WoW Crónicas II – El dominio de los elementos

403 años antes del portal oscuro

Algunos clanes orcos vivieron durante generaciones en las fronteras del Imperio Goriano, intercambiando ocasionales escaramuzas territoriales con los ogros pero sin entrar nunca en guerra abierta. Por su parte, los gorianos demostraban poco interés por los orcos, y mucho menos miedo. Los gorianos preferían centrarse en encontrar más fragmentos de cristales de los ápices y otras fuentes de poder. Algunos clanes orcos también buscaban estos artefactos, pero solo por los altos precios que los comerciantes ogros pagaban por ellos.

En esta época, la hechicería goriana había alcanzado nuevas cotas de poder y estructura. El sistema de gobierno y justicia de los ogros se apoyaba en la magia y en la sabiduría de los reyes hechiceros, conocidos como imperadores.

Los ogros veían con desdén y cierta burla el chamanismo de los orcos. Según su particular visión, las tradiciones de los orcos eran meras supercherías que solo servían para que el viento soplara un poco más fuerte o una llama ardiera un poco más alto. Hasta que no contemplaron el verdadero poder de un chamán antiguo — cuando desvió una inundación que amenazaba con arrasar un poblado orco— los ogros no entendieron el verdadero poder de los elementos.

En vez de afrontar el aprendizaje de este poder con la misma humildad y reverencia que los orcos, los ogros aplicaron la fuerza bruta. El líder goriano de la época, el Imperador Molok, envió un ejército a territorio orco y se anexionó el Trono de los Elementos. Aunque la incursión enfureció a los chamanes orcos, los clanes no entraron en acción porque los gorianos no masacraban a los orcos; simplemente los expulsaban.

Los ogros diseccionaron ávidamente el Trono de los Elementos con sus hechizos arcanos y examinaron hasta el último rincón del lugar. Los ogros, sin embargo, desconocían que se trataba del lugar de reposo de Grond, el inmenso gigante creado por el titán Aggramar.

Los hechiceros gorianos no imaginaban la mezcolanza de poder elemental puro y energías titánicas que aún albergaban los restos del gigante antiguo, y sus incautos experimentos provocaron un gran desastre. Un aciago día, la disonancia entre la magia de los ogros y las energías residuales de Grond genero una explosión que destruyó el templo que los orcos tallaron en la inmensa calavera.

La deflagración aniquiló a los hechiceros gorianos que se encontraban en el interior de la estructura, dejando apenas un puñado de rocas que aún permanecen allí.

Este acto desbarató el equilibrio elemental del mundo, con graves consecuencias. Intensas tormentas se desataron por todo el mundo mientras los espíritus nativos de Draenor se sumían en el caos.

Pero a pesar del tumulto, los gorianos enviaron más hechiceros al Trono de los Elementos. El Imperador Molok era inflexible: ahora que conocía el verdadero poder de los elementos estaba más dispuesto que nunca a reclamarlo para sí.

Los atormentados elementales imploraron la ayuda de los chamanes orcos. Finalmente, los clanes se alzaron.

Regresar al índice de World of Warcraft: Crónicas Volumen II

Share

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.