Devastación: Preludio al Cataclismo – Epílogo

Devastación: Preludio al CataclismoThrall inhaló el aire marino y dejó que le revolviera el pelo y la barba. Por encima de él, bajo el cielo rosáceo del alba, las gaviotas daban vueltas en el aire y chillaban. Si bien la pequeña ciudad de Trinquete se encontraba muy tranquila a esas horas tan tempranas, algunas personas se habían levantado ya y habían acudido al puerto para verlo partir. Thrall cerró los ojos y exhaló mientras una leve sonrisa se dibujaba en su rostro.

— Me encanta verte sonreír —dijo Aggra, que estaba junto a él.

El orco abrió sus ojos azules para contemplarla al tiempo que su sonrisa se ensanchaba.

— Pues vete acostumbrándote, porque desde que estoy contigo, sonrío mucho más a menudo.

Thrall decía la verdad. Pero a pesar de que su corazón le dictaba que tenía que tomar esa decisión y su mente se hallaba en paz por haberla tomado, sabía que aún había muchas incógnitas por despejar y muchas adversidades que superar. En ese instante, la cogió de la mano y la apretó suavemente.

Habían llegado a Trinquete procedentes de Thunder Bluff y habían avisado con antelación de su llegada y de sus intenciones tanto a Orgrimmar como a la ciudad porteña, donde tanto Aggra como él perfilaron los últimos detalles de sus planes y donde uno de los navíos más grandes de la Horda había sido preparado a la velocidad del rayo para emprender el viaje al corazón de la devastación. En cuanto Thrall y Aggra aparecieron en el muelle a lomos de sus lobos, Gazlowe se acercó a saludarlos. Parecía muy fatigado, por lo que Thrall sospechaba que no se había acostado. No obstante, el goblin decidió obsequiarlos con una sonrisa franca tras la cual se escondían unos dientes afilados.

— ¡Tu mensajero nos dijo que tuviéramos preparado el barco cuanto antes, y eso es lo que hemos hecho! —les informó Gazlowe. — Hemos embarcado agua fresca, unos cuantos barriles de cerveza y grog, y muchas más provisiones… ¡Todo listo para partir, líder!

Acto seguido, repasó con la mirada a Aggra de arriba abajo y se dirigió a ella.

— Hola, tú debes de ser la encantadora y joven chamana de la que tanto he oído hablar.

— Sí, soy una chamana, y me llamo Aggra —replicó, entornando los ojos. — ¿Y tú eres…?

— Gazlowe. Ese mentecato enorme que te acompaña y yo nos conocemos desde hace tiempo —respondió el goblin con una sonrisa.

Estaba claro que no se había percatado de que Aggra se había enojado, o tal vez le diera igual, porque añadió:

— Me gusta el cambio de estilo que le has hecho adoptar. Ahora viste una túnica marrón muy modesta y humilde. Le queda genial al grandullón. Por cierto, siempre es un placer contar con la presencia del líder, y ahora que lo acompaña su damisela, aún más.

— Ya no soy el líder —aclaró Thrall, — o al menos, no lo seré durante un tiempo. Garrosh seguirá desempeñando dicho cargo en mi ausencia.

Gazlowe rezongó disimuladamente.

— Fue una pena lo que le pasó a Cairne.

Al escuchar ese comentario, Thrall adoptó una expresión grave.

— Así es —asintió. — Su trágica muerte nos ha dejado un vacío que ya nada ni nadie podrá llenar. Pero Garrosh no actuó de manera deshonrosa. Y esto es todo lo que pienso comentar al respecto. Has dicho antes que el barco ya está listo para zarpar, ¿no?

— Listo y a la espera —confirmó Gazlowe.

Cuando se aproximaron al navio, Aggra pudo ver el nombre del barco.

— La Furia de Draka —leyó con una sonrisa de oreja a oreja. — Un nombre muy adecuado para el viaje que vamos a emprender.

— Me pareció el idóneo —explicó Thrall. — Con él quería honrar a las orcos valerosas y de carácter fuerte que han dejado una maravillosa huella en mi vida.

Aggra se ruborizó al escuchar esas palabras y dio la impresión de azorarse.

— Va a ser un viaje muy largo.

— Pero es el que debemos hacer —replicó Thrall.

No se arrepentía de la decisión que había tomado. Había sido invocado a aquel lugar, y respondería a esa llamada. No como líder, sino como él mismo.

Como Thrall.

El hijo de Durotan y Draka.

Como un chamán.

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