El Pozo de la Eternidad – Capítulo Once

Le había tomado a Krasus todo un día para darse cuenta que él y Rhonin estaban siendo observados.

Y le había tomado medio día más para llegar a la conclusión que quien observaba no tenía nada que ver con Cenarius.

¿Quién era ese personaje con la habilidad de mantener su presencia escondida del poderoso semi-dios? El mago dragón no lo podía determinar. ¿Alguna contraparte de Cenarius? Probablemente no. El señor del bosque estaría familiarizado con sus trucos o alguno de los sirvientes que podrían haber enviado. ¿Los elfos de la noche? Krasus descartó esa posibilidad inmediatamente, como también descartó la posibilidad de que cualquier otra raza mortal pudiera ser la responsable de aquel vigilante sigiloso.

Esto lo dejó con solo una sola lógica conclusión… Que quien estaba espiando a Cenarius y sus dos “invitados” era de la propia gente de Krasus.

En su propio tiempo, los dragones enviaban observadores para mantener el rastro de aquellos que podrían cambiar el mundo, ya fuera para bien o para mal. Humanos, orcos -Cualquier raza- tenían sus espías. Los dragones consideraban esto un mal necesario, y lo dejaban a su libre voluntad, las razas más jóvenes tenían la tendencia de crear desastres. Incluso en este periodo del pasado, había espías de algún tipo. Él no tenía duda que algunos tenían la mirada en Zin- Azshari… pero, ya era típico de la raza de Krasus, que ellos no harían nada solo hasta estar absolutamente seguros que una catástrofe era eminente.

En este caso, y en este momento ya sería muy tarde.

Con Cenarius había mantenido sus secretos seguros, pero con uno de los suyos, incluso aquellos del pasado, Krasus decidió que debía contar lo que él sabía. Si cualquiera pudiera advertir la ruina potencial que la presencia suya y la de Rhonin habrían causado, serían los dragones. Pero si solo ellos escucharan.

Esperó a que el humano se fuera a dormir y la probabilidad de que Cenarius regresara llegó a ser remota. Las necesidades de Krasus y Rhonin fueron atendidas por espíritus invisibles del bosque. La comida se materializaba en algunos momentos y lo que no era consumido se desvanecía cuando el par ya había terminado de comer. Otros temas de la naturaleza eran tratados de la misma forma, esto permitía que Cenarius continuara su misteriosa discusión con sus contrapartes -Lo cual con estas deidades podría tomar días, semanas, meses, o hasta un poco más- sin preocuparse que los dos murieran de hambre en su ausencia.

Sin importar cual fuera el ciclo de la luna, el claro de la luna permanecía alumbrado como si fuera de día. Una vez satisfecho de que Rhonin estaba profundamente dormido, Krasus se levantó sigilosamente y se dirigió a la barrera de las flores.

Incluso de noche, ellas se fijaban en él. Se movían tan cerca a él como podían, el mago dragón miró más allá del bosque, estudiando los arboles oscuros. Sabía que cualquiera de los secretos de sigilo usados por su raza podría ser mejor usados que un semidiós. Lo que Cenarius haya pasado por alto, Krasus podría encontrar.

Al principio, todos los árboles se veían iguales. Él estudió cada uno de ellos, una y otra vez sin ningún resultado. Su cuerpo le pedía descanso, pero Krasus se rehusaba a que su debilidad no natural tomara control. Si él se daba por vencido, temía que no se pudiera recuperar.

Su mirada de pronto se detuvo en un gran roble cual tronco era particularmente grueso.

Viéndolo con ojos cortantes, el mago cubrió sus pensamientos y se enfocó en el árbol.

-Yo te conozco… Sé lo que eres, observador…-

No pasó nada, no hubo ninguna respuesta. Por un momento Krasus pensó que se había equivocado, pero siglos de experiencia decían lo contrario. Intentó de nuevo.

-Te conozco… escondido como parte del árbol, nos observas y al señor del bosque. Te preguntas quienes somos, porque estamos aquí.-

Krasus sintió que la presencia se movió, sin embargo fue poco. El observador se sintió incómodo con esta intrusión repentina en sus pensamientos, pero aun así se resistió a declarar cualquier comentario.

-Hay mucho de lo que puedo contarte y que no podría contarle al señor del bosque.pero hablaría con algo más que simplemente el tronco de un árbol…-

-Nos arriesgas a los dos.- Una mente algo arrogante finalmente respondió. – El semidiós podría estar observándonos…-

El mago dragón ocultó su placer al escuchar esa respuesta. – Tú sabes tan bien como yo que él no está aquí… y nos puedes ocultar del conocimiento de cualquier otro observador…-

Por un momento nada pasó. Krasus pensó que había presionado mucho al observador… De repente parte del tronco se rompió, y se separó de él una figura humanoide de corteza rugosa. Mientras la alta figura se acercaba la corteza se desvaneció, transformándose en accesorios y una vestimenta hasta que pudo ver una cara delgada, oscurecida por la noche y por un conjuro, con el cual Krasus ya había estado familiarizado.

La túnica era del color del árbol, la figura alargada pero sin rostro se detuvo a las afueras del perímetro del mágico claro de la luna. Los ojos escondidos analizaron a Krasus desde su cabeza hasta sus pies y aunque el mago encarcelado no podía leer ninguna expresión, si estaba seguro de la frustración de aquel extraño personaje.

-¿Quién eres?- Preguntó el observador silenciosamente.

-Podrías decir que soy un alma gemela.-

Esto fue recibido con algo de desconfianza. – Tú no sabes lo que sugieres… –

-Sé exactamente lo que sugiero. – Krasus respondió fuertemente.

-Estoy tan seguro de lo que hablo como sé que aquella que se llama Alexstrasza es la Reina de la Vida, aquel quien es llamado Nozdormu es el señor del Tiempo, Ysera es de los Sueños, y Malygos es la Magia encarnada… –

La extraña figura digesto los nombres, y después, tan rápido como un pensamiento comentó: – Se te olvidó mencionar uno.-

Con un respiro corto, Krasus asintió: – Y Neltharion es la tierra y la roca misma, el Protector de la Tierra.¬- Tales nombres son conocidos por unos pocos ajenos a mi raza, pero son conocidos por unos pocos. ¿Por cuál nombre te he de conocer o posiblemente ya te conozco?¬- Yo soy conocido como Korialstrasz.-

El observador dio un paso atrás. – Sé que no me puedo equivocar al saber ese nombre, y menos cuando pertenece a uno de los consortes de la Reina de la Vida, pero hay algo que no entiendo. He observado todo desde tu captura pero no actúas como uno de mi raza. Cenarius es poderoso, muy poderoso, pero él no debería haberte retenido como su prisionero, no al que llaman Korialstrasz. –

-He sido gravemente herido. – Dijo Krasus levantando uno de sus brazos.

-¡No hay tiempo que perder, debo llegar con Alexstrasza y contarle lo que se! ¿Me puedes llevar con ella?¬- ¿Así nomás? ¡Si tienes la arrogancia de un dragón! ¿Por qué debería yo de arriesgar por todos los dragones la misión de vigilar la deidad de las tierras del bosque solo por tu identidad cuestionable? Él se enteraría de ahora en adelante que es observado y actuaria acorde a eso.¬- Porque la amenaza potencial al mundo -nuestro mundo- es más importante que insultar la dignidad de un semidiós.- Respirando profundamente el mago dragón agregó: – Y si me lo permites, revelaré ante ti lo que quiero decir. –

-No sé si confiar en ti.- Dijo el vigilante oscuro inclinando su cabeza hacia un lado.

-Pero en tu condición, no pienso que tenga que temer algo de ti, si sabes cómo. entonces muéstrame con tus palabras lo que con tanta ansiedad insinúas.-

Krasus evitó ser afectado por este comentario, a pesar de sentir un disgusto por el otro dragón. – Si estás listo. –

-Hazlo.-

Sus mentes hicieron contacto. y Krasus reveló la verdad.

Bajo la intensidad de imágenes impactantes, el otro dragón dio unos pasos atrás. El hechizo alrededor de su rostro se desvaneció por un momento, revelando una combinación de reptil y elfo con una expresión de incredulidad.

Pero las sombras regresaron tan rápido como se habían disipado. Aun obviamente asimilando lo que se le había mostrado, el observador recuperó su compostura: – Todo esto es imposible. –

-Yo diría que es probable.¬- Esto son solo fragmentos de tu propia creación.¬- Ojala así fueran.- Krasus remarcó tristemente. – ¿Si ves por qué debo hablar con nuestra reina?-

Su contraparte asintió su cabeza. – Lo que tú estás pidiendo es.-

Los dos dragones se congelaron, ambos sintiendo simultáneamente la presencia cercana de una fuerza superior.

Cenarius. El semidiós había hecho un regreso inesperado.

Inmediatamente el vigilante retrocedió. Krasus, temeroso de que su única oportunidad habría sido desperdiciada en vano, se dirigió al vigilante.

-No. ¡No te puedes dar el lujo de ignorar esto! ¡Tengo que ver a Alexstrasza!-

Sus brazos sobrepasaron las flores. Estas reaccionaron inmediatamente abriéndose y rociándolo con su polvo mágico.

El mundo de Krasus se tambaleó. Dio unos pocos pasos hacia adelante y cayó sobre las flores.

De pronto unos brazos fuertes lo sostuvieron. Escucho un respiro de ansiedad suave y se dio cuenta que era el otro dragón quien lo estaba apoyando.

-¡Ssssoy un tonto por hacer essssto!- Susurró el otro dragón.

Krasus dio las gracias de forma silenciosa por la decisión del vigilante, hasta que un pensamiento golpeó al mago convaleciente. El trató de decir algo, pero su boca no respondía.

Y mientras se desmayaba, sus últimos pensamientos no fueron de gratitud al otro dragón por habérselo llevado consigo… Sino furia consigo mismo, por no haber tenido la oportunidad de asegurarse que Rhonin fuera incluido en el escape.

****

Las panteras perforaron a través del denso bosque, la carrera de Brox seguía con tal ferocidad que apenas el indefenso orco podía estar sentado. Aunque ya estaba acostumbrado a montar los enormes lobos criados por su propia gente, los movimientos de los felinos cambiaban de formas sutiles que constantemente dejaban al orco ansioso.

Justo adelante se vislumbraba la forma oscura de Malfurion y resurgía sobre la bestia que él montaba, Brox estaba conforme que su salvador tenía un camino en mente, y esperaba que el gran viaje terminara rápido.

Pronto llegaría el amanecer. El orco pensó que esto no sería bueno, ya que entonces serian visibles a una gran distancia, pero Malfurion había indicado que la llegada del día sería un beneficio para ellos. Si los guardias de la luna los perseguían, los poderes de los magos elfos de la noche serían más débiles cuando la oscuridad desapareciera.

Sin embargo habría soldados con los cuales tendrían que lidiar.

Detrás, Brox escuchó los sonidos de la persecución, el sonido de los cuernos, gritos distantes y el rugir de las panteras. Él asumió que Malfurion tendría más que un plan para escapar de los jinetes, pero aparentemente ese no sería el caso. Su rescatador no era un guerrero, simplemente un alma quien pensó en hacer lo correcto.

La noche negra empezó a cambiar a un color gris, como una niebla de madrugada. El orco le dio la bienvenida a la inesperada niebla, sin embargo solo por un momento ya que él esperaba que su montura no perdiera la vista de Malfurion en ella.

Figuras irreconocibles aparecían y desaparecían a su alrededor. Ahora Brox y su mano extrañaban su confiable hacha, la cual todavía estaba en poder de los elfos de la noche. Malfurion no le había dado ninguna arma, posiblemente como precaución para el anfitrión.

Los cuernos sonaron de nuevo esta vez más cerca, el guerrero veterano gruñó.

Malfurion se desvaneció en la niebla. Brox se enderezó, tratando de encontrar a su compañero y temió que su propio animal corriera en otra dirección…

De repente la pantera cambió su rumbo para evitar una gigante roca. El orco no estaba preparado para esto y perdió su balance.

Con un quejido involuntario, Brox resbaló del gato y cayó dando vueltas en el piso, deteniéndose en un denso arbusto.

Los reflejos entrenados tomaron el mando. Brox cambió en una posición agazapada, y quedó listo para volver a montar. Sin embargo su gato, para su infortunio continúo corriendo y desapareció en la niebla.

Y el sonido de la persecución se fue incrementando.

Inmediatamente Brox pensó que podría usar cualquier cosa como un arma. Levantó una rama caída pero esta se desboronó en sus manos. Las únicas rocas que habían en el lugar eran muy pequeñas para ser usadas y otras muy grandes para poderlas levantar.

Algo grande movió el arbusto a su izquierda.

El orco se preparó para lo que venía. Si fuese un soldado tendría una buena oportunidad. Si fuese uno de los Guardias de la Luna, las oportunidades serian totalmente en contra de Brox pero el moriría en combate.

Una inmensa figura de cuatro patas atravesó violentamente desde el bosque.

Brox quedó congelado ante la impresión ya que lo que tenía en frente no era una pantera. Aullaba como un lobo o un perro, pero vagamente se asemejaba a alguno de los dos. Le llegaba a la misma estatura de sus hombros y desde su espalda salían dos tentáculos falsos de cuero. Sus fauces estaban llenas de colmillos salvajes. Saliva verde salía de su hambriento hocico.

Memorias monstruosas le llegaban a su mente. Él había visto criaturas similares pero nunca había peleado contra uno de estos.

Ellos cabalgaron de tal manera que habían dejado atrás a los otros demonios, manada tras manada de monstruos siniestros.

Manáfagos… los sabuesos de la Legión Ardiente.

Brox despertó de sus pesadillas justo antes de que una de las bestias manáfagos lo tomara. Se lanzó así mismo bajo la gigantesca criatura. El manáfago trató de engancharlo con sus garras, pero el momento favoreció a Brox. La masiva bestia tropezó, se detuvo y volteo a mirar a su presa escurridiza.

El orco golpeó con su puño la nariz de la criatura.

Para muchas razas, tal ataque resultaría posiblemente en nada bueno, y seguramente en la pérdida de su mano, pero Brox no solo era un orco, él era rápido y muy poderoso. No solo pudo golpear a la criatura antes de que ella pudiera reaccionar, sino que lo hizo con toda su furia y fuerza lo cual solo podría hacer el más fuerte de su clase.

El golpe rompió la nariz del demoniaco manáfago. La bestia tambaleó y se escuchó un sonido regurgitante. Un fluido verde oscuro salió de la herida de la bestia.

Su mano temblaba del dolor, Brox mantuvo su mirada fija en los ojos de su adversario. Él nunca había dejado que ningún otro animal viera en él señales de debilidad o retirada y especialmente no lo haría con este demonio. Solo teniéndolo en frente el orco tendría alguna oportunidad de supervivencia.

En ese momento desde la niebla apareció de nuevo la montura de Brox, el gruñir del gato hizo que el manáfago cambiara su interés y olvidara al orco. Las dos bestias chocaron en una furia de garras y colmillos.

Sabiendo que él no podría hacer nada por la pantera, Brox empezó a retroceder. Sin embargo solo pudo hacerlo por unos pocos pasos al sentir el sonido de una respiración profunda atrás de sus oídos.

Con mucha precaución y movimientos suaves el orco volteó su mirada sobre sus hombros y pudo ver que en una distancia corta, una segunda bestia estaba lista para saltar y atacar a Brox. Sin tener más opciones el frustrado guerrero finalmente salió corriendo.

El segundo demonio salió a la persecución, aullando mientras se lanzaba a su presa. Los otros combatientes ignoraron este momento concentrado en su propio combate.

En ese momento la pantera ya tenía dos heridas salvajes en su torso. Brox agradeció de manera silenciosa a la criatura por su rescate inesperado, y luego se concentró más en su propia seguridad tratando de eludir a su otro perseguidor en aquel frondoso bosque. Siguió el camino más estrecho y así la bestia tenía que buscar por donde atravesar aquellos obstáculos naturales o si podría estrellarse con ellos permitiendo que Brox estuviera fuera de su alcance.

No le gustaba la idea de tener que correr pero sin un arma, Brox sabía que las oportunidades de derrotar aquel monstro eran inexistentes.

En una distancia no muy lejana el sonido de un animal moribundo informó a Brox que la pantera había perdido la batalla y que pronto serian dos los manáfagos que estarían detrás de la sangre del orco.

Distraído por el grito de muerte del gato, Brox no se fijó bien en sus pasos, y de repente una raíz de un árbol se enredó en uno de sus pies. Pudo evitar caer por un corto momento pero su falta de balance hizo que finalmente tropezara y rodara violentamente. Agarró una de las ramas de un árbol que era un poco más alta que él pero el tronco de este se rompió ante su agarre e hizo que colisionara con otro más grande. Con un gran dolor de cabeza Brox apenas pudo enfocarse en la bestia que venía tras de él y con el árbol aún en sus manos lo uso como si fuera una lanza agitándolo de un lado a otro. El manáfago endemoniado se lanzó hacia aquella arma rompiendo la punta con sus colmillos y dejando unas astillas afiladas en su punta.

Con los ojos nublados, el orco sostuvo con firmeza lo que quedaba de aquel tronco, y luego embistió al monstruo. El daño hecho por la bestia al tronco que sostenía Brox le dio un factor letal que no tenía antes. Empujándolo con toda su fuerza, Brox enterró aquella arma fragmentada dentro de las fauces de la bestia. Con un leve aullido de agonía, el demonio trato de retroceder pero Brox avanzó con todo su cuerpo introduciendo cada vez más la lanza.

Uno de los tentáculos trato de sujetarlo. El orco liberó una de sus manos y agarró aquella amenazante falange y la tiró tan fuerte como pudo. Con un sonido rasgante el tentáculo quedo libre. Ahogándose con sus propios fluidos las patas del manáfago colapsaron. Brox nunca soltó el árbol, ajustando su posición para evitar los movimientos desesperados de su adversario. Las patas traseras perdieron su fuerza, la cola de la bestia se movía de un lado a otro frenéticamente, el manáfago seguía esforzándose hasta que rompió el arma de Brox en dos pero la parte frontal seguía incrustada en sus fauces.

Siendo consciente que la bestia podría recuperarse, el orco buscó frenéticamente algo para remplazar a su arma averiada pero en cambio se encontró cara a cara con el primer manáfago que había enfrentado. La otra bestia tenia rasguños en todo su cuerpo y adicionalmente a la herida que Brox le había propinado en su nariz, también tenía una gran parte de carne que había sido desgarrada de uno de sus hombros. A pesar de su condición la bestia lucia lo suficientemente saludable para terminar con el cansado orco.

Al final sus brazos estaban cansados y apenas podían mantener lejos a la gran monstruosidad. Agazapándose la bestia se tensionó pero en el momento que saltó hacia Brox, el bosque cobró vida a la defensa del orco. El pasto salvaje y las hierbas debajo de la criatura demoniaca crecieron salvajemente atrapando vigorosamente al manáfago justo en el momento en el que este había saltado.

Sus extremidades quedaron enredadas, la criatura gruñía y trataba de morder las ramas que lo mantenían inmóvil. Sus tentáculos trataban de tocar las plantas animadas que lo mantenían alejado de su presa.

-¡Brox!-

Malfurion corrió hacia el orco. Mirándolo con satisfacción así como Brox igualmente lo sentía. El elfo de la noche se acercó a él y le dio su mano.

-Te debo una de nuevo.- Dijo el guerrero veterano.

-No me debes nada.- Respondió Malfurion mirando a la bestia atrapada.

-Especialmente porque parece que eso no lo va a detener por mucho tiempo.-

Y eso fue cierto. En el momento en que los macabros tentáculos de la bestia tocaron el pasto y las hiervas, las plantas empezaron a marchitarse. Una de sus patas ya había sido liberada y mientras la bestia seguía esforzándose para liberarse, hacia el esfuerzo para alcanzar a Brox y al elfo de la noche.

-Magia… – Dijo Brox. Recordando viejos recuerdos. – Está devorando la magia… – Con su rostro serio, Malfurion ayuda a su compañero a montar una de las panteras. El felino gruñe, pero no protesta por el peso adicional que tendrá que llevar. – Entonces tendremos que salir rápido.- Un cuerno sonó, esta vez tan cerca que Brox pensó ver al trompetero. La persecución de Suramar casi los alcanzaba. De repente Malfurion dudó. – ¡Ellos llegaran y se encontraran con la bestia! Si alguno de ellos son de la Guardia Lunar…¬- La magia puede matar a los manáfagos si hay magia suficiente elfo de la noche… pero si prefieres quedarte y pelear contra la criatura y contra ellos, yo me quedaré a tu lado.- Hacer esto significaría su muerte o su recaptura, Brox no dijo nada más. Él no abandonaría a Malfurion, quien ya lo había rescatado dos veces. La niebla de la mañana ya había empezado a disiparse y algunas siluetas se veían en la distancia. Agarrando fuertemente las riendas, Malfurion giró abruptamente a la pantera lejos del camino de las bestias manafagas y de los jinetes. No dijo nada a Brox, y en cambio simplemente hizo que su montura acelerara el paso para dejar ambas amenazas a sus espaldas.

Detrás de ellos, el demonio pudo soltar otra de sus extremidades, su atención cambio al aumentar los sonidos, anunciando así una nueva presa.

****

Algo agitó a Rhonin interrumpiendo su sueño, algo que hizo que se sintiera inseguro. No hizo ningún movimiento, en cambio sus parpados se abrieron lo suficiente para permitirle ver un poco del área que lo rodeaba. Señales de la luz del día permitían que el hechicero pudiera ver los árboles, la línea de las flores centinelas, y el prado en que él se encontraba acostado.

Lo que Rhonin no podía ver era alguna señal de Krasus. Fue entonces que se sentó, buscando al mago dragón. Seguramente Krasus debía de estar en algún lugar del claro de la luna. Pero después de revisar el lugar, la desaparición de Krasus no podía negarse.

Con precaución el hechicero se levantó y fue al borde del claro de la luna. Las flores giraron hacia él, cada flor abriéndose totalmente. Rhonin fue tentado a probar que tan fuertes eran, pero sospecho que un semidiós no se tomaría la molestia de ponerlas ahí si no fueran capaces de lidiar con un mortal.

Mirando hacia el bosque Rhonin susurró – ¿Krasus?-

Nada.

Mirando los arboles justo más allá de su prisión, el hechicero frunció su frente. Algo no se veía igual, pero no sabía exactamente que era.

Dio unos pasos atrás, tratando de pensar. y momentáneamente se dio cuenta que estaba en una sombra.

– ¿Dónde está el otro?- Preguntó Cenarius, sin ninguna señal de amabilidad en su tono de voz. Aun estando despejado, se sintió un fuerte viento que vino de la nada para estremecer al humano. – ¿Dónde está tu amigo?-

Frente al semidiós, Rhonin mantuvo su expresión neutral. – No lo sé. Acabo de despertarme y él ya no estaba.-

Las orbes doradas de esta figura majestuosa y su mirada hicieron sentir un escalofrió por la espalda de Rhonin. – Hay señales preocupantes en el mundo. Algunos de los otros empezaron a sentir intrusos, criaturas de orígenes no naturales, husmeando, buscando algo o a alguien.- Estudió con su mirada detenidamente al hechicero. – Y vienen muy pronto por ti y por tu amigo que quien sabe dónde está.-

Cuáles sean estas criaturas sin nombre, Rhonin podía sospechar de que ser, por lo tanto él y Krasus tendrían menos tiempo del que ellos habrían imaginado.

Viendo que su “invitado” no tenía nada que decir, Cenarius agregó: – Tu amigo no habría podido escapar sin ayuda de alguien más, pero te dejó a ti atrás. ¿Por qué?- – Yo.¬- Habían aquellos quienes insistieron que debía haberlos entregado inmediatamente, ellos habrían encontrado por otros medios la razones por las cuales ustedes estén aquí y que es lo que trae tanto interés de ustedes hacia los elfos de la noche. Yo los tenía hasta ahora convencidos de lo contrario sobre este tema.-

Los sentidos altamente desarrollados de Rhonin detectaron la presencia de otra fuerza poderosa la cual en su propia forma igualaba a la de Cenarius.

-Ahora veo que debo confiar en la mayoría.- El señor del bosque afirmó con seguridad. – Escuchamos tu llamada. – Gruñó una voz profunda y ponderosa.

-Admites que te equivocaste. –

El mago trató de voltear y mirar a quien hablaba con tan potente voz, pero sus piernas y su cuerpo entero, no respondía a sus órdenes.

Algo más intenso que un semidiós estaba detrás de Rhonin. Cenarius no se veía complacido por los comentarios del otro personaje – Solamente admito que se deben realizar otros métodos.-

– La verdad será conocida… – Una mano peluda y pesada con garras apretó el hombro de Rhonin con una fuerza dolorosa. -… y será conocida pronto. –

Regresar al índice de La Guerra de los Ancestros I – El Pozo de la Eternidad

Share

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.