El Pozo de la Eternidad – Capítulo Cinco

Brox tuvo un mal, mal sentimiento acerca de su misión.

-¿Dónde están?- Murmuró. – ¿Dónde están?-

¿Cómo se oculta un dragón? El orco quería saberlo. Las pistas eran muy evidentes, pero luego todo lo que él y Gaskal podían encontrar después eran las huellas de un humano, tal vez dos. Dado que los orcos estaban lo suficientemente cerca como para darse cuenta si un dragón se lanzó al aire -y que habían visto tan sorprendente lugar – entonces sólo tenía sentido que el Dragón tenía que estar cerca.

-Tal vez por ese camino- sugirió el guerrero más joven, con el ceño fruncido profundo. – Aquel pasaje.-

-Demasiado estrecho.- gruñó Brox. Olió el aire. El aroma de dragón llenó su nariz. Casi oculta por el olor del humano. Dragones y magos.

Con tregua o sin tregua, este sería un buen día para morir… si Brox sólo pudiera encontrar a sus enemigos.

Se arrodilló para estudiar mejor las pistas, el veterano tuvo que admitir que la sugerencia de Gaskal tuvo más sentido. Los dos conjuntos de pisadas condujeron al desfiladero, mientras que el dragón se había simplemente esfumado. Sin embargo, si el orco se enfrentara a los otros intrusos, la bestia seguramente vendrá.

Al no dar a su compañero signo de sus verdaderas intenciones, el viejo guerrero se levantó. – Vamos.-

Con sus armas listas, trotaban por el pasaje. Brox resopló mientras miraba por encima. Definitivamente era demasiado estrecho para un dragón, aunque sea un dragón de mediana estatura. ¿Dónde estaba la bestia?

Sólo habían pasado a una corta distancia cuando desde más lejos oyeron el aullido de una bestia monstruosa. Los dos orcos se miraron, pero no se detuvieron. Ningún verdadero guerrero arranca al primer sonido de peligro.

Mientras más profundo iban notaban que las sombras jugaban, haciendo parecer como si las criaturas antinaturales acechaban alrededor de ellos. La respiración de Brox se hizo más pesada mientras trataba de mantener el ritmo de Gaskal, mientras sostenía su pesada hacha fuertemente en la mano.

Un grito, -un grito humano- se hizo eco sólo un poco más adelante.

– Brox- el orco más joven dijó.

Pero en ese momento, una visión monstruosa llenó su vista, una imagen de fuego como nada que hubiese visto antes.

Llenó todo el camino, desbordando incluso la roca. No parecía vivo, pero sin embargo, se movía con propósito. Los sonidos aleatorios y caóticos llenaron las orejas de los orcos y cuando Brox miró hacia el centro, sentía como si se mirase dentro para siempre.

Los orcos no eran criaturas sujetas al miedo fácil, pero la monstruosa visión mágica sin duda dejó abrumado a los dos guerreros. Brox y Gaskal se congelaron antes de que fueran conscientes de que sus armas giraban a un lado.

Brox había deseado una muerte heroica, pero ninguna como esta. No había nobleza en morir así. Parecía capaz de tragárselo con la misma facilidad y sin previo aviso como lo haría a un mosquito.

Y eso hizo que tomase una decisión.

-¡Gaskal! ¡Muévete! ¡Corre!-

Sin embargo, el propio Brox no siguió su propia orden. Se dio la vuelta para correr, sí, pero se resbaló como un torpe bebé en la nieve resbaladiza. El enorme orco cayó al suelo, golpeándose la cabeza. Su arma cayó fuera de su alcance.

Gaskal, sin darse cuenta de lo que le había pasado a su compañero, pues no había huido, se lanzó a un lado, a una depresión en una de las paredes rocosas. Allí se plantó en el interior, determinado en la protección de la sólida roca.

Aun tratando de aclarar su mente, Brox se fijó en el error de Gaskal.

Poniéndose de rodillas, le gritó: -¡Ahí no! ¡Lejos!-

Pero la cacofonía de sonidos ahogó su advertencia. La terrible anomalía se adelantó… y Brox observó con horror como Gaskal fue capturado en su propio refugio.

Mil gritos escaparon del orco herido, tanto como un Gaskal joven y creciendo hasta uno viejo al mismo tiempo.

Los ojos de Gaskal se hincharon y su cuerpo se agitó como un líquido. Se estiraba y contraía… Y con un último grito impío, el orco más joven se encogió dentro de sí mismo, mientras se contraía más y más… hasta que desapareció por completo.

– ¡Por la Horda…!-

Brox se quedó sin aliento, de pie. Se quedó mirando el lugar donde Gaskal había estado, todavía de alguna manera con la esperanza de que su compañero apareciese milagrosamente ileso.

Entonces, finalmente, se hundió en el presentimiento que sería segundo de ser engullido por la misma monstruosidad.

Brox se volvió instintivamente, agarró su hacha y se echó a correr. No sentía ninguna vergüenza en ello. Un orco no puede luchar contra esto. Morir como Gaskal había muerto sería un gesto inútil.

Pero tan rápido como el orco corría, la visión de fuego se movía más rápido. Casi ensordecido por los innumerables sonidos y voces, Brox apretó los dientes.

Él sabía que no podía devolverse, no ahora, solo siguió avanzando…

Consiguió dar sólo dos pasos más antes de que se lo tragara entero.

****

Cada hueso, cada músculo, cada nervio en el cuerpo de Krasus gritó. Era la única razón por la que el dragón mago finalmente se movió desde el abismo negro de la inconsciencia.

¿Qué había pasado? Él aún no sabía muy bien. En un momento, había estado tratando de llegar a Rhonin y entonces de alguna manera a pesar de no estar cerca de que él, también había sido tragado por la anomalía. Su vínculo mental con el hechicero humano había arrastrado literalmente a Krasus.

Imágenes pasaron por su confundida mente de nuevo. Paisajes, criaturas, artefactos y Krasus había presenciado el final de su aspecto.

¿Aspecto? Esa palabra convocó otra terrible visión, que él había olvidado por suerte hasta ahora. En el medio del remolino caótico del tiempo, Krasus había visto un espectáculo que dejó su corazón y esperanza hecho añicos.

Allí, en el centro de la furia, había visto a Nozdormu, el gran aspecto del tiempo… atrapado como una mosca en una red.

Nozdormu había estado ahí, es su terrible gloria, un vasto dragón, no de carne, sino de la arena dorada de la eternidad. Sus brillantes ojos parecidos a gemas, ojos del color del sol, habían estado bien abiertos, pero no había notado la insignificante figura de Krasus. El gran dragón había estado en medio de tanta batalla y agonía, aún atrapado luchando para mantener todo unido -absolutamente todo-.

Nozdormu fue víctima y salvador a la vez. Atrapado en todos los tiempos, también se caiga a pedazos. Si no fuera por el Aspecto, el tejido de la realidad se habría derrumbado en el acto. Krasus sabía que el mundo habría desaparecido para siempre. Nunca tendría que haber existido.

Una nueva oleada de dolor atravesó a Krasus. Gritó en la antigua lengua de los dragones, momentáneamente perdía su control habitual. Sin embargo, con el dolor llegó a la conclusión de que aún vivía. Ese conocimiento le llevó a luchar, a esforzarse de nuevo a la plena conciencia… Abrió los ojos.

Los árboles saludaban su mirada. Imponentes y frondosos árboles con copas verdes que casi tapaban el cielo. Un bosque en la flor de la vida. Los pájaros cantaban, mientras que otras criaturas se apresuraban a través de la maleza que crujía.

Vagamente Krasus miró la puesta de sol y las suaves nubes a la deriva.

El paisaje tan tranquilo hizo al dragón mago preguntarse si después de todo había muerto e ido al más allá. Entonces, un sonido no tan celestial, balbuceando una maldición, llamó su atención. Krasus miró a su izquierda.

Rhonin se frotó la parte posterior de la cabeza mientras trataba levantarse ligeramente. El hombre de cabellos de fuego aterrizó boca abajo a pocos metros de su antiguo mentor. El hechicero escupió trozos de tierra y hierba, luego parpadeó. Por pura casualidad, miró en dirección a Krasus primero.

-¿Qué…?- Fue todo lo que logró decir.

Krasus trató de hablar, pero todo lo que salió de su boca en un principio era un graznido enfermo. Tragó saliva, luego intentó de nuevo.

-Yo… no lo sé. ¿Estás… estás herido o algo?-

Dobló los brazos y las piernas, Rhonin hizo una mueca.

-Me duele todo… pero… pero nada parece roto.-

Después de una prueba similar, el dragón mago llegó a la misma conclusión con respecto a sí mismo. Le asombró que haya llegado tan intacto… pero entonces recordó la magia de Nozdormu en el trabajo de la anomalía.

Tal vez el aspecto del tiempo le había observado después de todo e hizo todo lo posible para salvarlos a ambos.

Pero si ese fuera el caso…

Rhonin rodó sobre su espalda. – ¿Dónde estamos?¬- No podría decirte. Siento que debería saberlo, pero… – Krasus se detuvo a medida que el vértigo se apoderaba repentinamente de él. Volvió a caer al suelo y cerró los ojos hasta que pasara el sentimiento.

-¿Krasus? ¿Qué ha pasado?¬- Nada realmente… creo. Todavía no estoy recuperado de lo que pasó.

Mi debilidad desaparecerá.-

Sin embargo, señaló que Rhonin ya parecía mucho mejor, incluso sentado y tratando de estirarse. ¿Por qué un frágil humano sería mejor sobreviviente a la agitación de la anomalía que él?

Con firme determinación, Krasus también se incorporó. El vértigo trató de apoderarse de él otra vez, pero el dragón mago luchó para evitar caer.

Tratando de domar su mente de sus problemas, miró a su alrededor una vez más. Sí, él ciertamente detectó una familiarización sobre su entorno. En algún momento, él había visitado esta región, pero ¿Cuándo?

¿Cuándo?

La simple pregunta le llenó de un miedo repentino. Cuando…

Nozdormu está atrapado en la eternidad… la anomalía sigue abierta…

Los espesos bosques y las sombras crecientes creadas por el sol haciéndolo desaparecer hacen que sea prácticamente imposible de ver lo suficiente para identificar a la tierra. Tendría que tomar el aire. Seguramente un vuelo corta sería seguro. El área parecía desprovista de cualquier asentamiento.

-Rhonin, quédate aquí. Ahora voy a explorar desde arriba, volveré pronto.¬- ¿Estás seguro?¬- Creo que es absolutamente necesario.- Sin decir una palabra más, Krasus extendió los brazos y comenzó a transformarse.

O más bien, se intentó transformar. En cambio, el dragón mago se dobló de dolor y de una abrumadora debilidad. Todo su cuerpo estaba al revés y perdió todo sentido de equilibrio.

Unos brazos fuertes lo agarraron justo antes de caer. Rhonin lo recostó cuidadosamente, y luego ayudó a su compañero abajo.

-¿Estás bien? Parecía como si…-

Krasus lo interrumpió. – Rhonin… no pude transformarme. No pude transformarme…-

El joven mago frunció el ceño, sin comprender. – Sigues siendo débil, maestro Krasus. El viaje a través de esa cosa…¬- Y sin embargo, tú estás de pie. No lo tomes como una ofensa mía, humano, pero por lo que pasamos deberías haber quedado en un estado mucho peor que el mío.-

El otro asintió, comprendiendo.

-Me imagino que te pasó tratando de mantenerme con vida.¬- Tengo miedo de decir que una vez que entramos en ella, no pude hacer más por t¡ de lo que hice por mí mismo. De hecho, s¡ no fuera por Nozdormu… –

-¿Nozdormu?- Ensanchó los ojos Rhonin. – ¿Qué tiene que ver él con nuestra supervivencia?¬- ¿No lo ves?- – No.-

Al exhalar, el dragón mago describió lo que había visto. Mientras lo hacía, la expresión de Rhonin se hizo cada vez más sombría.

-Imposible…- el humano finalmente respiró.

-Aterrador.- Krasus lo corrigió. – Y ahora tengo que decir también que, incluso si Nozdormu nos salvó de las fuerzas primarias de la anomalía, me temo que no nos envió de regreso de dónde venimos… o incluso que tiempo.¬- ¿Crees… crees que estamos en un tiempo diferente?¬- Sí… pero en cuanto a qué período… no podría decirte. Tampoco puedo decir cómo vamos a ser capaces de volver a nuestra propia era.-

Cayendo hacia atrás, Rhonin miró al vacío. – Vereesa…-

-¡Ten valor! ¡Dije que no puedo decirte cómo vamos a ser capaces de volver, pero eso no quiere decir que no vamos a intentarlo! Sin embargo, nuestra primera acción ahora es encontrar abrigo y sustento… y un poco de conocimiento de la tierra. Si ponemos de nosotros mismos, podríamos ser capaces de calcular la mejor forma de encontrar la ayuda que necesitamos. Ahora, ayudarme a levantarme.-

Con la ayuda del humano, Krasus se puso de pie. Después de unos pocos pasos vacilantes, dijo estar lo bastante bien como para caminar. Una breve discusión sobre qué dirección tomar terminó con un acuerdo para dirigirse hacia el norte, hacia alguna colinas distantes. Allí los dos podrían ser capaces de ver lo suficiente sobre los árboles a la vista algún pueblo o ciudad.

El sol caía en el horizonte apenas una hora en su viaje, pero la pareja siguió adelante. Afortunadamente, Rhonin tenía en uno de sus bolsillos del cinturón algunos restos de comida del viaje y algunos arbustos que les pasaban suministrando puñados de bayas agrias comestibles. Además, la pequeña y casi élfica forma que Krasus llevaba requería mucha menos comida que su verdadera forma. Sin embargo, ambos eran conscientes de que al llegar el día siguiente tendrían que encontrar algo más sustancial si querían sobrevivir.

Las prendas más gruesas utilizadas para la montaña resultaron perfectas para mantener el calor cuando la oscuridad reinaba. Gracias a una visión superior de Krasus, les había permitido evitar algunas dificultades en su camino. Sin embargo, la cosa estaba lenta y la sed comenzó a hacerse sentir en la pareja.

Por último, un ligero sonido de goteo desde el oeste los llevó a un pequeño arroyo. Rhonin y Krasus se arrodillaron con gratitud y comenzaron a beber.

-Gracias a los Cinco.- Dijo el dragón mago mientras bebían. Rhonin asintió en silencio, demasiado ocupado tratando de tragarse toda la corriente.

Después de que se sentaron, los dos comieron su ración de comida. Krasus quería seguir, pero ni él ni Rhonin tenían claramente la fuerza para hacerlo. Ellos tendrían que descansar la noche aquí, y luego continuar a la primera luz del día.

Le sugirió la idea a Rhonin, quien estuvo de acuerdo. – Yo no creo que pueda dar un paso más.- añadió el hechicero. – Pero creo que aún puedo crear una fogata, si quieres.-

La idea de una fogata sedujo a Krasus, pero algo en su interior le advirtió en contra de ella. -Estaremos lo suficientemente caliente con nuestras prendas. Prefiero guiarme por el lado de la precaución por el momento.¬- Probablemente tengas razón. Podríamos estar en el momento de la primera invasión de la Horda por lo que sabemos.-

Eso parecía un poco improbable para Krasus, teniendo en cuenta la tranquilidad de los bosques, pero los siglos habían producido otros peligros. Afortunadamente, su ubicación actual se mantenía bastante alejada de la mayoría de las criaturas que pasaban cerca. Una pendiente ascendente también les dio una pared natural para esconderse.

Más agotados que de acuerdo, se quedaron dormidos donde estaban en el acto, literalmente. El sueño de Krasus, sin embargo, fue uno problemático en el cual sus sueños reflejaban acontecimientos.

Una vez más vio Nozdormu luchando contra lo que era su propia naturaleza. Vio todos los tiempos, enredado, confuso, y creciendo más inestable cada momento que existía la anomalía.

Krasus vio algo más también, un débil resplandor de fuego, casi como ojos, mirando con avidez sobre todo lo que vio. El dragón mago frunció el ceño en su sueño como su subconsciente intentaba recordar por qué esa imagen le parecía tan terriblemente familiar…

Pero luego, un leve tintineo de metal contra metal se entrometió, destrozando sus sueños y dispersando los trozos de distancia al igual, que Krasus estuvo a punto de recordar que representaban esos ojos ardientes.

Incluso mientras se agitaba, la mano de Rhonin le tapó la boca. Al principio de su larga, larga vida, tal afrenta habría hecho que el dragón enseñara a la criatura mortal una dolorosa lección de modales, pero ahora no, Krasus sólo tenía más paciencia que en su juventud, también tenía más confianza.

Efectivamente, se oía un tintineo de metales más una voz. Era muy ligero, pero a los oídos entrenados de cualquier hechicero, sonaba como un trueno.

Rhonin señaló hacia arriba. Krasus asintió. Estaban bajo cautela, tratando de ver por encima de la pendiente. Horas habían pasado desde que se aclaró, ya que se habían quedado dormidos. El bosque estaba en silencio para guardar las canciones de algunos insectos. Si no fuese por los breves sonidos no naturales que habían oído, Krasus no habría pensado nada mal.

A continuación, un par de grandes formas casi monstruosas se materializaron más allá de la pendiente. Al principio eran irreconocibles, pero una visión superior de Krasus los identificaba no como dos criaturas, sino como cuatro.

Un par de jinetes pasaron encima de panteras musculosas.

Eran altos, muy delgados, pero evidentemente eran guerreros. Iban vestidos con armaduras del color de la noche y llevaban en lo alto, cascos con cresta con los protección en la nariz. Krasus aún no podía distinguir sus rostros, pero se movieron con una fluidez que no vio en la mayoría de los seres humanos. Tanto los jinetes y sus monturas elegantes y negras viajaron a lo largo, poco preocupados de la oscuridad, lo que hizo que el dragón mago rápidamente advirtiera a su compañero.

– Ellos te verán antes de que puedas verlos claramente- susurró Krasus. – Lo que sean, no lo sé, pero no son de tu especie.¬- ¡Aún hay más!- Devolvió Rhonin. A pesar de su visión inferior, había estado mirando sólo en la dirección correcta para ver otro par de jinetes que se acercaban.

Los cuatro soldados se movían en silencio casi absoluto. Sólo el aliento ocasional de un animal o un movimiento metálico daba alguna señal de su presencia. Parecían estar involucrados en una intensa búsqueda…

Krasus llegó a la conclusión de que estaban buscando el miedo de Rhonin y el suyo.

Uno de los jinetes más destacados frenó su monstruosa montura de dientes de sable, luego levantó su mano hacia su rostro. Un pequeño destello de luz azul iluminó brevemente el área a su alrededor. En su mano enguantada el piloto sostenía un pequeño cristal, que se centró en el paisaje oscuro.

Después de un momento, tomó el artefacto con la otra mano, apagando la luz.

El uso del cristal mágico sólo en parte molestó a Krasus. Lo poco que había visto del cazador de ceño fruncido y rostro violeta, le preocupaba mucho más.

-Elfos de la noche… – susurró.

El jinete empuñando el cristal miró hacia el camino de Krasus.

-¡Nos han visto!- Murmuró Rhonin.

Maldiciéndose a sí mismo, Krasus sacó al hechicero junto a él. – ¡En los bosques más profundos! ¡Es nuestra única esperanza!-

Un solo grito resonó en la noche… y luego el bosque se llenó de jinetes. Su temible y ágil montura saltó a lo largo con sus patas acolchadas sin hacer ruido al moverse. Al igual que sus amos, tenía los ojos brillantes como la plata que les permitieron ver bien a su presa a pesar de la oscuridad. Las panteras rugieron vigorosamente, deseosas de llegar a su presa.

Rhonin y Krasus se deslizaron por una colina y en un matorral. Un jinete corrió por delante de ellos, pero otro se devolvió y continuaba su búsqueda. Detrás de ellos, más de una docena de jinetes repartidos por la zona, con la intención de atraparlos como una acorralada presa.

Los dos llegaron a la zona más densa, pero el primer jinete estaba casi sobre ellos. Girando alrededor, Rhonin gritó una sola palabra.

Una cegadora bola de pura fuerza golpeó al elfo de la noche en el pecho, enviándolo a volar de vuelta con su corcel al tronco de un árbol con un estrepitoso golpe.

El poderoso asalto sólo sirvió para que los otros fuesen más decididos a capturarlos. A pesar de la difícil marcha, los jinetes empujaron sus monturas. Krasus miró hacia el este y vio que otros ya tenían hecho su camino a ambos lados del dúo.

Instintivamente, lanzó un hechizo por su cuenta. Hablando en el lenguaje de la magia pura, debería haber creado un muro de llamas que habría mantenido a raya a sus perseguidores. En cambio, unas pequeñas hogueras irrumpieron en el camino en lugares al azar, la mayoría de ellas inútiles como cualquier defensa. A lo sumo, sirvió sólo como distracciones momentáneas a un puñado de jinetes. La mayoría de los elfos de la noche no le hicieron caso.

Peor aún, Krasus se dobló de nuevo en dolor y debilidad.

Rhonin fue al rescate de nuevo. Repitió una variante débil del hechizo del mago dragón, pero donde Krasus había obtenido resultados mediocres y una agonía física, el hechicero humano obtuvo una recompensa inesperada. Los bosques frente sus perseguidores explotaron con hambre y llamas robustas, llevando a los jinetes blindados a un completo desorden.

Rhonin parecía sorprendido ante los resultados en elfos de la noche, pero logró recuperarse más rápido. Fue donde Krasus y ayudó al dragón mago afectado por la escena.

– Ellos…- Krasus jadeaba en busca de aire. – ¡Van a encontrar un camino alrededor pronto! ¡Conocen este lugar tan bien como la palma de su mano!¬- ¿Cómo los llamaste?¬- Elfos de la noche, Rhonin. ¿Los Recuerdas?-

Tanto el dragón mago como el humano habían participado en la guerra contra la Legión Ardiente cerca o en Dalaran, cuentos habían venido de lejos de la aparición de los elfos de la noche, la legendaria raza de la que era descendiente los tipos como Vereesa. Los elfos de la noche habían aparecido cuando el desastre parecía inminente y era poco decir que el resultado podría haber sido diferente si no se hubieran unido a los defensores.

-¿Pero si se trata de elfos de la noche, entonces no seriamos aliados?¬- Te olvidas de que no estamos necesariamente en el mismo período de tiempo. De hecho, hasta antes su reaparición, se había pensado incluso por los dragones que su especie se había extinguido después de…- Dijo Krasus muy débil, no del todo seguro de que quería seguir sus pensamientos a una conclusión lógica.

Los gritos estallaron cerca. Tres jinetes cerraron tras ellos con espadas curvas. A la cabeza montaba el que portaba el cristal azul. Las llamas de Rhonin iluminaron su rostro, la hermosura típica de cualquier elfo se arruinaba por una cicatriz severa corriendo por el lado izquierdo cerca del ojo al labio.

Krasus trató de lanzar otro hechizo, pero sólo sirvió para enviarlo a sus rodillas. Rhonin lo guió hacia abajo, luego se enfrentaron a los atacantes.

-¡Rytonus Zerak!- Gritó.

Los grupos más cercanos pronto agruparon, formando una barrera en forma de red. Un jinete pasó entre ellos y se deslizó de su montura. Un segundo frenó su pantera y se detuvo detrás de uno de los capturados.

Su líder cortó las ramas como si cortara el aire, su espada dejando un relámpago rojo en su estela mortal.

-¡Rhonin!- Krasus logró gritar. – ¡Huye! ¡Vete!-

Su antiguo alumno tenía la menor intención de obedecer la orden que el dragón mago le había dado. Rhonin metió la mano en su bolsa de la correa y de ella sacó lo que parecía en un principio una banda de brillante mercurio. El mercurio rápidamente se convirtió en una hoja brillante, un regalo para Rhonin de un comandante elfo al final de la guerra.

A la luz de la espada del hechicero, la expresión altiva del líder de los elfos de la noche transformó en sorpresa. Sin embargo, encontró la espada de Rhonin con la suya.

Chispas carmesí y plateadas saltaron. Todo el cuerpo de Rhonin se sacudió. El elfo de la noche casi se deslizó de la silla de montar. La pantera rugió, pero debido a su jinete no pudo arañar a su enemigo con sus garras afiladas.

Ellos intercambiaron golpes de nuevo. Rhonin podía ser un mago, pero había aprendido a lo largo de su vida el valor de ser capaz de luchar a mano. Vereesa lo había entrenado incluso con los guerreros más experimentados… y con la hoja élfica tenía una buena probabilidad de éxito contra cualquier enemigo.

Pero no en contra de muchos. A pesar de que se mantuvo tanto contra elfo de la noche y la bestia, otros tres jinetes llegaron, dos llevando una red. Krasus oyó un ruido a sus espaldas y miró por encima de su hombro para ver a tres más llegando, teniendo también una enorme red.

Por mucho que lo intentara, no podía pronunciar las palabras para que salgan. Él, un dragón, no podía hacer nada.

Rhonin vio la primera red, mantuvo la espada preparada en caso de que los elfos de la noche trataran de atraparlo. El líder instó a su montura hacia adelante, manteniendo la atención de Rhonin.

– ¡D…detrás de ti!- Krasus llamó, la debilidad lo vencía de nuevo. – Hay otro…-

Una bota pateó al mago debilitado en la cabeza. Krasus conservó la conciencia, pero no podía concentrarse. A través de los ojos legañosos, vio como las formas oscuras de los elfos de la noche se acercaban a su compañero.

Rhonin se defendió de un par de hojas, perseguido de nuevo por uno de los grandes gatos… y la red lo atrapó desde detrás.

Se las arregló para cortar una sección, pero la segundo red cayó sobre él, enredándolo por completo. Rhonin abrió su boca, pero el primer jinete avanzó y le golpeó con fuerza en la mandíbula con su puño.

El mago humano cayó.

Enfurecido, Krasus logró pararse hasta la mitad de su estupor. Murmuró y señaló al líder.

Su hechizo funcionó esta vez, pero se extravió. Un rayo de oro salió disparado pero no golpeó a su objetivo, sino más bien un árbol cerca de uno de los otros cazadores. Tres grandes ramas arrancadas, cayeron en un jinete aplastándolo tanto a él como a su montura.

Los demás elfos de la noche miraron en dirección a Krasus. El mago dragón trató inútilmente de protegerse a sí mismo de los puños y las botas que le golpearon en la sumisión… y, finalmente, perdió del conocimiento.

Vio cómo sus subordinados golpeaban a la peculiar figura que tenían, asesinando a uno de los suyos más por casualidad que por habilidad. Mucho después de que quedó claro que su víctima había perdido el conocimiento, dejó que sus guerreros descargaran su frustración en el cuerpo inmóvil. Las panteras silbaban y gruñían oliendo la sangre, y era todo lo que los elfos de la noche podían hacer para evitar que se unan en la violencia.

Cuando consideró que se había llegado a los límites de seguridad, que cualquier otra paliza pondría en peligro la vida de su prisionero, dio la orden de detenerse.

-Lord Xavius los quiere a todos vivos. – Replicó el elfo de la noche lleno de cicatrices. – No queremos decepcionarlo, ¿verdad?-

Los otros se enderezaron, un temor apareció repentinamente en sus ojos.

Bien puede ser que el miedo -pensó- porque Lord Xavius tenía una tendencia a premiar los descuidos con la muerte… una muerte lenta, dolorosa y persistente.

Y a menudo elegía la mano voluntaria de Varo’then para hacer frente a la muerte.

-Tuvimos cuidado, capitán Varo’then.- Uno de los soldados insistió con rapidez.

-Van a sobrevivir a tanto viaje…-

El capitán asintió. Todavía le asombraba cómo el consejero de la reina había detectado la presencia de estos inusuales extraños. Xavius, le había dicho al fiel Varo’then que había sido una especie de manifestación extraña y que quería que el capitán investigara y trajera de vuelta cualquier extraño descubierto en las cercanías. Varo’then, siempre ojo avizor, se había dado cuenta del leve ceño en la frente del consejero, el único indicio de que Xavius estaba más preocupado acerca de esta desconocida “manifestación” de lo que insinuaba.

Varo’then miró a los prisioneros ya que sus cuerpos se subieron sin contemplaciones sobre una de las panteras. Cualquiera cosa que el consejero seguramente esperaba, no era un par de este tipo. El débil, quien había logrado el último hechizo parecía vagamente a un elfo de la noche, pero su piel era pálida, casi blanca. El otro, obviamente, un hechicero más joven y con mucho más talento… Varo’then no sabía qué pensar de él. No se parecía a un elfo de la noche… pero claramente no lo era. No se parecía a alguna criatura que el veterano soldado jamás hubiera visto.

-No importa. Lord Xavius va arreglar todo.- Varo’then murmuró para sí mismo.

-Incluso si tiene que sacarles miembro a miembro o desollarlos vivos para obtener la verdad…-

Y por supuesto lo que el consejero dijera, bueno, el leal capitán Varo’then estaría allí para prestar su mano experta.

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