WoW Crónicas II – Capitulo III: El ascenso de la Horda

La Segunda Invasión de Azeroth

En los milenios posteriores al destierro forzado de los draenei de Argus, Sargeras continuó con su cruzada al mando de la terrorífica Legión Ardiente. Incontables mundos cayeron bajo la furia de los demonios; civilizaciones enteras desaparecieron de la faz de la existencia.

Sin embargo, un mundo resistió al imparable envite de la Legión: Azeroth.

Azeroth era un mundo extraordinario, pues albergaba el espíritu durmiente de un titán. Un espíritu destinado a superar al propio Sargeras. Como bien sabía el soberano de la Legión, si Azeroth caía ante los señores del vacío se convertiría en un arma más poderosa que el propio Sargeras.

Sin embargo, Sargeras ansiaba conquistar Azeroth antes de que los señores del vacío lo envolvieran en su oscuridad, por lo que dispuso una gigantesca invasión. Demonios de mil tipos y formas aparecieron en Azeroth dispuestos a masacrar a sus habitantes y anegar la tierra con su magia vil La Guerra de los Ancestros daba comienzo.

Pero entonces, sucedió lo imposible: los habitantes de Azeroth, liderados por una noble raza conocida como los elfos de la noche, derrotaron a la Legión y expulsaron a los demonios de vuelta al Vacío Abisal.

Pozo de la Eternidad

Pozo de la Eternidad

La derrota enfureció a Sargeras. Obsesionado con conquistar Azeroth a toda costa, el titán caído planeó una segunda invasión. No obstante, el soberano de la Legión antes debía enfrentar una serie de problemas, entre ellos traer a sus demonios de regreso al mundo. Abrir un portal entre el Vacío Abisal y el mundo físico lo bastante grande y estable para dar cabida a un ejército era de todo menos sencillo y requería de cantidades astronómicas de energía. Durante la primera invasión, la Legión se apoyó en el poder del Pozo de la Eternidad de Azeroth, una inmensa fuente de energía arcana que permitió a los demonios establecer un puente entre Azeroth y el Vacío. Sin embargo, el Pozo de la Eternidad fue destruido durante la primera invasión y, aunque existían otros caminos para acceder al mundo, requerían de considerable tiempo y esfuerzo. Además, Sargeras se aseguraría de que la Legión no encontrara de nuevo una resistencia significativa que torpedeara su invasión. Su estrategia pasaba por debilitar a los habitantes de Azeroth antes de que su Legión pisara siquiera el mundo.

Entonces, Sargeras tuvo una idea: buscaría nuevas armas con las que castigar a los defensores de Azeroth antes de ordenar la invasión de sus tropas demoníacas. Decidido, Sargeras ordenó a sus seguidores escudriñar el universo entero para hallar nuevas razas a las que corromper y sumar a las filas de la Legión.

Mientras tanto, el titán caído centró su atención en Azeroth con la intención de encontrar a un individuo de gran poder que actuara como conducto de su nueva invasión.

Nordrassil, gigantesco Árbol del Mundo

Nordrassil, gigantesco Árbol del Mundo

El segundo Pozo de la Eternidad

Aunque el Pozo de la Eternidad había sido destruido, no toda su energía se desvaneció. Un elfo de la noche llamado Illidan Tempestira robó parte del agua de la fuente y la empleó para crear un nuevo Pozo de la Eternidad.

Sargeras y su Legión no tardaron en descubrir la existencia del nuevo Pozo, pero no podían aprovechar esta nueva fuente de poder como hicieron con el primer Pozo de la Eternidad debido a que la segunda fuente estaba coronada por Nordrassil, un gigantesco Árbol del Mundo encantado para proteger la energía del Pozo.

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