WoW Crónicas II – El filo del Consejo de la sombra

Gul’dan contaba con el apoyo de Blackhand, pero sabía que los otros clanes no aceptarían a un cabecilla Blackrock como su jefe de guerra. Aún no. Los agentes del Consejo de la Sombra recorrieron los territorios orcos glosando las gestas de Blackhand. Sus enardecidas palabras proclamaban que el chamán de Blackhand disponía de un nuevo poder superior incluso al de los elementos. Gracias a estos relatos, numerosos orcos empezaron a ver a Blackhand con buenos ojos.

Como era de esperar, los agentes del Consejo de la Sombra aprovecharon sus viajes para espiar a los otros clanes e identificar a los orcos que se oponían a la Horda. Un opositor en particular suscitó la ira de Gul’dan: el cabecilla Zagrel, del clan Whiteclaw. Zagrel había solicitado a otros clanes que abandonaran la ridícula guerra contra los draenei para centrarse en los rituales chamánicos. Según el cabecilla, sólo el recogimiento y el respeto por las antiguas tradiciones de los orcos les permitiría recuperar el favor de los elementos.

Gul’dan temía que, con tiempo, otros orcos que cuestionaran la naturaleza de la Horda — orcos como el cabecilla Durotan y sus Frostwolf— se sumaran a las protestas de Zagrel. El brujo necesitaba librarse rápidamente del problemático cabecilla Whiteclaw, y disponía del arma perfecta.

Gul’dan envió a Garona a asesinar al cabecilla Zagrel. La semiorca hechizada no podía resistir la orden del brujo. Silenciosa como una sombra, Garona se adentró en el campamento de los Whiteclaw y apuñaló a Zagrel en el corazón. Ningún Whiteclaw supo jamás de su presencia. Tras la extraña muerte de su líder, las disputas entre los hijos y hermanos de Zagrel por el mando sumieron al clan en el caos. Aunque el clan Whiteclaw perduró tras la crisis, nunca recuperó su grandeza.

El cabecilla Durotan también sospechaba de la guerra contra los draenei, y la muerte de Zagrel no hizo sino aumentar su desconfianza. Acababan de asesinar al principal opositor de la Horda; no podía ser casualidad. Sin embargo, Durotan carecía de pruebas que apuntaran a la identidad del supuesto asesino. Quizá el culpable era uno de sus parientes aviesos de poder… o quizá fue un poder oculto.

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