WoW Crónicas II – Las semillas del odio

Gul’dan recurrió al clan Bladewind para provocar la chispa que daría pie al conflicto entre los orcos y los draenei. El asentamiento principal del clan se encontraba situado en el linde del Bosque de Terokkar, cerca de Shattrath, la capital draenei. Las tensiones entre esta comunidad de Vientoafilados y sus vecinos se mantenían desde hacía décadas. A veces, incluso, los orcos saqueaban las caravanas draenei y esclavizaban o asesinaban a los que no lograban escapar.

El sufrimiento de los espíritus elementales afectó especialmente a los Bladewind. Sus fuentes de agua se secaron y la caza de su territorio murió. La viruela roja diezmó el clan de forma trágica; cerca del setenta por ciento de los Bladewind sucumbieron a la enfermedad.

Los Bladewind estaban desesperados. Eso los convertía en vulnerables.

Gul’dan acudió al asentamiento Bladewind como representante de los Shadowmoon y, tras largas discusiones y argumentaciones, los convenció de que los draenei eran responsables del brote de viruela roja y de la debacle elemental del mundo. Gul’dan aseguraba que solo la sangre draenei apaciguaría a los espíritus. Como todos los orcos, los Bladewind sentían un gran respeto por los chamanes Shadowmoon y no tenían motivos para cuestionar a Gul’dan. Aceptaron gustosos su consejo, empujados por el ansia de cambiar su mala fortuna.

Las bandas de saqueadores Bladewind se lanzaron al cuello de las caravanas draenei. Los orcos bañaron sus armas ligeras con la sangre de docenas de inocentes y apresaron a otros tantos. Una de las cautivas se llamaba Leran, y era hermana de un Vindicador llamado Maraad.

Cuando Maraad supo de la desaparición de su hermana, instó a los líderes draenei a intervenir. Muchos Vindicadores compartían su opinión. Hacía demasiado tiempo que los Bladewind masacraban libremente a sus comerciantes. Los draenei debían poner fin a sus correrías de una vez por todas.

Velen

Velen apeló a la calma. El Profeta no estaba convencido. Aunque en los años posteriores al accidente de la Genedar, Velen había recuperado su capacidad de predecir el futuro, sus visiones no eran del todo fiables. Extrañas imágenes bombardeaban sus pensamientos, muchas de ellas indescifrables.

Sin embargo, era evidente que algunas de las imágenes lo intrigaban. Poco después de que los ataques de los Bladewind se recrudecieran. Velen percibió una oscura sombra sobre los orcos que controlaba sus acciones.

Velen y los exarcas enviaron a los Rangari a espiar a los Bladewind para averiguar si su repentina agresividad respondía a la injerencia de algún poder oscuro. Aunque los exploradores draenei no descubrieron indicio alguno que apuntara a dicha teoría, regresaron con terribles relatos; los Bladewind desmembraban a sus prisioneros en sangrientos rituales destinados a apaciguar a los elementos. Solo unos pocos cautivos aguardaban aún su terrible destino. Leran era una de ellos.

Maraad abandonó toda consideración. Aún podía salvar a su hermana. En un apasionado discurso, Maraad imploró a Velen y a los exarcas que autorizaran la ofensiva contra los orcos. A regañadientes, los líderes draenei aceptaron.

Liderados por Maraad, un pequeño grupo de Vindicadores y Rangari asaltaron el poblado Bladewind, pero cuando penetraron en el asentamiento, Leran y los demás prisioneros habían muerto. Enfurecido por la imagen del cuerpo mutilado de su hermana, Maraad enloqueció y descargó su furia sobre el poblado.

Desde lejos, Gul’dan contemplaba la masacre del asentamiento Bladewind. Los orcos estaban tan desesperados por apaciguar a los elementos que lucharon hasta el último hombre. Los pocos supervivientes que escaparon a la matanza se encaminaron hacia el Valle Sombraluna, pero nunca alcanzaron su destino.

Bosque de Terokkar

Gul’dan asesinó a los supervivientes para silenciar la verdad sobre lo acontecido en el Bosque de Terokkar. Solo perduraría la versión del brujo.

Tras regresar al clan Shadowmoon, Gul’dan explicó su versión de los hechos: los draenei habían atacado a los Bladewind sin provocación previa. Hombres, mujeres, ancianos, niños… todos habían muerto asesinados. Las noticias de la masacre llegaron rápidamente a los otros clanes.

Las semillas del odio y la sospecha florecían en los orcos.

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