El Pozo de la Eternidad – Capítulo Cuatro

Sintió el lento pero constante crecimiento de las hojas, las ramas y las raíces. Sintió dentro la sabiduría eterna y los pensamientos eternos. Cada gigante tenía su propia y única firma, al igual que ocurre con cualquier persona.

-Son los guardianes del bosque.- Llegó la voz de su mentor. – Son tanto su alma como de él. Son el bosque. Ahora… vuelve con nosotros…-

La mente de Malfurion Stormrage respetuosamente se retiraba de los árboles gigantescos, el más anciano de la boscosa tierra. Mientras se retiraba, sus alrededores físicos reaparecieron poco a poco, aunque turbio al principio. Él destelló sus ojos color plata sin pupilas, dándoles por dentro un nuevo foco. Su respiración era entrecortada, pero su corazón se llenó de orgullo. ¡Nunca antes había llegado tan lejos!

-Has aprendido bien, joven elfo de la noche.- Una voz como de oso gruñó.

-Mejor de lo que yo podía esperar…-

El sudor corría por el rostro violeta de Malfurion. Su mentor había insistido en que intente el siguiente monumental paso a la altura del día, tiempo en el que su pueblo estaba en el punto más débil. Si hubiera sido de noche, Malfurion estaba seguro de que habría sido más fuerte, pero como Cenarius señaló una y otra vez, eso iría en contra del objetivo. Lo que su mentor le enseñó no era la magia de los elfos de la noche, sino exactamente lo opuesto.

Y en muchos sentidos, Malfurion ya se había convertido en lo contrario de su pueblo. A pesar de sus tendencias hacia la ropa extravagante por ejemplo, el propio Malfurion estaba muy tenue. Una túnica de tela, un sencillo jubón, un pantalón de cuero y botas que llegaban hasta las rodillas… sus padres, de no haber muerto en un accidente hace un par de años, seguramente se habrían muerto de vergüenza.

Su largo pelo color verde oscuro que llegaba hasta los hombros, rodeado de un rostro estrecho parecido a un lobo. Malfurion se había convertido en un paria entre los de su clase. Hizo preguntas, sugirió que las viejas tradiciones no son necesariamente los mejores, e incluso se atrevió a mencionar una vez que la amada reina Azshara no siempre puede tener las preocupaciones de sus súbditos por sobre sus pensamientos. Estas acciones le dejaron un poco asociado e incluso con menos amigos.

De hecho, en la mente de Malfurion, solo podía realmente contar con tres seres como amigos. En primer lugar tenía a su hermano gemelo Illidan, igualmente de problemático. Aunque Illidan no rehuía de las tradiciones y la hechicería de los elfos de la noche tanto como él, tenía una tendencia a cuestionar la autoridad del gobierno de los ancestros, que también era un gran crimen.

-¿Qué has visto?-

Le pregunto a su hermano, sentado a su lado en la hierba con impaciencia. Illidan habría sido idéntico a Malfurion, si no fuera por su pelo azul medianoche y ojos color ámbar. Casi todos los elfos de la noche tenían ojos de plata. Los muy pocos que nacen con los de ámbar eran vistos como destinado a la grandeza.

Pero si la grandeza iba a ser de Illidan, primero tenía que frenar tanto la paciencia como la impaciencia. Había venido con su gemelo al estudio de este nuevo camino que utiliza el poder de la naturaleza, su mentor lo llamó “druidismo”, creyendo que sería el alumno más rápido. En cambio, a menudo hizo hechizos mal ubicados y no pudo concentrarse lo suficiente para mantener la mayoría de los trances. Que fuese bastante hábil para la hechicería tradicional no hizo mitigar a Illidan. Había querido aprender los caminos de druidismo porque esas habilidades únicas le marcarían como diferente, al punto de que todo el mundo había hablado del potencial desde su nacimiento.

-Vi…- ¿Cómo explicar eso incluso a su hermano? La frente de Malfurion arrugó. – Vi los corazones de los árboles y sus almas. No sólo ellos, también vi… ¡Creo que vi a las almas de todo el bosque!- ¡Qué maravilla!- Jadeó una voz femenina a su otro lado.

Malfurion luchaba por mantener que sus mejillas se oscurezcan al negro, para el elfo de la noche equivale a la vergüenza. Últimamente se ha encontrado más y más incómodo cerca de sus compañeros…. pero aun así él no podía imaginarse lejos de ella.

Con los hermanos había llegado Tyrande, su mejor amiga desde la infancia. Habían crecido juntos los tres, inseparables en todos los sentidos hasta el año pasado, cuando ella había tomado el manto de una sacerdotisa novicia en el Templo de Elune, la diosa de la luna. Allí aprendió a estar en sintonía con el espíritu de la diosa, aprendió a usar los dones que a todas sacerdotisas se les es concedido con el fin de hacerles correr la voz de su diosa. Ella había sido quien había alentado a Malfurion cuando él había decidido pasar de la hechicería de los elfos de la noche al poder terrenal de los druidas. Tyrande vio al druidismo como una fuerza afín de las habilidades a su deidad que le serian concedidas una vez que complete su propia formación.

Sin embargo, desde una niña delgada y pálida que más de una vez había superado los dos hermanos en las carreras y la caza, Tyrande se había convertido, desde que llegó al templo, en una belleza delgada pero bien curvada, su piel suave ahora, violeta luz suave y su pelo azul oscuro con vetas de plata.

La cara ratonil había crecido más completa, mucho más femenina y atractiva.

Tal vez demasiado atractiva.

– ¡Uf!- Agregó Illidan, no muy impresionado. – ¿Eso era todo?- Es un buen comienzo.- tronó su tutor. La gran sombra cayó sobre los tres jóvenes elfos de la noche, ahogando incluso boca desenfrenada de Illidan.

A pesar de sus más de dos metros de altura, el trío fue eclipsado por Cenarius, que estaba muy por encima de los diez metros.

Su torso era similar al de Malfurion, aunque una pista del bosque esmeralda coloreó su piel oscura y era mucho más amplio y más musculoso que cualquiera de sus estudiantes varones. Más abajo de la parte superior del cuerpo terminaba cualquier similitud. Cenarius no era un sencillo elfo de la noche, después de todo. Ni siquiera era mortal.

Cenarius era un semidiós.

Sus orígenes sólo él los conocía, era tanta su cercanía con el gran bosque, que ya era parte de él.

Cuando habían aparecido los primeros elfos de la noche, Cenarius ya había existido. Afirmó parentesco con ellos, pero nunca les había dicho de qué manera.

Los pocos que fueron a él con propósito de orientación siempre cambiaron y lo dejaron. Otros en cambio no se fueron, llegando a ser tan transformados por sus enseñanzas que optaron al unirse al semidiós en la protección de su reino. Aquellos ya no eran elfos de la noche, eran guardianes del bosque alterados físicamente para siempre.

Con una espesa melena de musgo verde que fluía de su cabeza, Cenarius miró con cariño a sus alumnos con sus ojos como orbes de oro puro.

Acarició a Malfurion suavemente en el hombro con las manos que parecían viejas garras de madera nudosas todavía capaces de rasgar al elfo de la noche en pedazos y sin esfuerzo, entonces retrocedió… en sus fuertes cuatro patas.

La parte superior del torso del semidiós podría parecerse a la de un elfo de la noche, pero la parte más baja era la de un enorme y magnífico ciervo. Cenarius se movía sin esfuerzo, tan rápido y ágil como cualquiera de los tres.

Tenía la velocidad del viento, la fuerza de los árboles. En él se reflejaba la vida y la salud de la tierra. Él era el padre y su hijo, todo en uno.

Y al igual que un ciervo, él también tenía cuernos gigantes, astas gloriosas que daban sombra a su rostro severo pero paternal.

Emparejado en importancia sólo por su larga barba, las astas fueron el último recordatorio de que existía un vínculo de sangre entre los semidioses y los elfos de la noche, lejos, lejos en el pasado.

-Todos ustedes lo han hecho bien. – Agregó con la voz que siempre sonaba como un trueno. Hojas y ramas literalmente crecían en su barba, el pelo se sacudía cada vez que la deidad hablaba. – Debes irte ahora. Debes estar en vínculo contigo mismo. Te hará bien.-

Los tres se pararon, pero Malfurion vaciló. En cuanto a sus compañeros, dijo:

-Vayan ustedes adelante. Nos vemos a la vuelta del camino. Tengo que hablar con Cenarius.-

-Podríamos esperar.- Respondió Tyrande.

-No hay necesidad. No tardaré mucho.-

-Entonces, eso significa- Illidan intervino rápidamente, tomando del brazo a Tyrande. – Que debemos dejarlo. Vámonos Tyrande.-

Ella dio a Malfurion una última mirada persistente que le hizo apartarse de ocultar sus emociones. Esperó a que los dos se fueran, para luego volverse otra vez al semidiós.

El sol poniente creaba sombras en el bosque que parecía bailar por el placer de Cenarius.

El semidiós sonrió a las sombras danzantes, los árboles y otras plantas que se movian en tiempo con ellos.

Malfurion cayó sobre una rodilla, con la mirada a la tierra.

-Mi Shan’do.-

Comenzó, llamando a Cenarius por el título que significaba en la antigua lengua “Maestro Honrado.” – Perdóname por preguntar… –

-No debes actuar antes que yo, joven. Levántate…-

El elfo de la noche obedeció de mala gana, pero mantuvo la mirada hacia abajo.

Esto hizo que el semidiós riera, un sonido acentuado por el súbito canto alegre de los pájaros cantores. Siempre que Cenarius reaccionaba, el mundo reaccionaba en concierto con él.

-Me pagas más homenaje que aquellos que dicen predicar en mi nombre. Tu hermano no se inclina ante mí y a todo respeto de mi poder, Tyrande da todo de sí misma sólo para Elune.-

-Te ofreciste para enseñarme… nos.- Respondió Malfurion.

-Lo que ningún elfo de la noche nunca ha aprendido… – Él todavía recuerda el día en que se había acercado al bosque sagrado. Legendas abundaron sobre Cenarius, pero Malfurion quería saber la verdad. Sin embargo, cuando él había llamado al semidiós, en realidad no esperaba una respuesta.

Tampoco esperaba de Cenarius que se ofreciera a ser su maestro. ¿Por qué el semidiós asumiría tal -mundana- tarea que fue más allá de Malfurion? Sin embargo, allí estaban juntos. Eran más que deidad y elfo de la noche, más que profesor y alumno… también eran amigos.

-Ningún otro elfo de la noche realmente desea aprender mis caminos.- Respondió Cenarius. – Incluso aquellos que han tomado el manto de la selva… ninguno de ellos realmente ha seguido el camino que ahora te mostraré. Eres el primero con la capacidad posible, la posible voluntad, en verdad entiendes cómo manejar las fuerzas inherentes de toda la naturaleza. Y cuando digo “tú”, joven elfo, hablo totalmente en singular.-

Esto no era lo que Malfurion esperaba escuchar, sin duda las palabras del semidiós lo golpearon duro.

-¿Pero… pero Tyrande e Illidan?- El semidiós negó con la cabeza.

-Por Tyrande, ya hemos hablado. ¡Ella se ha comprometido para Elune y no voy a usurpar en el reino de la Diosa de la Luna! De tu hermano sin embargo, sólo puedo decir que hay mucho potencial en él… pero creo que ese potencial está en otra parte.- Yo… yo no sé qué decir…- Y en verdad Malfurion no sabía. Que se le informe tan de repente que Illidan y él no seguirían el mismo camino, que Illidan empezó incluso a perder sus esfuerzos aquí… era la primera vez que los gemelos no compartían un éxito.

-¡No! ¡Illidan aprenderá! ¡Es sólo más testarudo! ¡Hay mucha presión sobre él!

Sus ojos.-

-Es un signo de alguna marca de futuro en el mundo, pero no lo hará siguiendo mis enseñanzas.-

Cenarius le dio a Malfurion una suave sonrisa. – Pero vas a tratar de enseñarle tú mismo, ¿No? Tal vez puedas tener éxito donde yo he fallado.-

El elfo de la noche se sonrojó. Por supuesto, su Shan’do leía sus pensamientos sobre el tema. Sí, Malfurion tenía la intención de hacer todo lo posible para empujar Illidan más adelante… pero sabía que al hacerlo sería una dura tarea. Aprendiendo del semidiós era una cosa, aprender de Malfurion sería otra. Esto demostraría que Illidan no era el primero, sino el segundo.

-Ahora.- Añadió el Señor del Bosque en silencio, vio como un pequeño pájaro rojo se posó en sus astas y su compañero lo hizo más pálido en su brazo.

Estos lugares eran comunes en torno a Cenarius, pero nunca dejaron de maravillarle al elfo. – Viniste a pedirme algo…- Sí. Gran Cenarius… he estado preocupado por un sueño, uno que ocurre de nuevo.-

Los ojos dorados se estrecharon. – ¿Sólo un sueño? ¿Eso es lo que te preocupa?-

Malfurion hizo una mueca. Ya se había reprendido a sí mismo varias veces por pensar en distraer al semidiós con su problema. ¿Qué daño hace un sueño, incluso uno que se repitiera? Todo el mundo sueña.

-Sí… se trata de mí cada vez que me acuesto y desde que he estado aprendiendo de ti… ha crecido más fuerte, más exigente.-

Esperaba que Cenarius se riese de él, pero el Señor del Bosque lo estudió detenidamente. Malfurion sintió los orbes de oro -mucho más que los de su propio hermano- en lo profundo de él, leyendo al elfo de la noche por dentro y por fuera.

Por fin, Cenarius se echó hacia atrás. Él asintió con la cabeza para sí mismo y en voz más solemne dijo: – Sí, creo que ya estás listo.- ¿Listo para qué?-

En respuesta, Cenarius levantó una mano. El pájaro rojo saltó a la mano tendida, y un compañero se unió allí. El semidiós acarició la espalda de ellos un tiempo, les susurró algo, y entonces la pareja salió volando.

Cenarius miró al elfo de la noche.

-A Illidan y Tyrande se les informará de que te vas a quedar atrás por un tiempo. Se les ha dicho que se vayan sin ti.- ¿Pero por qué?-

Los ojos dorados brillaron. – Háblame de tu sueño.-

Tomando una respiración profunda, Malfurion comenzó. El sueño comienza como siempre, con el Pozo de la Eternidad como punto central. Al principio, las aguas estaban en calma, pero luego, desde el centro, una vorágine rápidamente se formaba… y desde el fondo de la vorágine, criaturas salían, algunas de ellas inofensivas, otras malévolas. Muchos ni siquiera se reconocían, como si vinieran de otros mundos, a otros tiempos. Se propagaban en todas las direcciones, huyendo más allá de su vista.

De repente, el remolino se desvaneció y Malfurion se puso en medio de Kalimdor… pero un Kalimdor despojado de toda vida. Un horrible mal había asolado a toda la tierra, sin dejar siquiera una brizna de hierba o un pequeño insecto vivo. Las ciudades en otro tiempos orgullosas, los enormes y frondosos bosques… nada se habían salvado.

Más terrible aún, hasta donde alcanzaba la vista, los calcinados huesos de elfos de la noche yacían esparcidos por todas partes. Los cráneos se habían hundido. El hedor de la muerte era fuerte en el aire. Nadie, ni siquiera los viejos, enfermos o jóvenes, se habían salvado.

Un calor, un calor espantoso había atacado a Malfurion entonces. Se volvió y vio a lo lejos una gran chimenea, un infierno llegar de los cielos. Que quemaba todo lo que tocaba, incluso el viento. Cuando se movía, nada… absolutamente nada… se mantenía. Sin embargo, tan aterradora como la escena había sido que cuando por fin se había despertado el elfo de la noche no sintió sudor frío, sino más bien algo que había sentido por el fuego.

Había estado vivo. Sabía que los terrores que conoció se deleitaban en él. Se deleitaban… y por hambre de más.

Todo el humor había huido del rostro de Cenarius cuando Malfurion había acabado de hablar. Su mirada parpadeó a su amado bosque y las criaturas que prosperaban dentro. – ¿Y esta pesadilla se repite con cada sueño?- En cada uno. Sin falta.- Me temo pues, que se trata de un presagio. Percibí en ti desde el primer encuentro los ingredientes para el don de la premonición, una de las razones por las que te elegí para que me dieras a conocerte, pero es más fuerte de lo que yo había esperado.- Pero, ¿Qué significa?- El joven elfo de la noche preguntó. – Si dices que esto es un presagio, tengo que saber lo que presagia.- Vamos a tratar de descubrir eso.- Dijo Cenarius. – Después de todo, ya estás listo.- ¿Listo para qué?- Cenarius se cruzó de brazos. Su tono se hizo más profundo.

-Listo para caminar al Sueño Esmeralda.-

No había nada de las enseñanzas del semidiós hasta el momento que se refirieran a este Sueño Esmeralda, pero la manera en que Cenarius habló de ello a Malfurion hizo darse cuenta de la importancia de esta nueva etapa.

-¿Qué es el sueño esmeralda?- ¿Qué no es? El Sueño Esmeralda es el mundo más allá del mundo de la vigilia. Es el mundo del espíritu, el mundo de los durmientes. Es el mundo como podría haber sido, si nosotros los seres sintientes no hubiéramos llegado a punto de arruinarlo. En el Sueño Esmeralda, es posible, con la práctica, ver cualquier cosa, ir a cualquier parte. Tu cuerpo va a entrar en un trance y su forma de sueño volará de ella a cualquier lugar al que tienes que ir.- – Parece… –

-¿Peligroso? Lo es, joven Malfurion. Incluso los bien entrenados, con experiencia, pueden perderse en él. Observas que lo llamo el Sueño Esmeralda. Ese es el color de su amante, Ysera, el gran Aspecto. Es su reino y su vuelo de dragón. Ella cuida bien y permite sólo a algunos entrar en él. Mis propias dríades y los encargados hacen uso del Sueño Esmeralda en sus funciones, pero con moderación.- Nunca había oído hablar de ello.- Admitió Malfurion con un movimiento de cabeza.

-Probablemente porque ningún elfo de la noche salvo los de mi servicio ha entrado alguna vez… y sólo cuando ya no eran de su raza. Tú serías el primero de tu raza en tomar verdaderamente el camino… si así lo deseas.-

La idea dejó a Malfurion un tanto nervioso y excitado. Sería el siguiente paso en sus estudios y una forma, tal vez, de dar sentido a su constante pesadilla. Sin embargo… Cenarius había dejado claro que el Sueño Esmeralda también podría ser mortal.

-¿Lo. lo que podría pasar? ¿Qué podría salir mal?- Incluso los experimentados pueden perder su camino de vuelta si se distraen.- Respondió el semidiós. – Incluso yo. Debes permanecer enfocado en todo momento, conocer tu meta. De lo contrario… de lo contrario tu cuerpo puede dormirse para siempre.-

Había más, el elfo de la noche sospechaba, pero Cenarius por alguna razón quería que aprendiera eso por su cuenta, si Malfurion decidía recorrer el Sueño Esmeralda.

Él decidió que no tenía más remedio. – ¿Cómo empiezo?-

Cenarius tocó con cariño la parte superior de la cabeza de su estudiante.

-¿Estás seguro?- Muy seguro.-

-Siéntate, como si estuviese dándote otra simple lección.- Cuando la figura más leve había obedecido, Cenarius bajó su propia forma de cuatro patas a la tierra.

-Yo te guiaré en este primer tiempo, luego te corresponde a ti. Fija tu mirada en la mía, elfo de la noche.-

Los orbes de oro del semidiós atraparon los ojos de Malfurion. Incluso si hubiera querido, habría realizado un esfuerzo gigantesco para que él tire de su propia mirada. Él se sintió atraído por la mente de Cenarius, redactado en un mundo donde todo era posible.

Un sentido de ligereza tocaba a Malfurion.

-¿Puedes sentir el canto de las piedras, la danza del viento, las risas de los torrentes de agua? –

En un primer momento, Malfurion no sintió nada de eso, pero entonces oyó el lento y constante de molienda, el desplazamiento de la tierra.

Demasiado tarde, se dio cuenta que se trataba de cómo las piedras y las rocas hablaban, durante eones, se dirigían de un punto del mundo a otro.

Después de eso, los otros se convirtieron en más evidente. Cada parte de la naturaleza tiene su propia voz. El viento hizo girar en pasos alegres cuando estaba contento, o en ráfagas violentas cuando el humor se oscurecía. Los árboles se sacudieron sus coronas y el agua furiosa de un río cercano se rieron como el pez en ella se lanzó hacia arriba para desovar.

Pero en el fondo… Malfurion creyó percibir discordia distante. Trató de concentrarse, pero no pudo.

-Aún no estás en el Sueño Esmeralda. En primer lugar, debes quitarte la cáscara terrenal…- La voz en su cabeza le daba instrucciones. – Al llegar al estado de sueño, desliza tu cuerpo fuera como si fuese un abrigo. Empieza desde tu corazón y mente, ya que son los enlaces que más te unen al plano mortal. ¿Ves? Así es como se hace…-

Malfurion tocó su corazón con sus pensamientos, abriéndolo como una puerta y dispuesto a su espíritu libre. Hizo lo mismo con su mente, aunque el lado práctico terrenal de cualquier criatura viviente protestó por esta acción.

-Cede el paso a tu subconsciente. Deja que te guíe. Sabe del reino de los sueños y siempre está contento de volver allí.-

Como Malfurion obedecia, las últimas barreras escabulleron. Se sentía como si se hubiera desprendido de la piel de la manera que una serpiente podría. Una sensación de alegría le llenaba y casi se olvidó para qué estaba haciendo esto.

Pero Cenarius le había advertido a permanecer enfocado por lo que el elfo de la noche luchó contra la euforia.

– Ahora… levántate.-

Malfurion se levantó… pero su cuerpo, las piernas todavía cruzadas, se quedaron dónde estaban. Su forma de sueño flotaba a pocos metros del suelo, libre de todas las restricciones. Si así lo deseaba, Malfurion sabía que podría haber volado a las propias estrellas.

Pero el Sueño Esmeralda estaba en una dirección diferente. Giró de nuevo a su subconsciente, el semidiós le daba instrucciones. Él le mostrará el camino, porque se encuentra dentro, no fuera.

Y mientras seguía las instrucciones de Cenarius, el elfo de la noche vio que el mundo cambiaba más a su alrededor. Una calidad nebulosa envolvía todo. Imágenes, imágenes sin fin, se superponen unas a otras, pero con Malfurion concentrándose descubrió que podía ver cada uno por separado. Oyó susurros y se dio cuenta de que eran las voces internas de los soñadores de todo el mundo.

– A partir de aquí, tienes que tomar el camino por ti mismo.-

Sintió que su enlace a Cenarius casi desaparecía. En aras de la concentración de Malfurion, el semidiós se había visto obligado a retirarse. Sin embargo, Cenarius se mantuvo en presencia, listo para ayudar a su estudiante si fuera necesario.

Como Malfurion se adelantó, su mundo se volvió una brillante gema verde. La neblina aumenta y los susurros se hicieron más audibles. Un paisaje vagamente que había visto le hizo una seña.

Se había convertido en parte del Sueño Esmeralda.

Siguiendo sus instintos, Malfurion flotó hacia el ensueño del cambio. Como dijo Cenarius, parecía que en el mundo no hubiera visto, había elfos y otras criaturas no conocían. Había una tranquilidad en el Sueño Esmeralda que hizo tentador quedarse para siempre, pero Malfurion se negó a ceder a esa tentación. Tenía que saber la verdad acerca de sus sueños.

No tenía ni idea al principio que su subconsciente le estaba guiando, pero de alguna forma sospechaba que le llevaría a las respuestas que deseaba.

Malfurion sobrevoló el paraíso vacío, maravillado por todo lo que veía.

Pero entonces, en medio de su viaje milagroso, se sintió algo mal otra vez. La débil discordia que había sentido antes aumentó más. Malfurion trató de ignorarlo, pero lo roía como una rata hambrienta. Finalmente desvió su forma espiritual hacia ella.

De repente, delante de él había un enorme lago negro. Malfurion frunció el ceño, seguro de que él reconoció el cuerpo oscuro del agua. Olas oscuras bañando sus costas y un aura de potencia radiaba desde su centro.

El Pozo de la Eternidad.

Pero si este era el pozo, ¿Dónde estaba la ciudad? Malfurion miró el paisaje onírico donde sabía que la capital debía estar, tratando de convocar a una imagen de ella. Había venido aquí por una razón y ahora creía que tenía que ver con la ciudad. Por sí mismo el Pozo de la Eternidad fue algo sorprendente, pero era la única fuente de poder. El elfo de la noche sintió el origen de la discordia en otro lugar.

Se quedó mirando el mundo vacío, exigiendo ver la realidad.

Y sin previo aviso, el sueño de Malfurion se auto materializó sobre Zin-Azshari, la capital de los elfos de la noche.

En la antigua lengua, Zin-Azshari se traduce en “La Gloria de Azshara”. Así de amada había sido la reina cuando ella había hecho su ascensión al trono que el pueblo había insistido en cambiar el nombre de la capital en su honor.

Pensando en su reina, Malfurion repente vio el palacio, una magnífica estructura rodeada de una enorme pared bien resguardada. Frunció el ceño, sabiendo muy bien. Esta fue, por supuesto, la gran morada de su reina. A pesar de que a veces había hecho mención de muchos defectos que él creía, Malfurion en realidad la admiraba más que a la mayoría de sus pensamientos. En general, había hecho un gran bien a su gente, pero en ocasiones creía que Azshara simplemente había perdido su enfoque. Al igual que con muchos otros elfos de la noche, sospechó de que el problema que tenía que ver en parte con los Altonatos, que administraban el reino en su nombre.

La maldad se agravó más cuando flotó cerca hacia el palacio. Los ojos de Malfurion se abrieron al ver la razón. Con la convocatoria de la visión de Zin-Azshari, también había convocado una imagen más inmediata del bien. El lago negro ahora giraba locamente y lo que parecía ser hebras monstruosas de energía multicolor se disparaban de sus profundidades. La magia poderosa estaba siendo sacada del pozo en la torre más alta, su único fin posible la emisión de un hechizo de proporciones imposibles.

Las oscuras aguas más allá del palacio se movieron con tal violencia que para Malfurion parecían estar hirviendo. Cuanto más los de la torre convocaban el poder del pozo, era más terrible la furia de los elementos.

Arriba, el cielo de tormentas arruinadas gritó y brillaba. Algunos de los edificios cercanos al borde del Pozo eran amenazados con ser lavados.

-¿Qué están haciendo?- Se preguntó Malfurion, su propia búsqueda quedo olvidada. – ¿Por qué continúan incluso durante la debilidad del día?-

Sin embargo, “día” era sólo un término, ahora. Atrás quedó el sol eclipsado por habilidades de los elfos de la noche. A pesar de que la noche aún no había llegado, era tan oscuro como la noche anterior en Zin-Azshari… no, más oscuro. Esto no era natural y sin duda no es seguro. ¿Quién podría ser los que están dentro realizando esto?

Se echó a andar por las paredes por al lado de los guardias con cara de piedra, ignorantes de su presencia. Malfurion flotaba en el propio palacio, pero cuando trató de entrar, seguro con su forma de sueño pasaría a través de algo tan simple como la piedra, el elfo de la noche descubrió una barrera impenetrable.

Alguien se había encerrado en el palacio con hechizos de protección para que nadie entrase, tan poderoso, que no podía traspasarlo. Esto solo dejó a Malfurion más curioso, más decidido. Voló alrededor de la estructura hacia la torre en cuestión. Tenía que haber una manera de entrar tenía que ver qué locura estaba pasando en su interior.

Con una mano, él se acercó a la gran variedad de hechizos de protección, buscando el punto en que todos estén unidos, un punto por el que también podría pasar y…

Yde repente un dolor inimaginable azotó a Malfurion. Él gritó en silencio, no hay sonido capaz de expresar su agonía. La imagen del palacio de Zin-Azshari, desapareció. Se encontró en un vacío esmeralda, atrapado en una tormenta de magia pura. Los poderes elementales amenazaron con arrancarle la forma de sueño en mil pedazos y se dispersaba en todas direcciones.

Pero en medio del caos monstruoso, de repente oyó la débil llamada de una voz familiar.

– Malfurion… mi hijo… vuelve a mí… Malfurion… debes devolver…-

Vagamente el elfo de la noche reconoció la convocatoria desesperada de Cenarius. Se aferró a ella como una persona que se ahoga en el medio del mar podría aferrarse a un pequeño trozo de madera. Malfurion sintió la mente de la deidad del arbolado llegar a él, le guiaría en la dirección correcta.

El dolor comenzó a disminuir, pero Malfurion estaba agotado sin medida. Una parte de él quería simplemente estar entre los soñadores, su alma nunca volvería a su carne. Sin embargo, se dio cuenta de que hacerlo significaría su fin y por eso luchó contra el deseo mortal.

Ya medida que el dolor se reducía en la distancia, como el toque de Cenarius crecía más fuerte, Malfurion sintió su propio enlace a su forma mortal. Con impaciencia lo siguió, moviéndose cada vez más rápido a través del Sueño Esmeralda…

Con un grito… el joven elfo de la noche se despertó.

Incapaz de detenerse, Malfurion cayó en la hierba. Unas poderosas manos suaves lo recogieron y dejaron en una posición sentada. El agua goteaba en la boca.

Abrió los ojos y vio el rostro de preocupación de Cenarius. Su mentor celebró bebiendo de la bolsa de agua de Malfurion.

– Has hecho lo que pocos pueden hacer.- Murmuró el semi-dios venado. – Y al hacerlo, casi te pierdes a ti mismo para siempre. ¿Qué pasó, Malfurion?

Fuiste incluso más allá de mi vista…- – Yo… sentí… algo terrible…-

-¿La causa de tus pesadillas?-

El elfo de la noche sacudió la cabeza.

-No… No lo sé… yo… me sentí atraído a Zin-Azshari…- Trató de explicar lo que había visto, pero las palabras parecían muy insuficiente.

Cenarius parecía aún más perturbado de lo que preocupaba a Malfurion.

-Esto no augura nada bueno… no. ¿Estás seguro de que era el palacio? ¿Tenían que ser Azshara y sus Altonatos?-

-No sé si uno o los dos… pero no puedo dejar de pensar que la reina debe ser una parte de ellos. Azshara es muy tenaz. Incluso Xavius no puede controlar su… eso creo.- El consejero de la reina era una figura enigmática, tan desconfiado como era su amada Azshara.

-Tienes que pensar en lo que dices, joven Malfurion. Estás sugiriendo que la líder de los elfos de la noche, cuyo nombre se escucha en la canción de cada día, está involucrada en algunos hechizos que podrían ser una amenaza no sólo para la especie, sino para el resto del mundo. ¿Entiendes lo que eso significa?-

La imagen de Zin-Azshari entremezclada con la escena de devastación…

Malfurion encontró tanto compatibles entre ambas. Ellos no pueden estar directamente relacionados, pero si compartían algo en común.

Lo que era, sin embargo, no lo sabía aún.

-Yo entiendo una cosa.- Murmuró, recordando el hermoso rostro de la reina y los aplausos que acompañaron en sus apariciones breves. – Yo entiendo que tengo que averiguar la verdad donde quiera que me lleve… incluso si al final me cueste la vida misma…-

****

La forma de sombra tocó con su garra la pequeña esfera dorada, en su otra palma escamosa, trayéndola a la vida. Dentro de ella se materializó otra, casi idéntica sombra. La luz de la esfera no hizo más que empujar la oscuridad que rodeaba la figura, al igual que al otro lado la esfera usada por la segunda forma también falló. La magia Usada para preservar cada una de las identidades, era vieja y muy fuerte.

-El pozo se encuentra todavía en medio de terribles angustias. – Comentó el que había iniciado el contacto. – Así ha sido desde hace algún tiempo.- Respondió el segundo, agitando la cola detrás de él. – Los elfos de la noche juegan con poderes que no aprecian.-

-¿Ha habido una opinión formada sobre el final?-

La cabeza oscura dentro de la esfera sacudió una vez.

-No hay nada significativo hasta el momento… pero ¿Qué pueden hacer posiblemente salvo quizás destruirse a sí mismos? No sería la primera vez que una raza mortal hace eso seguramente no serían los últimos.-

La primera asintió. – Así se nos parecen… y a los otros.- ¿Todosss los otrosss?- Siseó el segundo, por primera vez alguna verdadera curiosidad en su tono. – ¿Incluso los guardianessss del Vuelo de la Tierra?- No… Mantienen su propio consejo… como es habitual en los últimos tiempos. Ellos no son más que el reflejo de Neltharion.-

-Sin importancia, entonces. Al igual que usted, nosotros continuaremos monitoreando la locura de los elfos de la noche, pero es dudoso que sea más que la extinción de su especie. En caso de que resulte ser más, vamos a actuar si se nos ordena actuar por nuestro señor, Malygos.-

-El pacto se mantiene intacto.- Respondió el primero. – Nosotros también intervendremos sólo en caso comandado por su majestad, la gloriosa Alexstrasza.-

-Esta conversación ha terminado, entonces.- Con eso, la esfera se volvió negra. La segunda forma había roto el vínculo. El otro se levantó, rechazando la esfera. Con un silbido, sacudió la cabeza ante la ignorancia de las razas inferiores.

Constantemente entrometidos en cosas más allá de sus capacidades y así se les paga fatalmente por ello. Sus errores eran los suyos para sufrirlos, siempre y cuando el mundo no sufra en conjunto con ellos. Si eso sucediera, entonces los dragones tendrían que actuar.

– Tontos, tontos elfos de la noche…-

Pero en un lugar entre los mundos, en medio del caos encarnado, los ojos de fuego entregaron un repentino interés al trabajo de los Altonatos y de Azshara habiendo alcanzado también ellos.

En algún lugar, el que miraba se dio cuenta, que en algún lugar alguien había llamado a la unidad. Alguien había sacado de la magia la creencia errónea de que ellos y sólo ellos sabían de ella, sabían cómo manejarla… pero ¿Dónde? Buscó… casi tenía la fuente, luego la perdió. Fue cerca, sin embargo, muy cerca.

Esperaría. Como los demás, había comenzado a crecer el hambre. Seguro que si esperaba un poco más, sentiría exactamente de entre los mundos donde estaban. Olía su afán, su ambición. No serían capaces de dejar de usar la magia. Pronto… pronto iba a encontrar el camino a través de su pequeño mundo…

Y él y el resto se alimentarían.

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