Crímenes de Guerra – Capítulo Once

Crímenes de GuerraCuando Shokia apareció en Sentencia, la mayoría habría dado por supuesto que se hallaba tan descorazonada por la caída en desgracia de Garrosh Hellscream que había querido regresar a sus raíces orcos. Había querido venir aquí —donde Orgrim Doomhammer, otro gran Jefe de Guerra, había sido asesinado—, para desvanecerse en el anonimato y contentarse con masacrar a trolls enemigos y aventureros de la Alianza haciendo uso de sus asombrosas habilidades como francotiradora. Sin embargo, quienes asumieran eso se equivocarían de cabo a rabo. Aunque a Shokia le satisfacía mantener esas apariencias, no se había retirado para lamerse las heridas y llorar su fracaso. Era una agente al servicio de alguien que quería lo mismo que ella: que la Horda recuperara su gloria. Shokia permanecía inactiva a la espera de instrucciones.

Sentencia se había convertido en el refugio extraoficial de los descontentos que tenían la sensación de que ya no encajaban en el mundo actual, por lo cual nadie cuestionó las razones que la habían llevado hasta ahí. De momento, se había contentado con ver a través de su mira cómo estallaban las cabezas de sus enemigos como unas calabazas arrojadas al suelo.

Sin embargo, desde que había comenzado el juicio a Garrosh Hellscream en Pandaria, la ansiedad la había ido dominando. ¿Cuándo iba a llamarla su aliado para que acudiera al campo de batalla? ¿Cuáles iban a ser sus instrucciones? ¿Quién más compartía la forma de pensar de ambos?

Espera a que te envíe mis órdenes, le había dicho con esa voz tan sedosa. Te prometo que lo haré, pero solo cuando llegue el momento adecuado.

En consecuencia, cuando Adegwa, la posadera tauren, le hizo saber que le había llegado una carta, apenas logró contener su alborozo.

Sin duda alguna, tus dedos se impacientan y anhelan disparar a nuestros enemigos. Pero primero, debes reclutar más aliados. Te envió una lista de aquellos que

podrían resultarnos de gran ayuda. Búscalos y, en cuanto los hayas reunido, te enviaré más instrucciones.

Hoy te encontrarás con el primero en el Cañón Mostacho Seco.

Shokia había recogido su valioso rifle, junto al resto de sus pertenencias, se había montado a lomos de su lobo y, en menos de cinco minutos, se había plantado en el cañón. Se colocó en un lugar elevado desde donde podía ver el camino, el cual observó desde la mira de su rifle, pero no tuvo que esperar demasiado.

Un lobo negro, de pelaje liso y brillante, irrumpió en su campo de visión. Su jinete estaba agachado sobre la espalda de esa bestia. Una capa le ocultaba el rostro, pero ondeaba lo suficiente al viento como para revelarle a Shokia que su nueva camarada de armas era una orco. Lentamente, una amplia sonrisa fue dibujándose en el semblante de Shokia. Se preguntó si… pero no, pronto lo descubriría.

La jinete aminoró la marcha y el lobo inició el ascenso por ese camino. Entonces, sin revelar su posición, pues se escondía tras un peñasco, Shokia gritó:

—¡Saludos, jinete de lobos! ¿Eres amiga del dragón?

La orco se paró y se echó hacia atrás la capucha, dejando a la vista una cara de duras facciones.

—Casi nunca sería amiga de un dragón —replicó a voz en grito Zaela, la señora de la guerra del clan Dragonmaw—. Pero en las actuales circunstancias… sí, lo soy.

—¡Zaela! ¡Había oído que habías caído en batalla!

—En efecto, caí, pero logré sobrevivir para seguir luchando por nuestro verdadero líder. He venido sola, tal y como se me indicó, pero lo que queda de mi clan está preparado para batallar.

—Entonces —dijo Shokia, alzando el pergamino—, ¡vayamos a reclutar más aliados!

Día Dos

—Llamo a Su Alteza Real Anduin Wrynn, príncipe de Stormwind, para que declare como testigo.

Anduin temía que llegara este momento. Siempre había lamentado que su nombre en clave del SI:7 fuera “el Peón Blanco”, y no deseaba acabar involucrado en este caso de ninguna manera, pues temía que ambos bandos lo usaran como un peón más en sus diversas estrategias. Su padre sabía que lo iban a llamar a testificar, por supuesto, pero Jaina no, por lo que pareció sorprenderse y preocuparse un poco cuando vio que Varian daba un leve apretón a su hijo en el brazo. Después, Anduin descendió del estrado para dirigirse a la silla de los testigos.

Estaba acostumbrado a participar en eventos regios y había dado discursos ante muchedumbres mucho más grandes que esta. Pero esto era distinto. En esas situaciones, siempre había sido un invitado o un anfitrión respetado y sabía qué debía hacer, cómo debía comportarse. Esto, sin embargo, era algo totalmente nuevo para él, así como un tanto perturbador. Mientras tomaba asiento, su mirada se cruzó con la de Wrathion y casi pudo escuchar al Príncipe Negro decir: “¡Qué interesante!”; ese pensamiento tan divertido lo calmó un poco.

Al aproximarse hacia él, Tyrande le brindó una amable sonrisa.

—Príncipe Anduin —dijo—, gracias por estar hoy aquí. —El joven creyó que no era conveniente recordarle que no le había quedado más remedio que hacerlo y se limitó a asentir—. Alteza, se te conoce a lo largo y ancho de Azeroth como un defensor de la paz. ¿Es eso cierto?

—Sí —respondió Anduin, a quien le hubiera gustado explayarse mucho más, pero en ese mismo instante, recordó lo que su padre le había aconsejado: “Cíñete a las preguntas. No te salgas del guion. Tyrande sabe perfectamente lo que hace”.

—Así que sería justo decir que no odias a la Horda ni a las razas que la componen, ¿verdad?

—Sí, lo sería.

—Has colaborado con ellos en alguna ocasión y has pedido que se fuera compasivo con ellos incluso en tiempos de guerra, ¿no?

—Sí, así es.

—Aquí lodo el mundo sabe quién es Garrosh Hellscream y conoce su reputación, por supuesto. Pero tú has tenido varios encuentros en persona con él, ¿no es así?

Allá vamos, pensó el príncipe, sin mirar a Garrosh en ningún momento.

—Sí, así es.

—¿En cuántas ocasiones?

—Dos.

—¿Puedes contarle al tribunal sobre qué sucedió en ambas ocasiones?

Anduin se preguntó por qué no se limitaba a mostrarles los dos encuentros, dado que contaba con esa herramienta tan particular llamada la Visión del Tiempo. Tal vez estaba reservando los minutos de visión que le correspondían para algo más animado que ver cómo cierta gente hablaba sentada.

—Una vez nos vimos en Theramore, en una conferencia de paz. Mi padre, lady Jaina Proudmoore y yo estuvimos ahí presentes, y Thrall vino acompañado por Garrosh, Rehgar Earthfury y algunos de los Kor’kron.

Como habían pasado tantas cosas desde entonces, hacía mucho tiempo que no pensaba en esa reunión de tan infausto recuerdo. Sin darse cuenta, Anduin acabó mirando al orco encadenado, quien le devolvió la mirada de tal modo que el príncipe se sintió como un insecto clavado en una tabla, lo cual era muy extraño, pues el prisionero era Garrosh y no él; aun así, era Anduin el que estaba a punto de retorcerse inquieto en su asiento.

—¿Cómo transcurrió esa conferencia?

—El comienzo fue un poco movido —admitió Anduin—. Pero a medida que avanzaron las negociaciones, fuimos encontrando puntos en común. Incluso Garrosh…

—¿Puedes explicarnos un poco más qué quieres decir con un “comienzo un poco movido”?

—Bueno, para empezar, llovía a mares, así que nadie estaba precisamente de muy buen humor. Además, todo el mundo había venido armado… para entregar luego las armas de un modo formal.

—¿Quién fue el primero en desarmarse?

—Hum… yo. Dejé mi arco. Esa fue la primera vez, que hablé con Thr… o sea, con Go’el.

—¿El rey Varian y el Jefe de Guerra siguieron tu ejemplo?

—Sí. En cuanto se sentaron a hablar, descubrieron que tenían mucho más en común de lo que pensaban.

—¿En qué medida contribuyó Garrosh a estas charlas de paz?

—Bueno… no parecía entender que ser líder requiere a veces reflexionar sobre ciertas cosas que no son muy emocionantes. Interrumpía tanto a Go’el como a mi padre cuando hablaban de cuestiones comerciales. No paraba de insistir en que la Horda… debía hacerse por la fuerza con todo cuanto quisiera.

Tyrande lanzó a Garrosh una mirada incisiva.

—Entiendo. Por favor, continúa.

—Bueno… Go’el y mi padre estaban acercando posturas cuando llegó la noticia de que el Rey Lich había lanzado otro ataque. Ambos estuvieron de acuerdo en que había que resolver ese problema de inmediato, pero tenían intención de reanudar la conferencia. Entonces, nos atacaron agentes de la secta del Martillo Crepuscular. A partir de ahí, todo fue de mal en peor. Aunque claro, eso era justo lo que pretendía esa secta. Dividieron su ataque por razas; los miembros de la Horda de esa secta atacaron a las razas de la Alianza que participaban en esa cumbre y viceversa. Garrosh denunció a gritos que los humanos los habían traicionado, y padre creyó erróneamente que Go’el había contratado a un asesino y…

—El resto viene recogido en los pertinentes documentos históricos, gracias, príncipe Anduin.

La ella caminaba de un lado a otro de espaldas a él, con la cara vuelta hacia la multitud, a la que contemplaba con impaciencia, y eso era algo que hacía deliberadamente. Anduin también alzó la vista hacía los espectadores y pensó otra vez en ese comentario que había hecho su padre sobre las losas de los gladiadores. Se dio cuenta de que esa gente estaba sedienta de sangre y ese pensamiento le entristeció y le provocó un escalofrío al mismo tiempo. Dirigió su mirada a Garrosh y comprobó que había un cierto hastío en la postura que había adoptado, lo cual hizo preguntarse a Anduin si Garrosh estaba pensando lo mismo que él.

Era como si ya no quisiera luchar más.

—Me gustaría que pasáramos a hablar de tu segundo… encuentro… con Garrosh Hellscream.

Sabía que esto era inevitable, por supuesto, pero le sorprendió su propia reacción. Era como si no hubiera pasado el tiempo… como si eso hubiera sucedido hacía solo un instante, como si la gran campana acabara de caer… Se aclaró la garganta y se sintió muy incómodo al comprobar que le temblaba levemente la voz al hablar.

—Fue hace unos meses, antes de…

Tyrande se giró, sonriendo con delicadeza, pero con una mano en alto que le indicó que no debía explayarse más.

—Si el tribunal me da su permiso —dijo la sacerdotisa—, no hace falta que nos lo cuentes, príncipe Anduin, puesto que me gustaría mostrarlo.

Así que para esto quería reservar la Visión…, pensó Anduin.

—¿Crees que es una buena decisión? —le espetó el príncipe. El recuerdo del horrendo ruido de la Campana Divina seguía muy fresco en su memoria, así como las consecuencias que había tenido en todos aquellos que albergaban algunas tinieblas en su corazón. El mero hecho de pensar que iba a revivir ese momento lo espantó.

—¿Y si…?

Tyrande alzó una mano.

—No temas, alteza. Comprendo tu preocupación. He hablado con Chromie largo y tendido sobre este evento, y tanto ella como yo ya lo hemos visto. Si bien estas escenas que podemos ver gracias a la Visión del Tiempo son extraordinarias, ver y escuchar la campana sonar de esta manera no tiene el mismo efecto que hallarse realmente en su presencia.

—Bendita sea la Luz —murmuró Anduin a la vez que se relajaba y suspiraba aliviado. De repente, le dolieron los huesos con suma intensidad. Ni él ni su cuerpo, al parecer, iban a disfrutar de ver repetidos esos acontecimientos que tuvieron lugar por culpa de la Campana Divina. Tenía las palmas de las manos empapadas de sudor y respiró hondo para intentar serenarse, al mismo tiempo que susurraba una oración. Una delicada oleada de energía curativa lo recorrió por entero y el dolor menguó un tanto.

—Ahora que ya estás más tranquilo, ¿podrías darnos algunos detalles sobre lo que vamos a ver, príncipe Anduin?

Se relamió los labios y elevó la vista hacia los Celestiales, quienes no reaccionaron de ninguna manera, aunque el mero hecho de mirarlos parecía tener un efecto calmante en Anduin. Entonces habló, manteniendo los ojos clavados en ellos en todo momento para evitar mirar a Hellscream:

—Los mogu crearon un artilugio que Lei Shen, el tirano conocido como el Rey del Trueno, llamó la Campana Divina, cuyos orígenes eran muy violentos y crueles, acordes con el caos y el horror que desataba cuando era tañida. Sus tonos avivaron las llamas de la ira y el odio de los guerreros de Lei Shen, proporcionándoles una fuerza y un poder sobrenaturales, a la vez que infundían un hondo temor en el corazón de sus enemigos. En cuanto la Alianza supo de su existencia, los elfos de la noche la ocultaron en Darnassus. La idea era mantenerla alejada de las manos de cualquiera que pudiera darle un uso indebido… ya fuera miembro de la Horda o la Alianza. La misma lady Jaina lo protegió con unos hechizos para garantizar su seguridad.

—Por lo visto, se trata de un arma muy poderosa.

Tyrande sabía perfectamente que lo era, claro está.

—Era un arma de doble filo —continuó explicando Anduin—. Quitaba tanto como daba… o quizá más.

—¿Que le sucedió a la campana?

—Un agente Sunreavers, que actuaba siguiendo órdenes de Garrosh, fue capaz de sortear los conjuros con los que lady Jaina había protegido la campana. El la robó con la ayuda de otros miembros de la Horda.

—Por lo que nos estás contando, da la impresión de que con esa campana Garrosh Hellscream podría haber sido imparable.

Sin ser siquiera consciente de ello, Anduin dirigió sus ojos hacia Garrosh. Se le puso piel de gallina al ver la expresión del orco, pero esa reacción no se debió al miedo. Garrosh había asumido una quietud que no era natural en él, pues Anduin siempre lo recordaba gesticulando y vociferando. El príncipe cogió el vaso de agua que había sobre la mesita situada junto a su silla antes de continuar.

—Los pandaren habían inventado un medio para contrarrestar el tañido de esa campana. Habían creado la Marra Armónica, que transformaba el caos engendrado por la campana en pura armonía.

La marra se encontraba hecha añicos y sus pedazos esparcidos y diseminados, pero con alguna ayuda, logre localizar los diversos fragmentos y un ungüento que permitía activar la marra. En cuanto estuvo restaurada, partí para enfrentarme a Garrosh, pues quería detenerlo antes de que tañera la campana.

—¿Fuiste solo?

—No había tiempo que perder.

Tyrande hizo un gesto de asentimiento dirigido a Chromie y, entonces, dio comienzo lo que tanto había temido Anduin.

Aunque esta vez, el príncipe tuvo la oportunidad de escuchar lo que Garrosh había dicho antes de que el príncipe humano apareciera.

Garrosh apareció en esa Visión con un aspecto muy imponente, tal y como Anduin lo recordaba y no como ese orco tan inmóvil como una estatua de piedra que estaba sentado en esa sala observándolo todo con un semblante impertérrito. Se encontraba acompañado únicamente por su general Ishi en una plataforma situada en el exterior de las Cámaras Mogu’shan mientras contemplaba la campana. Era enorme, mucho más grande que ese poderoso orco. La cara de una grotesca criatura estaba grabada en ella y en su parte inferior había una serie de púas. Garrosh sonrió de oreja a oreja y rugió triunfal a la vez que alzaba los brazos. Llamó a gritos a los suyos, que todavía se hallaban en las cámaras, y les dijo:

—Somos la Horda. ¡No somos esclavos de nada ni de nadie! Gracias a la Campana Divina, acabaré con los pocos restos de debilidad que aún queden en nosotros.

Anduin se percató de que Garrosh estaba temblando; era un temblor provocado por una pasión y una emoción irrefrenables que exteriorizaba mientras pronunciaba con desdén los nombres de las emociones que tanto despreciaba.

—Miedo… desesperación… odio… duda. Las razas inferiores se dejan aplastar por el peso de estas pesadas cargas. Pero nosotros controlaremos el poder de estas emociones. Juntos, destruiremos a la Alianza y reclamaremos lo que nos pertenece legítimamente. Que comience a sonar la canción de nuestra victoria.

A pesar de que Tyrande le había asegurado que no tenía nada que temer, Anduin apretó los puños con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas de las manos; además, tenía la frente perlada de sudor. Esa siniestra canción sonó, pero enseguida fue consciente de que la suma sacerdotisa tenía razón; escuchó el horrendo y discordante tañido de la campana solo en sus oídos, no en su corazón ni en sus huesos. Sintió una tremenda gratitud que lo dejó sin energías por un momento mientras observaba y escuchaba.

Anduin se vio a sí mismo corriendo hacia la campana. Se consideraba un humano de tamaño medio; su padre, por supuesto, era un varón especialmente grande, pero Anduin estaba acostumbrado a él, ya que lo conocía desde el día en que nació. Sin embargo, al verse junto no solo al entonces Jefe de Guerra de la Horda sino también al lado de esa campana descomunal, fue consciente de lo delgado que era… de lo frágil que parecía…

—¡Para, Garrosh! ¡No sabes de qué es capaz esa campana! —se oyó decir con su propia voz; una voz firme y segura.

Garrosh se giró bruscamente y vio a Anduin. Acto seguido, miró más allá del príncipe y sonrió al darse cuenta de que el humano era lo único que se interponía entre él y la victoria. Echó la cabeza hacia atrás y se rio.

—Así que, al final, no es Varian, sino su cachorro el que viene a enfrentarse a mí. Corres valientemente hacia tu muerte, joven.

Tyrande gritó:

—Páralo ahí.

Y la escena se congeló. Anduin parpadeó y volvió al presente.

—Eso fue un acto excepcionalmente valeroso, alteza —dijo la sacerdotisa.

—Esto… no tanto —admitió Anduin—. Estaba muerto de miedo. Pero tenía que detenerlo, daba igual el precio a pagar.

Si bien Tyrande pareció un tanto sorprendida, sonrió; era una sonrisa muy dulce y sincera.

—Ah —dijo con un tono muy delicado—, seguiste adelante para hacer lo que considerabas justo, a pesar del miedo que sentías… en efecto, a eso lo llamo yo valor.

Anduin notó que se sonrojaba, pero lo único que acertó a decir fue:

—Bueno, es la verdad. No podía permitir que siguiera haciendo lo que estaba haciendo.

En ese instante, Tyrande hizo una señal a Chromie para que se reanudara la

escena.

—No voy a permitir que hagas esto. Lo juro —vociferó la imagen de Anduin.

—Entonces, ven a detenerme, humano —replicó Garrosh de modo burlón, ya que sabía que era físicamente imposible que Anduin pudiera evitar que golpeara por segunda vez la campana. No podría detener ese brazo descomunal, como tampoco podría alcanzar ni al orco ni la campana con la suficiente rapidez. Garrosh se mofó de la amenaza del príncipe.

Una vez más, atronó ese espantoso ruido, de una belleza terrible, pero esta vez, la campana se cobró como víctima al general de Garrosh.

Ishi chilló y se retorció, ya que las tenebrosas entidades conocidas en Pandaria como los sha, las mismas esencias del odio, el miedo, la duda y la desesperación arremetieron contra él y se adentraron en él. Incluso ahora, el grito angustioso de ese orco hizo que a Anduin se le encogiera el corazón.

—¡Tanto dolor! —exclamó ese orco, el cual probablemente había soportado más dolor del imaginable—. ¡No puedo controlarlo!

Los dos Anduin —el de la sala del juicio y su imagen— contemplaron paralizados cómo Ishi se resistía. Atraídos sin duda por los gritos, los miembros de la Horda emergieron de las profundidades de esas cámaras. Ishi se abalanzó sobre su propia gente, que se vio obligada a luchar contra él para evitar ser masacrados.

—Para —ordenó Tyrande—. Príncipe Anduin… ¿por qué no atacaste antes o en este mismo momento?

—La marra solo podía usarse una vez. Un golpe de refilón no habría servido de nada. Tenía que esperar hasta tener la oportunidad de golpear con fuerza y certeramente. Y respecto a por qué no hice nada en ese instante… no sabía qué iba a ocurrirle a Ishi.

—¿Te preocupaba el destino de un general orco?

Anduin se quedó desconcertado.

—¿Acaso no debería?

Tyrande lo miró fijamente por un instante antes de recobrar la compostura.

—Sigue —le ordenó a Chromie.

Garrosh continuó animando a Ishi a “luchar”, a “dominar” y a “valerse” de los sha, mientras que el general experimentaba todas las emociones negativas concebibles, pues dudaba de la fuerza de la Horda, lamentaba el fallecimiento de los caídos y temía su propia muerte, la cual lo reclamó poco después. Ishi cayó de rodillas y en lo último en que pensó fue en sus obligaciones, por lo cual dijo entre jadeos:

—¡Jefe de Guerra! Te… te he fallado.

Garrosh se acercó al guerrero moribundo y le dijo con suma calma y brutalidad:

—Sí, Ishi. Lo has hecho.

De repente, la furia se adueñó de Anduin. Garrosh había lanzado a los sha contra Ishi y tanto su líder como el príncipe habían sido testigos de cómo el general luchaba por dominar a esas aberraciones, pero simplemente no había podido hacerlo. Había dado la vida para satisfacer los deseos de su Jefe de Guerra y, como pago a sus esfuerzos y su sufrimiento, había recibido esas palabras tan crueles por parte de Garrosh. Ahora, Anduin dirigió su mirada conscientemente hacia el prisionero y se ruborizó de la emoción. Apretó los dientes con fuerza al percatarse de que ese desgraciado de Garrosh estaba esbozando una sonrisilla de satisfacción.

Y le dolieron mucho los huesos.

—Tu injerencia me ha costado la vida de un gran guerrero, joven príncipe — estaba diciendo la imagen de Garrosh—. Y eso vas a pagarlo con tu propia vida.

—En eso te equivocas, Garrosh —replicó Anduin, a quien su propia voz le sonó tremendamente joven. Se vio a sí mismo abalanzándose sobre la campana. Recordó que había rezado mentalmente con todas sus fuerzas para implorarle a la Luz paz y serenidad, para poder acertar de lleno con ese único golpe. La imagen de Anduin golpeó la Campana Divina con esa marra que tanto le había costado reconstruir y, acto seguido, observó cómo una enorme grieta mancillaba esa hermosa superficie tan hermosa y peligrosa. Un conmocionado Garrosh Hellscream se tambaleó hacia atrás, pues apenas era capaz de mantener el equilibrio mientras esa onda sónica arremetía contra él y lo atravesaba por entero.

Entonces, Anduin se giró y la esperanza brilló con fuerza en su joven rostro. Abrió la boca para hablar…

Pero Garrosh se había recuperado y gruñó:

—¡Muere, mocoso!

Al instante, arremetió no contra Anduin, sino contra la campana, que ya nunca volvería a invocar a los sha con su llamada. La campana se fracturó y cayó sobre Anduin en forma de una lluvia de fragmentos de metal y agonía. La campana le hizo añicos los huesos, que ahora le dolían tan intensamente al recordar ese tormento que Anduin estuvo a punto de proferir un grito ahogado.

Lo siguiente que recordaba era que se había despertado y que lo estaban cuidando tanto unos monjes pandaren como su mentor, el sabio y generoso Velen, quien le había salvado la vida. Aunque lo que ahora le mostraba la Visión del Tiempo era nuevo para él, así que Anduin se obligó a centrarse en lo que estaba observando en vez de en esa agonía gélida como el hielo que le recorría todo el cuerpo.

Para su sorpresa, el Garrosh de la Visión parecía… consternado y para nada satisfecho tras haberle propinado un golpe letal al hijo de su mayor enemigo.

—Hay muchas cosas que ignoro sobre este artefacto —masculló—. Los faltos de voluntad no pueden controlar la energía de los sha, pero yo sí la dominaré.

Nadie se atrevió a rebatirle. Incluso su propia gente permaneció en silencio, mientras se preguntaban, sin lugar a dudas, qué sucedería a continuación. Garrosh intentó darse ánimos a sí mismo.

—Al menos, el príncipe humano ha muerto —dijo Garrosh. Y esas palabras escocieron mucho a Anduin—. Ahora, el rey Wrynn sabrá cuál es el precio a pagar por sus constantes desafíos. —Agitó una mano en el aire de un modo desdeñoso y su mirada volvió a perderse en la nada, a la vez que fruncía ese descomunal ceño—. Déjenme solo. Tengo mucho en qué pensar.

La escena se desvaneció. A pesar de que Anduin se alegró de que hubiera acabado, las palabras de Garrosh —así como su expresión— lo habían dejado confuso. Echó un vistazo al orco, que mostraba ahora el mismo aspecto que había tenido en esa escena; tenía el ceño fruncido y estaba sumido en sus pensamientos, pero no había nada que permitiera deducir en qué pensaba. Anduin clavó su mirada en esos ojos amarillos y solo la apartó al oír la voz de Tyrande.

—Chu’shao, puede interrogar al testigo —dijo la sacerdotisa, quien retrocedió y le hizo una reverencia al príncipe de Stormwind con unos ojos maravillosos teñidos de compasión. Anduin respondió con una levísima sonrisa y se armó de valor, ya que ahora le tocaba a Baine interrogarlo.

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3 comentarios

    • Nerve el 30 octubre, 2019 a las 1:22 pm
    • Responder

    Saludos Leoric, serias tan amable de decirme desde donde descargar este libro? esto es por si no actualizas a menudo el blog a partir de ahora, teniendo en cuenta lo que habias comentado de cambiar de trabajo, trate de descargarlo de traduciendoablizzard.com pero no pude.

    1. Nerve, no te preocupes que lo único seguro son las novelas, que las puedo subir sin Internet con .cu, lo que en estos días cercanos al Blizzcon no publicaré, ya que hay muchas noticias y no quiero que pasen a ser un contenido secundario.

        • Nerve el 30 octubre, 2019 a las 3:17 pm
        • Responder

        Vale hermano, verdad que en estos dias hay un aluvión de noticias referentes a la Blizzcon.

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