WoW Crónicas II – El asedio de Goria

400 años antes del portal oscuro

Goria estaba bien fortificada y los orcos no veían motivo para malgastar incontables vidas estrellándose contra sus murallas. En vez de eso, ocuparon las colinas cercanas a la ciudad y aguardaron desde la distancia a que el enemigo sucumbiera al hambre. Los gorianos se creían capaces de soportar cualquier asedio gracias al puerto de su ciudad y a sus barcos. Los orcos solo podían interrumpir las líneas marítimas con la ayuda de los angustiados espíritus elementales y, debido al tumultuoso estado de los elementos, los chamanes carecían de la efectividad del pasado.

Sin embargo, con el paso de los meses los ogros se vieron incapaces de mantener su imperio. Cometieron un error al creer que las líneas de suministros marítimas bastarían para abastecer a la ciudad. Los ogros necesitaban acceso a las rutas de suministros terrestres que los orcos mantenían secuestradas. El Imperador Molok y sus hechiceros consultaron los cristales de los ápices buscando la forma de romper el sitio. Con el tiempo descubrieron la antigua leyenda arakkoa sobre la Maldición de Sethe y experimentaron la forma de infligir una afección similar a los orcos.

Y tuvieron éxito. Una nueva enfermedad conocida como la “viruela roja” se extendió rápidamente por los campamentos orcos. La terrible enfermedad era altamente contagiosa, duraba meses y mataba a muchos de los infectados. Los orcos vieron como el número de combatientes aptos de sus filas caía dramáticamente. Tras consultar a los elementos, Nelgarm y sus compañeros chamanes descubrieron que no se trataba de una enfermedad natural sino de un sibilino ataque de los ogros.

La incertidumbre de apoderó de los cabecillas de los clanes, seguros ahora del fracaso del asedio; demasiados orcos morirían antes de que Goria cayera. Y con tantos guerreros enfermos, un ataque directo a la ciudad ya no era una opción. El tiempo se les echaba encima.

Nelgarm y los demás chamanes recurrieron a una peligrosa táctica para asegurar la victoria de los orcos: implorar a los elementos que arrasaran Goria. Era la primera vez que un chamán formulaba una solicitud tan violenta. Sin embargo, tanto los orcos como los espíritus elementales comprendían que, si los clanes fracasaban, el Imperador Molok continuaría experimentando a sus anchas con el Trono de los Elementos.

Los chamanes se reunieron ante los imponentes muros de Goria y contemplaron la furia de los espíritus. Durante horas, los relámpagos y los temblores de tierra derrumbaron los muros y hogares de Goria. El fuego se apoderó de las ruinas, cortando las vías de escape y calcinando los barcos del puerto de la capital. Cuando ya solo quedaban ruinas y cenizas,

la tierra misma se abrió como unas gigantescas fauces y se tragó al Imperador Molok junto a las ruinas de su ciudad.

Incontables ogros fallecieron aquel día. Los elementales no dejaron supervivientes. Algunos rumores de lo acontecido llegaron a las demás ciudades y puestos avanzados gorianos, disuadiéndoles de continuar experimentando con los elementos.

A pesar de la victoria, los orcos no se mostraron jubilosos. Además de las numerosas bajas sufridas, habían contemplado un poder que no deseaban volver a experimentar. La furia de los elementales instigó el miedo en el corazón de Nelgarm y de los demás chamanes. El tiempo de un ejército unido había terminado. Los clanes se separaron de nuevo.

No hubo demasiado tumulto. Aunque los clanes regresaron pacíficamente a sus tierras, la vida había cambiado para siempre. Los orcos nunca lograron erradicar la viruela por completo y cada pocas generaciones un nuevo brote azotaba a los clanes.

El Imperio Goriano ya nunca se recuperó. Las fortalezas restantes de los ogros —en especial Ogrópolis y Bastión Bladespire— se centraron en proteger su territorio para convertirse poco a poco en ciudades-estado en detrimento de una nación unificada. Los gorianos no buscaron vengarse por la pérdida de su capital, pues temían pagar un precio aún más alto.

Sin Goria, el territorio ogro era mucho más vulnerable. Muchos orcos se anexionaron pedazos del territorio del enemigo por la fuerza. Poco a poco, los orcos superaban a los ogros como la raza más avanzada y dominante del mundo.

Pero esto pronto iba a cambiar.

Capital de los ogros, Goria

Capital de los ogros, Goria

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