Crímenes de Guerra – Capítulo Treinta

Crímenes de GuerraDía Ocho

Llamo a declarar al rey Varían Wrynn —dijo Baine.

Anduin no pudo evitarlo, se inclinó hacía su padre y susurró:

—No te salgas de las preguntas. No digas nada voluntariamente ni te compliques la vida.

—Ja, ja —masculló Varian al levantarse.

Anduin pudo ver la expresión de consternación de Jaina y se percató entonces de que probablemente él era el único al que Varian había informado de que Baine deseaba presentarlo como testigo de la defensa. Los ojos azules de la archimaga fueron de padre a hijo y, a continuación, frunció los labios y miró al frente de manera impasible.

No era la única sorprendida, por supuesto. En cualquier circunstancia, habría resultado muy raro que el rey de Stormwind declarara en favor del líder de la Horda, incluso si ese líder hubiera sido Go’el. Pero en el caso de Garrosh era aún más extraño. Anduin se acomodó en su asiento mientras se preguntaba qué tramaba Baine.

Varian prestó juramento y, acto seguido, miró expectante a Baine.

—Si el tribunal me da su permiso —dijo Baine—, antes de empezar a interrogar al testigo, me gustaría presentar una prueba. La mayoría sabe que el rey Varian Wrynn aconsejó que no se ejecutara inmediatamente al acusado. Pero no siempre ha mantenido una actitud tan moderada.

—Con todo respeto, protesto —lo interrumpió Tyrande, poniéndose en pie—. Aquí no se está juzgando al rey Varian.

—No, a él no —admitió Baine—, pero si él no hubiera tomado cierta decisión, Garrosh no estaría vivo ahora, y ninguno de nosotras estaría hoy aquí reunido.

Jaina masculló algo en voz muy baja acerca de un “error”, y un triste Kalec arrugó el ceño. Vereesa, que se hallaba sentada detrás de Jaina mostraba una expresión petulante; si bien era una mujer muy hermosa ese era un gesto muy feo. Anduin se mordió un labio y, acto seguido, volvió a centrar su atención en su padre.

—Si bien eso es innegablemente cierto —objetó Taran Zhu—, Es un argumento suficiente como para que ignore la protesta.

—Fa’shua, por muy extraño que parezca, deseo dejar claro que el rey Varian es un testigo válido para la defensa del acusado.

—Aunque tu petición no fuera razonable —replicó Taran Zhu—, me encantaría ver cómo demuestras eso, así que admito la postura de la defensa.

Pese a que Tyrande aceptó la decisión con elegancia, tenía los labios muy apretados mientras se recostaba en su silla. Al instante, se dispuso a tomar notas.

—Entonces, si el tribunal me da su permiso, mostraré una Visión que deja claro mi argumento.

Kairoz se acercó a grandes zancadas a la Visión del Tiempo. Anduin se fijó en que el reloj de arena había sido dado la vuelta y que el bulbo superior, que se había vaciado al mostrar Tyrande la Destrucción de Theramore, estaba ahora lleno. Con delicadeza, el dragón bronce de carne y hueso tejió un encantamiento alrededor de esa reliquia. Al instante, el dragón forjado en metal cobró vida e hizo que las arenas relucientes fluyeran hacia abajo.

Al principio, la escena era muy oscura. Después, se oyó el fragor ahogado de una batalla; unos gritos furiosos, chillidos y el choque del acero contra el acero.

—¿Qué ocurre? —exigió saber alguien que poseía una voz de mujer, alguien muy asustado, alguien a quien recientemente se le había empezado a pegar el acento típico de su pueblo.

Se trataba de Moira Thaurissan. Anduin sabía lo que venía a continuación. Lo que no sabía era si eso iba a apoyar los argumentos de la defensa… o si realmente deseaba que sirviera para ello.

Una lámpara se encendió y una temerosa Moira miró a su alrededor. No se hallaba sola en sus aposentos de Ironforge. Junto a la cama, había una cuna donde dormía un bebé. Junto a la puerta, había dos enanos Dark Iron. Uno de ellos hizo ademán de abrirla.

—¡No! —susurró Moira, la cual se puso en pie sobre la cama y miró fijamente a la puerta. Iba vestida con un camisón y se llevó las manos a la garganta—. ¡Les ordeno que no salgan! ¡Tal vez no nos encuentren!

No obstante, desenvainaron sus armas, por si acaso. Y no tuvieron que esperar mucho. La puerta sufrió un golpe sordo descomunal y Moira lanzó un grito ahogado. Al instante, alguien intentó entrar desde el otro lado lanzando un segundo y un tercer golpe. La puerta se combó y cedió del todo con el cuarto intento.

Moira chilló aterrorizada. El bebé se despertó sobresaltado y añadió sus agudos lloriqueos aterrados a ese estruendo. Los tres intrusos irrumpieron en la habitación y atacaron a los guardias. Aunque los enanos Dark Iron lucharon con fiereza, se vieron superados en número. El líder de los asaltantes, que blandía dos espadas con gran maestría, despachó rápidamente a un enano con una estocada tan potente que no pudo arrancar de inmediato su arma del cadáver y la tuvo que dejar clavada en él.

Se giró para encararse con Moira y, jadeando, se quitó la máscara. Los espectadores, así como Moira, profirieron un grito ahogado al darse cuenta de que se trataba de Varian. Anduin ya lo sabía, pero aun así, tanta violencia lo entristeció. Ojalá hubiera podido llegar antes. Dirigió su mirada hacia el lugar donde se encontraba sentada la Moira de verdad y comprobó que mantenía la compostura, aunque parecía sentirse muy incómoda. Anduin lamentó que se tuviera que ver obligada a mirar esto y se enfureció con Baine por mostrar esta escena.

Varian agarró a la aterrada enana, la empujó de la cama y la sacó a rastras de la habitación, mientras esta se resistía e intentaba escapar como podía. La Visión los siguió mientras Varian se llevaba a su cautiva a una zona abierta situada cerca de la Gran Fundición. Los enanos y gnomos se arremolinaban en torno a ambos, a la vez que observaban asustados e incapaces de comprender que estaba ocurriendo. Varian agarró a Moira del cuello del camisón y la atrajo hacia sí. Acto seguido, colocó la punta de su espada sobre la garganta de la enana.

—¡Contemplen a la usurpadora! —Gritó Varian—. Esta es la niña por la que Magni Bronzebeard derramó incontables lágrimas. Su amada niñita. ¡Si pudiera ver lo que le ha hecho a su ciudad, a su pueblo, cuánto le repugnaría! —Giró la cabeza para mirar a la sobresaltada Moira directamente a los ojos—. Este trono no te pertenece. Lo has comprado con engaños, mentiras y ardides. Has amenazado a tus propios súbditos cuando no habían hecho nada malo y has obtenido un título que no te has ganado haciendo uso de la fuerza. ¡No voy a permitir que sigas sentada sobre ese trono robado ni un solo momento más!

—Páralo ahí —ordenó Baine. Anduin pudo notar que todos los espectadores volvían a la vez al presente y clavaban la mirada sobre Varian—. En esta escena, hemos podido verlos tanto a ti como a la reina regente Moira Thaurissan, quien obviamente sobrevivió a esa experiencia tan traumática. ¿Podrías explicarnos, por favor, qué estaba pasando?

—Esto tuvo lugar justo antes del Cataclismo —contestó Varian—Después de que el rey Magni hubiera intentado llevar a cabo un antiguo ritual, con el que esperaba poder entrar en contacto con la Tierra para descubrir qué estaba sucediendo. Pero algo fue mal y Magni se convirtió literalmente en parte de la Tierra. La reina regente Moira apareció de repente, como salida de la nada, y reclamó el trono. Aisló a Ironforge del resto del mundo y retuvo a mi hijo como rehén. Por suerte, pudo escapar.

—¿Qué hiciste entonces?

—Me infiltré en Ironforge.

—¿Con qué propósito?

—Con el de neutralizar a Moira y liberar Ironforge.

—¿Cómo pretendías neutralizarla?

—No creo que realmente lo supiera, aunque supongo que, si se resistía, la mataría.

—Hubo bajas.

—Sí.

Anduin miró a Tyrande, quien se hallaba recostada sobre la silla, con los brazos cruzados y un rostro cuidadosamente inescrutable. Anduin sabía que quería protestar, pero no podía hacerlo, puesto que ya se habían negado esa posibilidad en esta fase del proceso. Baine posó sus ojos sobre Kairoz y asintió para indicarle que continuara.

—¡Padre!

Anduin se vio a sí mismo abriéndose paso a empujones a través de una multitud, pues intentaba alcanzar a Varian desesperadamente.

Parezco tan joven, pensó el príncipe de manera distraída.

—No deberías estar aquí, Anduin. Vete, Este no es lugar para ti.

—¡Sí es mi lugar! —replicó la imagen de Anduin—. ¡Tú me enviaste aquí! Tú querías que conociera al pueblo enano, y eso he hecho. Conocí bien a Magni y estuve aquí cuando Moira apareció. Fui testigo del caos que desató su llegada y también de que estuvo a punto de estallar una guerra civil cuando la gente hizo amago de alzarse en armas para resolver sus problemas con ella. ¡No importa lo que puedas pensar sobre esta enana, ella es la heredera legítima!

—Quizá lo sea por razón de su estirpe —gruñó Varian—, pero no está en sus cabales. Se encuentra bajo un hechizo, hijo mío; Magni siempre pensó así. Ha intentado retenerte como prisionero. Está reteniendo aquí a un buen número de gente sin ninguna razón. ¡No puede ser una buena líder! ¡Va a destruir todo lo que Magni construyó! ¡Todo por lo que él… él murió!

Ahora que el Anduin del pasado se hallaba más cerca de su padre le tendió una mano. Estaba muerto de miedo, pensó Anduin. Temía decir algo equivocado y que la degollara, y que su muerte recayera sobre mi conciencia. Qué lejos fuimos todos. Bueno, la mayoría.

—No está hechizada, padre. Magni prefería creer que eso era así a afrontar la verdad… que había obligado a Moira a marcharse porque no era un heredero varón.

—Estás escupiendo sobre la memoria de un hombre honorable, Anduin.

—Uno puede ser un hombre muy honorable y, aun así, cometer errores.

—Para —dijo Baine—. Rey Varian, ¿qué crees que quiso decir el príncipe Anduin con esas palabras?

—Se estaba refiriendo a ciertos actos que yo había cometido en el pasado — respondió Varian—. Yo había hecho y dicho muchas cosas de las que no estaba orgulloso. Habla lanzado amenazas, había perdido la templanza, había mostrado… cierta “intolerancia”, por decirlo de un modo suave, hacia otras razas. Creo que es bastante evidente que Anduin no piensa ni se comporta de ese modo.

La escena continuó. Anduin se vio a sí mismo argumentando que les correspondía a los enanos decidir si querían aceptar a Moira o no como reina. Durante el resto de su vida, el príncipe recordaría lo que Varian había dicho en esos momentos.

—¡Pero te convirtió en su rehén, Anduin! ¡A ti, a mi hijo! ¡No se puede permitir que esa afrenta quede impune! No voy a dejar que mantenga secuestrados tanto a ti como a toda una ciudad. No lo voy a permitir, ¿es que no lo entiendes?

—Para —ordenó Baine—. Da la impresión de que querías matar a Moira no por usurpar el trono de Ironforge, sino por poner en peligro a Anduin.

Varian asintió.

—Estaba… furioso. En esa época, mi hijo y yo teníamos una relación muy tensa, y yo… —Intentó dar con las palabras adecuadas, pues era consciente de que los estaba escuchando mucha gente—. Me sorprendí a mí mismo al darme cuenta de que no quería perderlo de ninguna manera. Y en cuanto se halló a salvo… quise castigar a Moira por haberme hecho sentir así.

Varian buscó con la mirada a Anduin y se pudo palpar en el ambiente el cariño que se profesaban padre e hijo. La escena se oscureció

—¿Cómo terminó esa situación? —inquirió Baine.

—Anduin argumentó, con suma razón, que los enanos tenían derecho a decidir su propio destino.

Baine hizo un gesto de asentimiento de nuevo hacia Kairoz. Ahora, el Varian del pasado parecía haber tomado una decisión.

—Por mucho que deseara que no fuera verdad —le dijo a Moira, quien todavía seguía en manos del rey—, tienes derecho legítimo al trono. Pero al igual que yo, Moira Bronzebeard, necesitas ser mejor persona de lo que eres. Se necesita algo más que pertenecer la estirpe correcta para gobernar como es debido a tu pueblo. Vas a tener que ganarte ese honor.

—Para. Y, de este modo, se fundó el Consejo de los Tres Martillos, que es la forma de gobierno que el pueblo enano se ha dado, ¿verdad? —preguntó Baine.

—Eso es, sí.

—¿Qué pasó cuando ella se mostró de acuerdo con eso?

—La dejé marchar y tanto mi gente como yo nos retiramos.

La escena se reanudó unos momentos después. Varian se acercó a Anduin y lo abrazó con fuerza. Alrededor de ellos, los enanos, sumamente aliviados, lo celebraron con una buena cerveza —siempre estaban dispuestos a festejar cualquier cosa—, mientras gritaban, silbaban y exclamaban:

—¡Wildhammer! ¡Bronzebeard! ¡Dark Iron!

—¿Lo ves, padre? —Dijo el Anduin de la Visión—. Sabías exactamente qué había que hacer. Sabía qué harías lo correcto.

Varian sonrió.

—Necesitaba que alguien confiara en mí, para que yo pudiera acabar creyendo en mí mismo —replicó.

Baine hizo un gesto a Kairoz y la escena se congeló.

—¿Crees que has cambiado desde entonces, majestad?

Varian miró fugazmente a Anduin. El joven príncipe sonrió. Varian volvió a mirar a Baine y asintió.

—Sí, así es.

—¿Otra gente se mostraría de acuerdo contigo al respecto?

—Otros parecen verlo con más claridad que yo mismo, así que sí.

—¿Por qué intentaste cambiar?

—Porque había algunas partes de mí que me impedían llegar a ser el hombre que realmente deseaba ser.

—En cierto momento, fuiste un hombre dividido, literalmente —prosiguió Baine—. La reintegración de tus dos mitades no fue nada fácil y lo único que recuerdas de esa época no es más que violencia. Cuando alguien intenta cambiar su misma esencia ha de entablar consigo mismo una batalla muy dura y arriesgada. ¿Cómo lograste alcanzar tu meta?

—No… No fue fácil —admitió Varian—. Y yo no era…, no soy… perfecto, ni por asomo. De vez en cuando, sufría alguna… recaída. Primero tuve que asumir realmente que quería cambiar y, entonces, tuve que hacer gala de una gran fuerza de voluntad y disciplina, y buscarme unas buenas razones que hicieran que el esfuerzo mereciera la pena.

—Fuerza de voluntad. Disciplina. Y unas buenas razones para motivarse a la hora de acometer una empresa tan difícil —repitió Baine—. ¿Cómo encontraste la voluntad, la disciplina y las razones necesarias?

—Tuve suerte, ya que contaba con gente que quería ayudarme y a la que escuché —contestó Varian—. Ellos… bueno, a pesar de mi testarudez, ellos fueron capaces de hacerme ver cómo me estaba comportando y fui consciente de que, si seguía así, no conseguiría lo que quería lograr. Quería ser el mejor padre posible para un hijo que no tenía madre. Quería ser el mejor gobernante para un pueblo que vivía tiempos muy difíciles. Tenía la sensación de que eso era algo que les debía, que debía conseguir que el reinado se centrara en atender sus necesidades… en mejorar sus vidas… y no en satisfacer mis patéticos deseos e impulsos.

—Así que si dijera que no cambiaste porque alguien te amenazara u obligara a cambiar, sino porque querías ser mejor persona con aquellos que dependían de ti, estaría en lo cierto, ¿verdad?

—Sí estarías totalmente en lo cierto, sí.

—¿Crees que a Garrosh Hellscream le preocupa su gente?

—¡Protesto! —exclamó Tyrande.

—No admito la protesta. Estoy de acuerdo con la defensa —replicó Taran Zhu, quien asintió en dirección hacia Varian.

Al rey, que era perfectamente consciente de que se hallaba bajo juramento, le llevó un momento ordenar sus pensamientos para poder responder. Mientras tanto, clavó sus intensos ojos azules en Garrosh.

—Creo que, en su día, sí. Creo que todavía se preocupa por los orcos, pero no de la Horda como un todo.

—Así que eso es un sí.

—Si por “su gente”, te refieres a los orcos, entonces sí.

—¿Dirías que Garrosh es inteligente?

—Sí, mucho.

—Así que podríamos definirlo como alguien que se preocupa por los suyos, ya que incluso tú, que eres su enemigo, reconoces que eso es así. Además, según tus propias palabras, es muy inteligente. Algunos podrían describirte a ti del mismo modo, majestad. Así que, dime, ¿crees que una persona así es capaz de cambiar?

Al rey se le escapó algo parecido a una leve risa.

—Dudo mucho de que Garrosh…

—Limítate a responder la pregunta, por favor. ¿Sí o no? ¿Es posible que una persona que se preocupa por su pueblo y que es muy inteligente cambie?

Varían frunció el ceño, abrió la boca y, al instante, la volvió a cerrar. Respiró hondo y, entonces, respondió en voz baja:

—Sí. Es posible.

—Gracias, majestad. No tengo más preguntas que hacer.

Tyrande, quien hasta hace unos instantes había dado la sensación de que a duras penas lograba mantenerse sentada en su asiento, se puso ahora prácticamente de pie de un salto para interrogar a Varian, quien parecía sentirse casi tan aliviado como ella.

—Majestad —dijo—, solo tengo que hacerte unas cuantas preguntas. En primer lugar, ¿eres un genocida?

—¿Qué? —Varian la miró fijamente.

Baine gritó:

—¡Con todo respeto, protesto!

—Fa’shua —replicó Tyrande con sumo tacto—, no estoy acusando al testigo de nada, simplemente, le pido que se defina a sí mismo.

—¿Con qué fin, Chu’shao? —inquirió Taran Zhu.

—La defensa ha llamado a declarar al rey Varian como testigo de la defensa de Garrosh y ha tenido la oportunidad de dejar clara la valía y experiencia de Varian. Ahora yo estoy haciendo lo mismo.

—Estoy de acuerdo con la acusación. Puedes continuar, pero interrumpiré el interrogatorio si considero que estás hostigando al interrogado. Que el testigo responda.

Tyrande agachó la cabeza y volvió a mirar a Varian.

—¿Eres un genocida, majestad?

—No —afirmó Varian, quien arrugó el ceño.

Anduin se preguntó a dónde diablos pretendía ir Tyrande con esa línea de interrogatorio.

—¿Alguna vez has tenido sed de poder?

—No —contestó Varian—. E incluso añadiría que el manto del poder y la responsabilidad que conlleva resultan tremendamente pesados.

Anduin sabía que su padre, en cierto momento, habría preferido seguir llevando una vida sencilla como Lo’Gosh, el gladiador, a ser el rey Varian.

—La defensa nos acaba de mostrar una escena en la que tú y varios miembros del SI:7 se infiltraron en Ironforge, atacaron a la población y amenazaron a una mujer desarmada. ¿Dirías que eso es algo que sueles hacer habitualmente? Responde.

—¡Pues claro que no! Esto es ridículo —replicó Varian.

—Por favor, majestad, limítate a responder la pregunta —le pidió Tyrande, quien permanecía totalmente serena.

—¡No!

—¿Acaso en tu momento de mayor ira, en tu instante más tenebroso, elaboraste un plan muy calculado para exterminar a toda la población de una gran ciudad y lo llevaste a cabo?

Entonces, Anduin entendió lo que pretendía.

—No —respondió su padre.

Tyrande se volvió serenamente hacia Taran Zhu.

—Fa’shua, la defensa ha llamado al rey Varian a declarar como un testigo experto a la hora de enfrentarse a los mismos problemas que Garrosh Hellscream tuvo que afrontar. Sugiero que si bien Varian se ha tenido que enfrentar a desafíos similares, no es, no ha sido, ni será jamás como Garrosh Hellscream. Por tanto, no se le puede considerar un experto que pueda indicamos lo que Garrosh hará o no hará en un futuro. Por tanto, pido que se retire del acta todo lo que este testigo ha declarado.

—Con todo respeto, pro…

Taran Zhu alzó urna zarpa.

—Entiendo el razonamiento de la acusación, pero no voy a eliminar el testimonio de este testigo. Creo que tanto tu línea de interrogatorio como la de la defensa son perfectamente adecuadas y válidas.

—Pero, Fa’shua… —acertó a decir Tyrande.

—La acusación ha dejado bien clara su argumentación. ¿Tienes alguna pregunta más para el testigo?

—No, Lord Zhu.

—Muy bien. El juicio se suspende por hoy. Mañana se presentaran los alegatos finales. Chu’shao, esa será su última oportunidad de dirigirse al jurado. Les sugiero que no la malgasten.

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