WoW Crónicas II – El ascenso de los Roca Negra

6 años antes del portal oscuro

Al mismo tiempo que Gul’dan traicionaba a Ner’zhul, los orcos continuaban con su guerra contra los draenei. Los clanes arrasaron pequeños puestos draenei diseminados por el mundo, pero no conseguían conquistar grandes asentamientos. Las defensas de los draenei eran casi impenetrables y sus ejércitos se coordinaban a la perfección.

Los orcos, en cambio, se distinguían por sus rivalidades internas. Cabecillas como Blackhand y Grommash Hellscream discutían a menudo sobre las tácticas a seguir, y sus desacuerdos provocaban peleas constantes entre los clanes. La Horda lo era solo en el nombre.

Kil’jaeden era consciente de ello. El señor demoníaco contemplaba el desarrollo de la guerra con creciente desazón. Gul’dan ansiaba ocupar el lugar de Ner’zhul y controlar la Horda, pero el señor demoníaco le negaba toda oportunidad. El brujo era útil, cierto, pero nunca sería un buen líder. Su hierra yacía en el subterfugio y la manipulación, dos actividades más efectivas en el anonimato.

Los orcos necesitaban un verdadero líder. Necesitaban un jefe de guerra.

La voz de Kil’jaeden retumbó en la mente de Gul’dan. El brujo debía encontrar un nuevo líder para la Horda. Sin un líder, los clanes caerían sin remedio ante los draenei. Gul’dan ansiaba controlar la Horda, pero a pesar de su furia obedeció. Las ansias de poder del brujo no eran tan intensas como el miedo que Kil’jaeden le inspiraba.

Puño Negro

Gul’dan sabía que solo un orco exhibía la fuerza y confianza necesarias para capitanear la Horda: el cabecilla Blackhand. Los Blackrock eran el clan con mayor número de victorias contra los draenei. Si asumían el mando, impondrían su estricta disciplina militar a los demás orcos y, gracias a sus forjas elementales, la Horda contaría con armas formidables y gigantescas máquinas de guerra con la que obliterar las defensas draenei.

Gul’dan se reunió con Blackhand y le instó a asumir el mando de la Horda. A cambio, su clan obtendría poderes de otro mundo. Los chamanes Blackrock recuperarían su magia y la fuerza de sus guerreros no tendrían igual entre los demás clanes. El propio Blackhand sería recordado como el mayor guerrero orco de la historia.

El brujo sabía que las simples promesas no convencerían a Blackhand. Por ello, adiestró a algunos chamanes Blackrock en el arte de la magia vil y les enseño a incrementar mágicamente el número de soldados de su clan. Siguiendo indicaciones de Gul’dan, los brujos imbuyeron de magia vil a orcos jóvenes para acelerar su crecimiento y conferirles la fuerza de un guerrero adulto. El regalo del brujo, sin embargo, acarreaba ciertas consecuencias: la magia vil retorcía las mentes de los jóvenes hasta transformarlos en bárbaros sedientos de sangre.

Dal’rend Puño Negro

Pero a pesar de los efectos secundarios, Blackhand estaba impresionado. Tanto que rápidamente ordenó a los brujos que transformaran a sus hijos, Dal’rend y Maim, en “soldados aptos”.

Blackhand suscribió su alianza con Gul’dan al aceptar su puesto como líder de la Horda. Para apoyar al jefe de guerra, el brujo le prometió fundar una orden clandestina destinada a vigilar a los orcos y mantenerlos bajo control. Esta organización, bautizada como el Consejo de Sombra, tendría al cabecilla como uno de sus dirigentes. Lo que Gul’dan no compartió con el jefe de guerra es la existencia de un círculo interno compuesto por sus brujos Shadowmoon más leales, y que solo respondían ante Gul’dan. En realidad, la presencia de Blackhand en el Consejo de la Sombra era una mera estratagema de Gul’dan para hacerle creer que comandaba todos los aspectos de la Horda.

A pesar de todo, la relación entre Gul’dan y Blackhand no tardó en teñirse de desconfianza, principalmente porque ambos veían al otro como un medio para un fin. El brujo quería convertir a Blackhand en un títere, un pelele que le permitiera controlar la Horda a través del Consejo de la Sombra. Por su parte, Blackhand no era un mentecato. Las ansias de poder de Gul’dan eran evidentes, pero el cabecilla confiaba en no dejarse manipular por el brujo. Al contrario: pretendía usar a Gul’dan para asegurarse un lugar en la historia de los orcos.

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