Crímenes de Guerra – Capítulo Veintisiete

Crímenes de GuerraDe “pequeña” no tuvo nada.

Fue una conversación larga e incómoda. Al final, Anduin se dio cuenta de que no se trataba realmente de una charla, sino de una verdadera pelea a voz en grito.

Su padre estaba furioso, lo cual era perfectamente comprensible. Tanto Anduin como Jaina sabían que Varian se enojaría, por eso nunca habían mencionado que el príncipe había participado en las charlas que Jaina había mantenido con Baine, por eso ni siquiera le habían mencionado que habían tenido lugar.

—¿Cómo pudiste ayudar a Baine, Jaina? ¿Cómo pudiste darle dinero? — preguntó Varian, quien explotó en cuanto llegaron al Alto Violeta. Varian había levantado un enorme toldo cerca de su tienda y era ahí donde solía atender sus asuntos. En ese lugar, había varias sillas, entre las que se encontraba la del rey de Stormwind, que no era más grande que las demás; no obstante, nadie se había sentado. Mientras tanto, la lluvia tamborileaba sobre esa tela rítmicamente.

—Lo financié con mi dinero, no con el de Theramore, ni tampoco con el de la Alianza. Además, si Magatha Grimtotem hubiera acabado siendo la líder de los tauren, eso no hubiera sido bueno para nadie, ¡ni siquiera para la Alianza! —replicó Jaina.

—¡No tuve la oportunidad de decirte qué pensaba al respecto, ponqué nunca me lo consultaste!

—Él no acudió a ti, sino a mí. Además, Theramore está… —Jaina palideció y, acto seguido, tragó saliva con dificultad—¡estaba acostumbrada a ocuparse de sus propios asuntos! De todos modos, tampoco habrías querido escuchar, como tampoco quieres hacerlo ahora.

Varian se frotó los ojos.

—Hoy he escuchado muchas cosas en el juicio —aseveró—. He escuchado cómo un tauren Caminamillas me informaba de que mantuvieron unas charlas, cuyo contenido político era muy delicado, con una raza que era enemiga de la Alianza.

—En esos momentos, no estábamos enfrentados con los tauren o la Horda — contestó Jaina.

—¡Siempre estamos enfrentados con ellos! —exclamó Varian—. Alguien, en algún lugar, seguro que está haciendo algo para que haya problemas entre ambas facciones. Eres demasiado lista como para no ser consciente de eso. Por eso las cosas de esta índole son tan importantes… porque aquí todo importa. Este asunto era muy importante, y no debería haberme enterado de ello de esta manera.

—Sabes tan bien como yo que no le habrías hecho caso a Baine, daba igual lo que dijera, daba igual cuáles fueran sus razones, porque era de la Horda. ¡Gracias a que hice lo que hice pude salvar, al menos, la vida de los niños de Theramore!

—Y ahora tú estás haciendo lo mismo de lo que me acusas —le espetó Varian—. Eres tú la que no escucha nada de lo que la Horda tiene que decir. —Antes de que Jaina pudiera protestar, alzó ambas manos para indicarle que sería mejor que se callara—. Pongamos las cosas en perspectiva —dijo, obligándose a hablar con calma—. Vamos a eliminar a Baine y a ti de la ecuación. ¡Lo que realmente quiero saber es por qué, en nombre de la Luz, creíste que sería una buena idea meter a mi hijo en todo este lío!

—Es que… fue pura casualidad —respondió Anduin, quien de este modo entró en la discusión con intención de templar los ánimos—. Escapé de Ironforge gracias a la piedra de hogar de Jaina y aparecí en medio de esa conversación de repente. No estés enfadado con ella, padre, no tuvo más remedio que hacer lo que hizo.

—Me estoy planteando muy seriamente meterlos a ambos en prisión una buena temporada —le espetó Varian.

—No voy a admitir que te dirijas a mí de esta manera. Soy una líder por derecho propio, no tu lugarteniente, ni tampoco tu hija —protestó Jaina, con una voz gélida como el hielo. Al instante, bramó un trueno a modo de respuesta, y ella tembló de ira.

—Eres una miembro de la Alianza —replicó Varian, a la vez que se acercaba aún más a la archimaga.

—¿Sabes? —dijo Jaina, mordiéndose la lengua—. Cuanto más pienso sobre ello, más creo que los antiguos líderes del Kirin Tor tenían razón… que es mejor mantener una cierta independencia. No me presiones, Varían Wrynn, porque responderé como es debido si hace falta.

—Jaina… —acertó a decir Anduin, pero Jaina hizo un gesto de negación con la cabeza.

—Perdóname, pero creo que hoy ya he aguantado bastante a los Wrynn por un buen rato. Nos veremos en la cena. —Movió las manos de manera ágil, gracias a la práctica ganada a lo largo de muchos años, e inició un hechizo de teletransportación que la llevaría hacia algún destino que se reservaba para sí. Sus facciones adquirieron un aspecto desagradable y duro bajo ese fulgor azul violeta. A continuación, desapareció.

Padre e hijo permanecieron callados un momento, mientras la lluvia continuaba repiqueteando sobre sus cabezas.

—Bueno —dijo Anduin cuando tanto silencio se tomó incómodo—, ¿vas a enviarme a prisión sin cenar?

—No debería haberte metido en ese lío —replicó Varian, quien no sonrió ante esa broma.

—No lo habría hecho si yo no hubiera aparecido de repente en esa salita —la justificó Anduin, quien se sentó y recorrió distraídamente con un dedo el brazo de la silla—. Baine es una buena persona, padre.

Varian tomó asiento y, por un momento, se llevó las manos a la cara.

—Magni… era tu amigo, Anduin. Fearbreaker era un regalo muy valioso que él te dio. ¿Por qué se la diste a un tauren? ¿Para qué te la devolviera… clavándotela en la cara?

Ese era el verdadero dolor que se ocultaba tras esa ira.

—Porque creí que era lo correcto. A la Luz le gustaba Baine. Y me la devolvió porque es alguien muy honorable. Había escogido bando, y lo último que quería hacer era tener que utilizar a Fearbreaker contra Jaina en batalla.

Varian cerró los ojos por un momento.

—No me lo había planteado de esa manera. Aun así, sigo muy enojado con Jaina, hijo mío.

—Sí, y ella sabe por qué. Aunque ahora está sufriendo mucho. Creo que… el hecho de haber tenido que ver hoy su antiguo hogar ha sido un trago muy amargo para ella.

—Claro que lo ha sido. Este juicio… —Negó con la cabeza—. Me alegraré de que acabe, ya que cualquiera que sea el veredicto, Garrosh seguirá sin ostentar ningún poder. Creo que ya no importa si muere o languidece en prisión, ya que se le ha detenido, y eso era lo importante.

—¿Majestad? —Se trataba de uno de los guardias de Varian, que lo llamaba desde el exterior de la tienda—. Le traigo una misiva.

—Pasa —gritó Varian.

El guardia entró y lo saludó rápidamente, mientras lo mojaba todo pues estaba empapado. Acto seguido, le entregó al rey un pergamino enrollado que, de algún modo, había logrado permanecer seco. Estaba sellado con cera y mostraba unos caracteres pandaren que indicaban que era un documento oficial del tribunal. Varian rompió el sello de cera con un dedo y procedió a leer el mensaje. Por un momento, pareció tremendamente furioso, pero al instante, se echó a reír.

—¿Qué ocurre?

Varian le arrojó el pergamino a Anduin, a modo de respuesta.

Estimado Varian Wrynn, Rey de Stormwind:

SE LE CITA a comparecer en el Templo del Tigre Blanco para ser testigo de la defensa en el juicio de Garrosh Hellscream.

Estaba firmado con la huella de una pezuña tauren.

* * *

Después de la cena, Anduin se dirigió a la playa. Había dejado de llover, al menos por el momento, y no quería estar cerca ni de su padre ni de Jaina. Se sentó sobre un peñasco y contempló el océano, así como los barcos que se mecían en el puerto y la luz violeta de la torre.

De improviso, oyó el batir de unas alas. Se puso en pie de un salto, sumamente alerta, con Fearbreaker en la mano, pero se relajó al comprobar que se trataba de una silueta del tamaño de un perro grande que flotaba unos cuantos metros por encima de su cabeza.

Esa criatura sostenía un morral de cuero en una de sus zarpas delanteras.

—¿Te apetece compañía? —preguntó Wrathion.

—Ya sabes que tanto Jaina como mi padre no quieren que hable contigo nunca más —contestó Anduin—, así que baja y hazme compañía, por favor.

Wrathion estalló en carcajadas y se posó con suma facilidad sobre otra roca situada cerca del príncipe. En un visto y no visto, adoptó forma humana, aunque siguió sonriendo de oreja a oreja.

—No veo ni a Izquierda ni Derecha —comentó Anduin, refiriéndose a los guardias casi omnipresentes de Wrathion.

—Les he dado la noche libre. He venido a ver si estabas bien después de los maravillosos momentos que hemos vivido gracias a los testimonios de hoy —afirmó—. Mira, solo quiero cerciorarme de que sepas que estoy dispuesto a sacarte de prisión si tu padre decide encerrarte.

—Es todo un detalle por tu parte —reconoció Anduin—. Por el momento, eso no va a suceder, al menos hasta después del juicio.

Creo que a padre le gustaría encerrarme y tirar la llave hasta que cumpliera treinta y siete años.

—Tengo entendido que ese es un sentimiento que, a veces, comparten la mayoría de los padres humanos —replicó Wrathion—. Supongo que hoy no habrás ido a ver a Garrosh.

—¿Cómo te has…? Oh, da igual. —Aunque no era algo que hubiera intentado ocultar, precisamente, no había comentado que se estaban celebrando esas reuniones a cualquiera, y estaba seguro de que nadie más lo había hecho. Sin embargo, Wrathion siempre parecía hallar la manera de averiguar todo cuanto quería—. No… no estoy seguro de que vaya a volver a verlo.

—¡No me digas que te has rendido y ya no vas a intentar arrastrar a ese tipo hasta la Luz! —Wrathion se llevó una mano al corazón y retrocedió de un modo melodramático—. No obstante, he de confesar que debería sentirme muy triste al enterarme de eso, ya que hace mucho tiempo que mantengo que tu ingenuidad será tu perdición.

Anduin se frotó el mentón y suspiró.

—No lo sé. Es que estoy muy harto, o eso creo. Estoy cansado de todo esto. De estar atrapado aquí, sobre todo ahora.

—Cuando sea un poco más mayor —anunció Wrathion—, si me lo pides educadamente, te llevaré, montado sobre mi espalda, a sitios fascinantes, donde viviremos aventuras que harán que tu padre envejezca diez años en una sola noche.

—No tienes ni idea de lo maravilloso que suena eso —replicó Anduin de mal humor.

—Mientras tanto —añadió el dragón negro—, buscaré leña para encender un fuego, para mantener el frío a raya y tener una fuente de luz para… —entonces, con un ademán ostentoso sacó algo del morral—jugar al jihui.

Anduin se animó al instante. Un juego cuya meta consistía en que ambos contendientes hallaran el equilibrio parecía ser la manera ideal de pasar esa noche en particular.

—Cuenta conmigo —dijo el príncipe.

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