WoW Crónicas II – La Fragua de la Horda

Pasaron las semanas y los cabecillas orcos fueron llegando a Oshu’gun. Grommash Hellscream, Kilrogg Deadeye, Kargath Bladefist, Blackhand, Fenris y otros líderes famosos tomaron asiento bajo la sombra de la montaña.

El cabecilla de los Frostwolf, Durotan, también acudió junto a su consorte, Draka, y el anciano chamán de su tribu, Drek’Thar. Durotan ansiaban reencontrarse con su viejo amigo Orgrim Doomhammer, ahora lugarteniente del cabecilla Blackhand.

Desde hacía años, las responsabilidades del liderazgo les impedían reunirse con regularidad.

Ner’zhul

Mientras Durotan y Orgrim reavivaban su amistad, el anciano chamán Ner’zhul se dirigió a todos los orcos reunidos. Les habló de las proféticas advertencias de Rulkan y de otros funestos presagios. Los draenei eran los culpables del sufrimiento de los elementales y del brote de viruela roja. La destrucción del principal asentamiento del clan Bladewind no era más que el comienzo, una señal de las muertes venideras. Los draenei buscaban aniquilar a todos los orcos.

Sin embargo, aún quedaba esperanza. Si los clanes olvidaban sus diferencias y unían sus fuerzas, acabarían con los draenei y salvarían el mundo.

No era una decisión fácil para los orcos, una raza poco acostumbrada a la unidad, y Ner’zhul lo sabía. El chamán concedió a los cabecillas un día y una noche para considerar sus palabras.

Los orcos debatieron la propuesta del anciano chamán hasta bien entrada la noche. Los cabecillas más beligerantes —Grommash, Blackhand y Kargath— apoyaban la unificación. Desde que supieron de la masacre de los Bladewind, estos tres cabecillas recelaban de los draenei.

Orgrim Martillo Maldito

Pero otros no ansiaban un baño de sangre. El cabecilla Zagrel del clan Whiteclaw, por ejemplo, se oponía frontalmente a la guerra. Zagrel creía que la muerte de los draenei no beneficiaría en absoluto a los orcos. Al contrario, enfurecería aún más a los elementos.

El cabecilla Durotan compartía su misma opinión. Años atrás, Orgrim y el visitaron una ciudad draenei de forma casi accidental. Los dos orcos incluso hablaron con Velen, su misterioso líder.

¿Cómo era posible que aquellas criaturas pacíficas declararan la guerra a los orcos? ¿Qué obtenían con ello? Pero ¿y su hospitalidad no fue más que un ardid para sonsacarles información sobre su raza?

Durotan

A pesar de sus dudas, Durotan no estaba en posición de cuestionar los designios de los ancestros. Si ellos decían que los draenei eran una amenaza, que así fuera. Además, otros chamanes, incluido Drek’Thar, revelaron que los ancestros se les habían aparecido en sueños y confirmaban las palabras de Ner’zhul.

Durante las conversaciones, Gul’dan se deslizaba entre los cabecillas. Consciente de que los orcos le consideraban un pusilánime por su deformidad, la empleó en su provecho: el brujo defendió con ardor y pasión la causa de Ner’zhul, regocijándose ante el prospecto de una guerra. Con su actitud, Gul’dan convirtió la unidad en un asunto de honor. Si un deforme como él estaba dispuesto a luchar y morir por los clanes, todo aquel que se opusiera a la guerra sería tildado de cobarde.

Las artimañas de Gul’dan convencieron a muchos de los orcos, pero no a todos. Zagrel y unos pocos continuaban oponiéndose a la unidad. El brujo no olvidaría sus nombres.

Al amanecer, los orcos se reunieron de nuevo para votar. Casi todos los cabecillas apoyaron la unión de los clanes.

A partir de aquel día, se les conocería como la Horda.

Martillo Maldito

La profecía de Doomhammer

Orgrim esgrimía un arma conocida como Doomhammer, una reliquia perteneciente a su familia desde hacía generaciones. Este artefacto legendario estaba asociado a una profecía según la cual el último orco del linaje Doomhammer lo emplearía para salvar a los orcos y luego condenarlos. Seguidamente, el Doomhammer pasaría a manos de un orco extraño al clan Blackrock que dedicará el arma a una causa de justicia.

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