias a una nueva y gloriosa energía.

Solo la magia vil salvaría a los orcos de la maldad de los draenei.

Según las palabras de Gul’dan, los Blackrock adquirieron este nuevo poder de manos de seres benévolos que deseaban la victoria de los orcos, pero se cuidó mucho de no mencionar el nombre de Kil’jaeden ni nada relativo a la injerencia de los demonios. Ni siquiera Blackhand conocía la existencia de la Legión Ardiente. Solo los integrantes del Consejo de la Sombra más leales a Gul’dan sabían la verdad.

Los brujos Blackrock demostraron el poder su magia drenando la esencia vital de unos prisioneros draenei para luego incinerarlos desde dentro. Tras años de frustración, los chamanes imploraron a los Blackrock que compartieran con ellos los secretos de la magia vil.

Incluso Drek’Thar, de los Frostwolf, solicitó autorización a Durotan para aprender esta nueva magia. El cabecilla albergaba sospechas razonables sobre las propiedades corruptoras de la magia vil, pero le concedió su permiso. De haberse negado, los Frostwolf se habrían visto en una posición de inferioridad, algo que Durotan no podía permitir.

Drek’Thar fue uno de los muchos chamanes que abrazaron la magia vil. Tal y como Gul’dan había planeado, los brujos Blackrock adiestraron a orcos de todos los clanes. Los Blackrock y su cabecilla se convirtieron en los maestros de la magia vil, respetados y admirados por todos los clanes.

Mientras los chamanes se regodeaban en la fuerza de la magia vil, Gul’dan se dirigió de nuevo a los orcos y les advirtió de que los draenei estaban movilizando sus defensas. Si los clanes no colaboraban, perderían la guerra aun contando con la magia vil. Los orcos necesitaban un líder que se responsabilizara de las operaciones militares. Necesitaban un jefe de guerra que comandara a los cabecillas.

¿Y quién mejor para el puesto que Blackhand, cabecilla del clan que arrancó victoria tras victoria a los draenei? Algunos cabecillas veían a Blackhand como un rival, pero ninguno podía negar su grandeza. Suyos eran los secretos de la magia vil. Además, su liderazgo había convertido a su clan en una máquina de guerra imparable. Si los cabecillas elegían a Blackhand como su líder, impondría el orden y la disciplina por doquier.

El resultado de la votación fue unánime. Incluso Durotan, a regañadientes, votó a Blackhand. El cabecilla Frostwolf consideraba al Blackrock como un tirano, pero sabía que su oposición atraería la ira de los Blackrock sobre su clan.

La Horda contaba, por fin, con un líder fiero e indomable: el Jefe de Guerra Blackhand. Bajo su mando, los orcos abandonarían el desorden y la indisciplina para atacar siempre con un propósito y gran precisión. Los orcos reducirían a los draenei a cenizas y los borrarían de la faz del mundo.

Por los ancestros. Por los clanes. Por la Horda.

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1 comentario

    • RayKage el 26 marzo, 2021 a las 12:11 pm
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    Cuándo publicas más Leoric?

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