Crímenes de Guerra – Capítulo Dieciséis

Crímenes de GuerraBaine se devanaba los sesos de manera frenética, pues intentaba desesperadamente dar con algo con lo que pudiera tener la más mínima oportunidad de reparar el daño que Tyrande acababa de infligir a su defendido.

Vol’jin era amigo de Baine. Siempre había respetado a ese troll y, desde la muerte de Cairne, había entablado una amistad aún más profunda con él. No deseaba interrogar a Vol’jin, ni cuestionar su interpretación de los acontecimientos, ni intentar desacreditarlo ante el jurado. No obstante, había sido el propio troll quien lo había animado a defender a Garrosh en un principio.

—Jefe de Guerra Vol’jin… eres un troll honorable, tanto la Horda como la Alianza son perfectamente conscientes de ello. Nadie pretende negar que intentaron atentar contra tu vida, ni que los trolls se vieron obligados a exiliarse a las zonas menos respetables de Orgrimmar.

Vol’jin aguardó expectante a que el tauren prosiguiera.

—Ahora que has asumido el manto de Jefe de Guerra —señaló Baine—, te has visto obligado a tomar algunas decisiones extremadamente difíciles. ¿Puedo preguntarte qué política sigues con respecto a los traidores?

—¡Con todo respeto, protesto! —Tyrande se levantó como un rayo—. ¡Tal y como has señalado con anterioridad, Fa’shua, la capacidad del testigo para liderar a la Horda no es objeto de debate en este proceso!

—Fa’shua —replicó Baine—, no estoy cuestionando su capacidad, sino simplemente le interrogo sobre cuál es la política que aplica en esos casos.

Taran Zhu ladeó la cabeza.

—Confío en que la pregunta sea relevante respecto a este caso, Chu’shao.

—Lo es.

—Más te vale. Estoy de acuerdo con la defensa. Procede.

—No he tenido la oportunidad de tener que tratar con alguien que me haya traicionado —contestó Vol’jin, quien acto seguido añadió—. Aún no.

La sutil expresión de simpatía que había dominado su rostro había dado paso a cierto recelo.

—Espero que nunca tengas que hacerlo —dijo Baine—. Pero tú mismo has deseado ejecutar a Garrosh por lo que le hizo a Garrosh.

—Así es.

—Así que estarías dispuesto a ejecutar a cualquiera que, según tu opinión como Jefe de Guerra, hubiera traicionado a la Horda, ¿verdad?

La tensión se palpaba en el ambiente en esa sala y, por primera vez desde el inicio del juicio, el peso de esta no recaía sobre Garrosh.

A Baine se le erizaron los pelos del cogote, pero sabía que ya no podía echarse atrás.

—Sí, siempre que…

—Limítate a responder la pregunta, Jefe de Guerra, por favor.

Vol’jin lo miró inquisitivamente y, a continuación, respondió a regañadientes:

—Sí.

Baine se giró y se sintió aliviado por no tener que mirar ya más a Vol’jin. En ese instante, asintió en dirección a Kairoz, el cual había permanecido sentado y muy callado, con una expresión cada vez más seria, pues sin duda alguna ansiaba poder utilizar sus habilidades, por lo cual prácticamente se levantó de un salto para manipular la Visión del Tiempo.

Baine resopló con fuerza y tuvo que hacer un gran esfuerzo para reprimir las terribles ganas de pisotear el suelo sin parar que lo habían invadido al contemplar la escena que ahora se manifestaba. Ahí se hallaban Garrosh y Vol’jin conversando; era la misma escena que Tyrande les había mostrado, pero la elfa de la noche que ejercía la acusación la había hecho concluir de un modo prematuro. Baine quería que el jurado la viera hasta el final. Presa de la ansiedad, movió la cola mientras observaba.

—No eres mi Jefe de Guerra —dijo la imagen de Vol’jin con un tono de voz sereno—. No te has ganado mi respeto y no voy a permitir que destruyas la Horda por culpa de tu necia sed de guerra.

—Páralo ahí —ordenó Baine, quien se giró para mirar hacia los Augustos Celestiales, a quienes contempló con suma intensidad—. Esto es muy importante, así que voy a recalcarlo. Lo que acaban de ver ahora mismo, con esta prueba que todos sabemos incontestable, es lo siguiente: un súbdito de la Horda acaba de decir al orco que fue designado como sucesor por el legítimo Jefe de Guerra, y cito textualmente: “No eres mi Jefe de Guerra”.

Con un gran sentido del dramatismo y la oportunidad, Kairoz detuvo la escena un momento, para que pudieran asimilar la importancia de lo que acababa de decir Baine, y acto seguido hizo que la escena se reanudara.

—¿Y qué piensas hacer exactamente al respecto? Tus amenazas me resultan vacías. Vete con el resto de tu raza a esos suburbios de mala muerte. Un ser tan asqueroso como tú no mancillará más con su presencia esta sala del trono.

—Sé perfectamente qué voy a hacer, hijo de Hellscream. Esperaré a que la gente se vaya dando cuenta poco a poco de lo inepto que eres. Me reiré al ver cómo cada vez te desprecian más y más, tanto como te desprecio yo. Y cuando llegue el momento adecuado, cuando hayas fracasado de un modo total y tu “poder” carezca ya de contenido y sentido, estaré ahí dispuesto a acabar con tu reinado rápida y silenciosamente.

La escena se detuvo y la gente se agitó en sus asientos.

—Vol’jin ha llamado “inepto” a un Jefe de Guerra elegido de un modo legítimo. Ha afirmado que “desprecia” a Garrosh. Y lo ha amenazado con “acabar con su reinado”. Esas palabras solo se pueden considerar de una manera: como un acto de traición. ¿Y qué destino aguarda a los traidores a la Horda, según Vol’jin, su actual líder?

—¡Con todo respeto, protesto! —Por primera vez desde el comienzo del juicio, Tyrande parecía realmente fuera de sí. El tauren había logrado perturbar a la siempre serena elfa de la noche—. ¡La defensa está hostigando al testigo!

—Pero si ni siquiera se está dirigiendo al testigo —la corrigió Taran Zhu.

—¡Lo que Vol’jin hizo o dejara de hacer, lo que dijo o dejara de decir, no es relevante! —exclamó Tyrande.

—Con todo respeto, Fa’shua, creo que sí lo es —replicó Baine—. Creo que Garrosh se sentía amenazado por Vol’jin, al que consideraba un traidor. Creo que es perfectamente posible que Garrosh intuyera que su propia vida corría peligro.

—Hasta ahora, solo he escuchado cómo expresaba su descontento y su enfado, quizá de un modo irrespetuoso, Chu’shao—señaló Taran Zhu—. Así como una amenaza, si se puede calificar así, en la que se señala que Garrosh podría dejar de liderar a la Horda. No obstante, Go’el renunció a su cargo de un modo pacífico y designó como sucesor a Garrosh. Si bien Vol’jin se muestra claramente descontento e irrespetuoso, no veo que realice ninguna amenaza directa a la integridad física del acusado.

Ya podía parar, pues había dejado bien claro su argumento; Garrosh podría haber estado actuando legítimamente cuando había ordenado asesinar a Vol’jin, pues tenía derecho a matarlo si percibía que el troll intentaba derrocarlo. Sin embargo, Baine sabía que eso no sería suficiente. Los Augustos Celestiales habían visto cómo Garrosh ordenaba actuar violentamente contra Vol’jin. Tenía que obligarlos a ver la otra cara de la moneda.

A pesar de que odiaba tener que hacer esto, como estaba tremendamente decidido a cumplir su cometido, Baine dijo:

—Pido permiso para poder mostrar el final de esta conversación. Creo que es extremadamente relevante para este caso.

Taran Zhu los miró a todos y, al instante, asintió.

—Procedan.

Como Baine era incapaz de mirar ni al verdadero Vol’jin ni a su imagen, mantuvo los ojos clavados en los Celestiales mientras la Visión del nuevo líder de la Horda hablaba.

—Te pasarás tu reinado mirando siempre lo que hay a tu espalda y temiendo a las sombras.

Baine cerró los ojos brevemente, y el troll prosiguió:

—Porque cuando llegue el momento y tu sangre mane lentamente, sabrás exactamente quién disparó la flecha que atravesó tu negro corazón.

—Has sellado tu destino, troll —le espetó el Garrosh del pasado, quien escupió a los pies de solo dos dedos de Vol’jin.

—Y tú el tuyo, “Jefe de Guerra”.

La imagen se desvaneció.

Silencio. Baine seguía sin ser capaz de mirar a Vol’jin a la cara, así que centró su atención en Taran Zhu.

—No tengo más preguntas para este testigo, Fa’shua.

El pandaren asintió y contempló a Baine con una mirada en la que al tauren le dio la sensación de que había un leve destello de compasión.

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1 comentario

  1. los reyes

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