WoW Crónicas II – La devastación de Draenor

Ahora Kil’jaeden disponía de un agente entre los orcos dispuesto a cumplir su voluntad. Sin embargo, las condiciones aun no eran propicias para lanzarlos contra los draenei. Antes necesitaba sumir a la raza orca en la desesperación, la oscuridad y la desconfianza que le permitieran unirlos en un único ejército.

Gracias a las enseñanzas de Gul’dan sobre el pasado de Draenor, Kil’jaeden sabía que antaño los orcos se unieron bajo una única bandera. Tiempo atrás, los ogros conquistaron el Trono de los Elementos e infligieron un enorme dolor y sufrimiento a los espíritus elementales con sus experimentos mágicos. Preocupados por una posible catástrofe, los orcos se unieron para combatir a los ogros. Si Kil’jaeden conseguía recrear otra vorágine elemental, quizá los clanes repetirían la historia.

Trono de los Elementos

Trono de los Elementos

Kil’jaeden instó a Gul’dan a inundar el Trono de los Elementos con magia vil. Tal y como imaginaba, el poder corruptor pronto debilitó a los espíritus nativos del mundo. La Furias Elementales de Draenor —Gordawg, Arborius, Incineratus y Kalandrios— se materializaron para expulsar a Gul’dan, pero nunca antes se habían enfrentado a un brujo. La extraña magia del orco drenó la esencia vital de las Furias y absorbió su fuerza. Las Furias huyeron despavoridas; de lo contrario, Gul’dan las habría destruido.

Era la primera vez que Gul’dan derrotaba a alguien en su vida. La victoria fue embriagadora.

La magia vil de Gul’dan sumió a los elementos en el caos. Las estaciones se transcurrían entre largas sequías que solo daban paso a lluvias torrenciales. Las inundaciones anegaban las zonas áridas de Gorgrond y parte de Nagrand mientras extrañas tormentas de nieve cubrían de hielo franjas enteras de la Selva de Tanaan y del Bosque de Terokkar. Ríos y torrentes se secaban, provocando la muerte de miles de cabezas de ganado uñagrieta y talbuk.

La enfermedad y la escasez de agua y alimentos se cebaron en los orcos, cuyos chamanes se veían impotentes ante la catástrofe. Debido al sufrimiento que les causaba la terrorífica magia vil, los espíritus elementales apenas comulgaban con los orcos.

Además, Gul’dan empleó su magia para contagiar a los clanes con la viruela roja. Fue la peor epidemia de la historia de los orcos. La virulenta plaga duró meses y se cobró la vida de cientos de orcos.

Garad

Garad

Muchas de las víctimas contrajeron la plaga durante uno de los festivales Kosh’harg de Nagrand, cuando los clanes se reunieron para debatir las recientes catástrofes elementales bajo el manto del cabecilla Ner’zhul. El Kosh’harg finalizó y los clanes se disponían a regresar a sus hogares, pero entonces algunos orcos mostraron síntomas de la viruela, entre ellos el cabecilla Garad, del clan Frostwolf.

Ner’zhul temía que los orcos contagiaran la enfermedad a otras víctimas, por lo que solicitó a Garad y a los demás enfermos que permanecieran en Nagrand. Los orcos construirían un pequeño pueblo para que los afectados reposaran sin amenazar al grueso de la sociedad de los orcos.

A pesar de la pena por no regresar a su hogar, Garad era consciente de que las palabras de Ner’zhul eran sabias. El cabecilla de los Frostwolf no quería que sus familiares y amigos sufrieran la terrible plaga, y menos por su culpa. Garad permaneció en Nagrand como líder de los afectados por la plaga.

Garadar

Garadar

Durotan se ofreció a quedarse en Nagrand junto a su padre, pero Garad tenía otros planes para el joven Frostwolf, el último heredero de su clan. Garad convenció a Durotan para que regresara a casa y cuidara de su pueblo hasta nueva orden.

Durotan ya nunca volvería a ver a su padre. En pocas semanas, la viruela roja le consumió hasta matarlo. Solo fue líder de los enfermos durante un corto periodo de tiempo, pero aun así se ganó su eterno respeto. Tanto que renombraron el asentamiento como Garadar.

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