El Alma Demoniaca – Prólogo

Un punto de negrura total se formó en el centro de la esfera de llameante. Desde lo más fondo de ella surgió una voz que se apoderó de la mente de Mannoroth, una voz tan familiar como la suya propia.

— Mannoroth… eres tú…

Pero no la de Sargeras.

— Hemos esperado demasiado tiempo.., dijo en un tono frío y analítico que provocó que incluso en el enorme demonio se encogiera de miedo.

—  El camino debe estar totalmente abierto para él. Yo me ocuparé de que eso se haga al fin. Prepárate para recibirme, Mannoroth… pues ya voy para allá.

Tras esas palabras, la oscuridad se expandió, transformándose en un enorme vacío que flotaba por encima de ese conjunto de símbolos. No obstante, el portal no era como lo había sido la primera vez que los elfos de la noche lo habían levantado, ya que aquel que hablaba desde el otro reino lo estaba reforzando con su poder. Esta vez no se desmoronaría.

— ¡Arrodíllate! —bramó Mannoroth. Como los hechiceros se hallaban bajo su influencia, no les quedó más remedio que obedecer de inmediato. Los Guardias Viles y los soldados elfos de la noche que se encontraban ahí hicieron lo mismo un instante después. Incluso el capitán Varo’then se arrodilló con celeridad.

Si bien el demonio fue el último en arrodillarse, lo hizo con suma deferencia. Casi temía tanto a aquel ser como temía a Sargeras.

— Estamos listos, le informó Mannoroth, quien mantuvo su mirada clavada en el suelo, puesto que cualquier gesto, por leve que fuera, que pudiera ser interpretado como un desafío, podría provocar su muerte entre terribles sufrimientos. Nosotros, los indignos, aguardamos a que te presentes… Archimonde…

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