Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos – Capítulo Once

Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos—Tiene sentido —caviló Krasus—. Tú también eres capaz de atravesar los senderos del tiempo. Aunque debes tener mucho cuidado. Resulta muy fácil caer en la trampa de los espejismos.

—En efecto, puedo atravesar los senderos del tiempo —admitió Thrall—. Pero yo no he abandonado totalmente mi sendero del tiempo. Lo sé porque lo he visitado en diversos puntos del pasado. Blackmoore sí que se encuentra totalmente fuera de su sendero del tiempo. Y eso es posible porque alguien lo ha ayudado. Seguramente, el vuelo de dragón infinito se halla detrás de todo esto; ésa es la única explicación lógica. Por eso los ancestros se encuentran tan inquietos. Por eso sus recuerdos y sus conocimientos son erróneos, porque han sido alterados.

Krasus se frotó las sienes. Thrall lo observó detenidamente; ahora se daba cuenta de lo mucho que deseaba que ese dragón rojo, que ese mago le diera una solución.

—¿Qué ocurriría si te matara, Thrall? —inquirió Taretha, aunque, en realidad, lanzaba la pregunta a ambos: al orco y al mago.

—Sería un desastre —replicó Krasus con rotundidad—. Me resulta imposible creer que Thrall vaya a morir, en el sendero del tiempo verdadero, a manos de un Blackmoore procedente de un sendero del tiempo distinto. Thrall es un elemento clave del futuro de su sendero. Si se le elimina, gran parte de la existencia se desmoronará. No sólo caerá nuestro sendero, sino todos los demás.

—¿Y qué pasaría si ocurriera lo contrario, si Thrall matara a Blackmoore? — preguntó Taretha.

—Si consideramos que este sendero del tiempo es algo que, francamente, jamás debería haber existido… que es una suerte de espejismo… quizá con la muerte de Blackmoore se restablecería el equilibrio —entonces, Krasus alzó una mano—. Pero no soy un dragón bronce; insisto en ello para que lo tengan muy presente. Sólo les doy una teoría que parece lógica, partiendo de lo poco que sé al respecto.

—Tengo que salir de este sendero —rezongó Thrall, cerrando y abriendo los puños sin parar—. He de dar con Nozdormu y poner punto final a todo esto. Pero no sé cómo voy a hacerlo.

Volvió a sentarse y a llevarse las manos a la cabeza. Se encontraba total y absolutamente perdido, no sabía qué hacer. Les estaba fallando a los vuelos de dragón y a Ysera, a Aggra y al Anillo de la Tierra, a su mundo. Entonces, sintió cómo una pequeña mano se posaba sobre su hombro y lo apretaba con suma delicadeza; el orco, a su vez, colocó su gran mano sobre la mano de la humana. También le estaba fallando a Taretha; su querida Tari, a la que tan mal había tratado el destino, quien ni siquiera debería estar viva.

Pensó en el brillo de las escamas de Nozdormu, que lo habían arrastrado a probar otro sendero del tiempo, a probar otra posibilidad. Al menos, ya había dado con una respuesta a sus muchos interrogantes: ya sabía quién lo perseguía. Y esa revelación lo había impactado mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Ysera ve el mundo de un modo… distinto al resto —dijo Krasus en voz baja—. No obstante, su visión encierra más verdad que el conocimiento que se obtiene en el mundo de la vigilia. No creo que ella te considerara una pieza clave en sus planes si no estuviera segura de que vas a ser capaz de ayudarla.

Thrall se encontraba demasiado desanimado como para discutir con el mago. Nada era real. Esas escamas relucientes que lo habían arrastrado de un sendero a otro, ese asesino que no debería existir, ese gran misterio relacionado con los dragones… ¿todo eso era real? El orco se sentía abrumado mientras intentaba relacionar todos esos elementos y entenderlos. La mano con la que Taretha le tocaba el hombro no era real, pero ahí estaba. ¿Acaso se hallaba en un sueño? ¿Qué era real? ¿Qué era…?

Entonces, de repente, tuvo una revelación sutil como la brisa y devastadora como una explosión. Al fin, lo entendió todo.

Volvió a ver en su mente a ese pájaro negro, que en realidad era Medivh, hablándole:

Sólo hay una manera de que puedas dar con lo que buscas de verdad… sólo hay una manera de que puedas encontrarte a ti mismo.

Y recordó las palabras de Krasus:

Aunque debes tener mucho cuidado. Resulta muy fácil caer en la trampa de los espejismos.

Si consideramos que este sendero del tiempo es algo que, francamente, jamás debería haber existido… que es una suerte de espejismo…

Los senderos del tiempo no estaban repletos de espejismos. Ese sendero del tiempo tampoco era un espejismo.

Sino el tiempo mismo.

Los historiadores y los profetas siempre han dado una extraordinaria importancia al pasado y al futuro. Hay innumerables libros donde se recogen viejas batallas, antiguas estrategias y eventos históricos que cambiaron el mundo. Y siempre ha habido profecías y predicciones, siempre se ha especulado sobre qué iba a suceder a lo largo de los próximos quinientos años o en los próximos cinco minutos.

Pero lo único que existe en realidad es el presente.

Los eruditos habían entablado furibundos debates sobre la misma cuestión que él se estaba planteando pero, en ese instante, la respuesta le parecía tan sencilla, tan obvia. Sólo había un único momento.

Éste.

Cada momento del pasado era un mero recuerdo que había quedado atrás. Cada instante futuro únicamente era una esperanza, o la proyección de algún miedo, que aún no se había manifestado.

Sólo existe el ahora, sólo existe este momento y, aunque quede atrás en el pasado, entonces el momento futuro se transforma en “este momento”.

* * *

Era una respuesta tan elegante, tan serena y tranquila, que Thrall pudo quitarse al fin de encima la pesada carga que hasta entonces había portado sobre sus hombros; la pesada carga de muchas cosas que apenas entendía. Adiós a la obsesión por lo hecho en el pasado. Adiós a la preocupación por el futuro.

Aun así, era necesario planear el futuro, era necesario que existieran los remordimientos… la cordura dictaba que incluso en ese presente eterno tales cosas eran necesarias. Entender el pasado era la mejor forma de comprender el presente. El mero hecho de anticiparse al futuro podía afectar al presente.

Pero todo se tomó mucho más sencillo (todo se volvió ligero como una pluma, mágico e inocente) en cuanto por fin lo comprendió.

Sí, se hallaba atrapado en el tiempo. En ese sendero, probablemente infinito, que lo había llevado a revisitar su pasado… y, recientemente, a vislumbrar un posible futuro.

Lo único que debía hacer era salir de ese círculo vicioso al centrarse única y exclusivamente en ese momento. Entonces, Nozdormu…

Thrall parpadeó y tembló, abrumado por las inconmensurables consecuencias de esa revelación. Ahora entendía por qué se hallaba enfangado en esos senderos que parecían estar tan relacionados con él, donde creía ver a Nozdormu. Thrall había quedado atrapado en un solo momento… en un momento vital de su pasado. El poderoso Atemporal, sin embargo, se encontraba atrapado en todos los momentos del tiempo.

Gracias a esta revelación, Thrall sabía dónde podría hallar a ese colosal leviatán con suma facilidad.

Krasus le sonreía. Thrall sabía que el dragón rojo estaba muerto en el verdadero sendero, pero eso no era verdad, eso no era real. Lo único real era ese momento, donde Taretha también era real y estaba viva. Prácticamente, podía percibir cómo el aire llegaba a los pulmones de la humana, podía percibir cada uno de sus dulces latidos como si cada uno de ellos fuera el único latido que fuera a existir jamás.

Como así era.

—Has dado con la solución —aseveró Krasus, cuyos labios se curvaron para dar forma a una leve sonrisa.

—Así es —replicó Thrall, quien se volvió a Taretha, sonriendo—. Me alegro de estar aquí contigo en este momento.

No se alegraba de haber estado con ella ahí en ese momento, sino de estar aquí con ella en este momento.

Entonces, cerró los ojos.

* * *

En cuanto los abrió, supo que se hallaba en un lugar completa y totalmente fuera del tiempo. Estaba flotando, pues ni siquiera se encontraba ya atado a la gravedad. La oscuridad que lo rodeaba sólo se veía quebrada por el tenue fulgor de una cantidad infinita de portales, en cada uno de los cuales Thrall podía atisbar el brillo de las escamas doradas.

Si bien era una visión asombrosa y perturbadora al mismo tiempo, Thrall se sintió totalmente en paz consigo mismo mientras flotaba a la deriva en la nada que lo envolvía todo. La serenidad había conquistado su mente, que ahora se encontraba más abierta que nunca, que asimilaba algo que no debería haber sido capaz de comprender por más de un instante… pero él sabía que eso era lo único que necesitaba: un instante. Lo único que iba a necesitar jamás. Lo único que había necesitado jamás.

De repente, cayó con un tenue golpe sordo sobre el acogedor abrazo de la suave arena y enseguida se percató de que se encontraba de nuevo en las Cavernas del Tiempo. Abrió los ojos y ante sí vio al Atemporal.

De improviso, en cada una de esas escamas de aquel magnífico ser, en cada uno de esos objetos relucientes que lo habían arrastrado por ese asombroso viaje, Thrall vio distintos instantes.

Sus instantes.

Todos los grandes momentos de la vida de Thrall aparecían reflejados en las escamas del Atemporal. Ahí, se vestía con la armadura de Orgrim Doomhammer. Allá, luchaba junto a Caime Bloodhoof para proteger la aldea del gran tauren. Más allá, invocaba a los elementos por primera vez. Aún más allá, se encontraba junto a Grom Hellscream. Se trataba de esos innumerables momentos que lo habían convertido en un héroe, en una leyenda, de momentos que realmente habían cambiado el mundo.

—¿Lo vesss?

Su voz era un profundo estruendo; Thrall jamás había escuchado hablar a un dragón con una voz tan grave que hizo vibrar su sangre, que susurró cánticos a su alma.

—Lo… veo —susurró el orco.

—¿Qué esss… lo que vesss?

—Los momentos más importantes de mi vida —contestó Thrall, cuyos ojos se desplazaban raudos y veloces de una escama a otra. Se movían con tal velocidad que le resultaba muy difícil asimilar todo lo que estaba viendo. Pero ese momento podía contener todo ese conocimiento y más.

—Las proezasss que cambiaron el curso de la hissstoria —admitió Nozdormu—. Todo esto se encuentra en mí. Todas las grandes hazañasss, todos los seresss que han vivido jamás. Pero eso no es todo cuanto existe.

Thrall se encontraba obnubilado con esos momentos, fugaces y hermosos, y deseó sumirse en ellos. No obstante, renunció a esa tentación y, con suma delicadeza, se acomodó en la arena. De ese modo, el Thrall del instante presente acabó ante el Nozdormu del instante presente.

Giró la cabeza para poder contemplar el rostro del dragón. Una sabiduría inimaginablemente antigua, pero al mismo tiempo extrañamente joven, brillaba en sus ojos del color del sol. Aquel dragón poseía un poder y una belleza inconcebibles para Thrall.

—Una vida es mucho más que una suma de grandes momentos, de esos instantes de los que el mundo entero es tessstigo —prosiguió diciendo Nozdormu—. Debes comprobarlo por ti misssmo.

Y Thrall lo obedeció. Vio el momento en que descubrió la primera nota entusiasta de Taretha y otro en el que la vio saludándolo cuando sólo era una niña. Revivió las noches de calma que vivió en los campamentos tras las batallas, donde bebían, reían y contaban historias alrededor de las hogueras. Revivió esos instantes en los que colaboró con los elementos, en los que corrió por el mundo con la forma de un lobo fantasmal.

—Como la fuerte mano que sostuve entre las mías —murmuró, al recordar la mano marrón de Aggra en la suya.

—En esos momentos, nos mostramos muy receptivos y, por tanto, aprendemos. Asimilamos. Los grandes momentosss, los instantesss de gloria, de batalla se los damos, se los ofrecemos al mundo. Pero se da tanto como se recibe. No podemos compartir lo que no tenemos. Son estos momentos de serenidad, esta pausa entre una respiración y otra, los que nos convierten en lo que realmente somos. Lo que nos da fuerzasss para emprender todos nuestros viajesss.

Aggra.

Súbitamente, esos momentos brillaron y dejaron de estar ahí. De ese modo, Thrall sólo contemplaba ya nada más (ni menos) que las hermosas escamas doradas del guardián del tiempo. También se dio cuenta de que Nozdormu y él no se encontraban solos en las Cavernas. Se hallaban rodeados por varios miembros, que parecían muy contentos pero que permanecían muy callados, del vuelo bronce que se habían sentado junto a ellos sin hacer ruido.

Nozdormu posó su mirada sobre cada uno de ellos, incluso sobre su hijo Anachronos, y, por último, volvió a mirar a Thrall.

—Estoy en deuda contigo. Aunque no creo que pueda saldarla jamás —aseveró Nozdormu—. Has logrado traerme de vuelta. Essstaba en todas partes y en ningún lugar a la vez. Yo, el Atemporal, había olvidado la Primera Lección —entonces, lanzó un rugido atronador, en el que se mezclaba la carcajada y el enojo a partes iguales—. Cabría pensar que, al estar rodeado por los granosss de las arenasss del tiempo, tendría siempre másss presente la importancia de las pequeñas cosasss, de los momentos aparentemente más insignificantesss.

Como la fuerte mano que sostuve entre las mías.

—Sé por qué has venido —prosiguió hablando Nozdormu. Thrall se sintió súbitamente avergonzado—. O más bien… conozco todas las razones por las que has venido, algunas de las cuales no son razonesss precisssamente. Habla, amigo mío.

Y Thrall habló. Empezó relatando que Ysera se había presentado ante él y, a partir de ahí, fue narrando lo acaecido posteriormente. A Nozdormu se le hincharon las fosas nasales y sus grandes ojos se entornaron al escuchar cómo el orco describía a los ancestros.

—Ellos, a su modo, también son los guardianesss del tiempo — aseveró, pero no explicó nada más al respecto.

Thrall continuó con su historia, les habló del misterioso asesino que lo perseguía y de sus experiencias en los diversos senderos del tiempo.

—Al final, supe que mi perseguidor no era otro que mi mayor enemigo — afirmó con un hilo de voz—. Aedelas Blackmoore… un Aedelas Blackmoore que era fuerte, astuto y decidido.

—Y un agente del vuelo de dragón infinito —apostilló Nozdormu con un suspiro.

—¿Cómo lo…?

De repente, Nozdormu alzó una de sus pezuñas delanteras de manera autoritaria.

—Eso lo explicaré en un instante. He essscuchado tu relato y, si uno lo que he sabido gracias a él con el resto de cosas que sé… no me queda más remedio que llegar a una conclusión muy inquietante. Una conclusión que puede resultar muy difícil de aceptar —afirmó, dirigiéndose no sólo a Thrall, sino a todos los dragones bronces ahí reunidos—, pero que debemos aceptar. Hijos míos… todo está relacionado.

Los dragones bronces intercambiaron miradas teñidas de perplejidad.

—¿Qué quieres decir, Padre? —preguntó Anachronos—. Sabemos que alterar los senderos del tiempo puede acarrear unas consecuencias desastrosas.

—No, no, esss algo aún más grande… que afecta a cuestiones aún más importantes… es algo casi inconcebible. Algo que está relacionado con nosotrosss, con los dragonesss. Al menos, algo bueno hemos obtenido del hecho de que haya estado atrapado en cada momento del tiempo. El espejismo del tiempo es lo que me ha mantenido cautivo. Y, mientras me he hallado cautivo, he sido testigo de muchas cosas. He visto cómo algunas de esas cosasss germinaban, ganaban fuerzas y se manifestaban. Y en verdad les digo que todo esto no es algo accidental.

Entonces, respiró hondo y los contempló fijamente.

—Todos los acontecimientos que han acaecido cuyo fin era hacer daño a los Aspectosss y a sus vuelos a lo largo de milenios… no han sssido una mera coincidencia o un mero capricho del azar. Se han alterado los senderosss del tiempo y se ha convertido a Blackmoore en un monstruo con un mismo fin. La Pesadilla Esmeralda, que tanto daño hizo a muchos; el ataque del vuelo del dragón crepuscular; la locura de Malygosss e incluso de Neltharion… todo está relacionado. Quizá incluso todo haya sido orquestado por las mismas manosss siniestrasss.

Por un momento, nadie se atrevió a hablar. ¿Cómo era posible que tantos eventos distintos estuvieran… relacionados? ¿Cómo podían ser parte de una conspiración tan vasta a la que había costado eones manifestarse?

Fue Thrall quien rompió el silencio.

—¿Con qué fin? —inquirió.

El orco nunca había oído hablar de algunos de los hechos que había mencionado el dragón. Esa conspiración era demasiado compleja como para que intentara entenderla.

—Con el fin de destruir a los Aspectos y a los vuelos para siempre. Para eliminar toda posibilidad de que el orden y la estabilidad imperen.

Acto seguido, se volvió hacia Thrall y agachó su enorme cabeza hasta hallarse a la altura del orco. Mientras hablaba, sus asombrosos ojos se tiñeron de tristeza.

—Me perdí en los senderos del tiempo, Thrall, y acabé atrapado en todos los momentos del tiempo. Pero ¿sabes por qué me perdí?

Thrall negó con la cabeza.

—Porque quería sssaber cómo un plan tan tenebroso podía haber llegado a ser concebido. Quería evitarlo. Antes me has preguntado cómo sabía que el vuelo de dragón infinito estaba detrásss de la creación y liberación de Blackmoore.

En ese momento, el dragón titubeó y, a continuación, apartó la mirada, pues era incapaz de enfrentarse a los ojos azules de Thrall.

—Lo sssé porque… fui yo quien lo envió a destruirte.

Regresar al índice de Thrall: El Crepúsculo de los Aspectos

Share

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.