Antes de la Tormenta – Capítulo Veintinueve – Altas Tierras de Arathi, Muralla de Thoradin

Edsie esperó que los participantes de la Alianza en la reunión hubieran tenido un viaje placentero. Era un viaje mucho más largo para ellos que para los renegados. Las Tierras Altas de Arathi estaban comparativamente más cerca, solamente a un corto viaje en murciélago.

Por supuesto, un corto viaje en murciélago seguía siendo emocionante, aunque rara vez viajaba a algún lado que no fuera Remól para visitar a algunos amigos. Ella casi no podía recordar que el día hubiera llegado al fin, que esa reunión realmente estaba pasando mientras su murciélago aterrizaba y ella se bajaba de él en el suave pasto en un sitio llamado Caída de Galen.

Era un nombre apto, pues el príncipe humano Galen Trollbane, alguna vez heredero de la alguna vez gran reino de Stromgarde, había sido asesinado en ese lugar años antes por los renegados. Los maestros boticarios de Lady Sylvanas lo habían levantado del agarre de la muerte y él le sirvió durante un tiempo. Entonces él se rebeló, tomando a sus hombres y declarando que él no debía ninguna lealtad a nadie más que a él mismo y que él restauraría a Stromgarde a su antigua gloria.

El Castillo de Stromgarde, se encontraba al sur; uno podía verlo desde ahí. Todavía estaba en ruinas y Galen había caído dos veces, una como humano y otra como renegado. Ese, pensó Elise, es el destino de aquellos que desafíen a la Reina Alma en Pena.

Un renegado entrenador de animales tomó las riendas del murciélago y le dio de comer un gran insecto muerto, el cual masticó alegremente mientras se lo llevaban lejos.

Parqual la estaba esperando, sus labios verde grisáceos se torcieron en una sonrisa. En sus brazos llevaba un viejo oso de peluche andrajoso.

—Me alegra que vinieras —dijo—, a pesar de que no tienes a nadie esperando por ti.

—Claro que tenía que venir —dijo ella—. Tenía que verte reunirte con esa hija de la que no dejas de hablar —ella asintió al ver el juguete—. Debes recordar que Philia será una niña grande ahora. Puede que sea un poco mayor para un oso de peluche. Han pasado algunos años.

Él rió.

—Lo sé, lo sé. Solamente estoy muy contento porque quisiera verme —Señaló al peluche —Oso Bizcocho fue el primer juguete que le di cuando nació. Temía olvidarlo en su viaje a Stormwind, así que lo dejó. Es… una de las pocas cosas de mi vieja vida que aún conservo. Y quise compartirlo con ella.

Elsie miró a su amigo, dejando que su ánimo y su anticipación fueran de ella por un momento. Miró alrededor con satisfacción. Aunque muchos en el consejo se habían encontrado con rechazo en su primer -o a veces el segundo o el tercer- intento de contactar a los vivos, cada miembro encontró al final a alguien que aceptara venir. Iba a ser un día memorable.

—Todavía no ha llegado —continuó Parqual—. Me pregunto si tuvo dudas acerca de venir.

—No veo por qué ella nos diría que vendría y luego no lo hiciera —dijo Elsie.

Mientras miraba alrededor, notó que Annie Lansing tenía una cesta de bolsitas aromáticas, flores en flor y bufandas y le permitía a los miembros del concejo a seleccionar. Annie no tenía mandíbula y actualmente tenía una bonita bufanda verde alrededor de la parte baja de su rostro.

—Oh, es muy bonito lo que Anna está haciendo —exclamó Elsie—. Será difícil para nuestros seres queridos ver lo que nos ha ocurrido. Una bufanda o una bolsita ayudará —algunos renegados había sobrevivido su tiempo con la muerte mejor que otros; ocultar un poco su descomposición ayudaría a los miembros de la Alianza a ver más allá del cuerpo, que había soportado tanto, para que en su lugar pudieran enfocarse en la persona.

—¡Esa es una buena idea! —la cara de Parqual no estaba demasiado desfigurada y un par de pantalones cuidadosamente escogidos y una chaqueta cubrían sus huesos expuestos. Pero estaba consciente de que, para los vivos, podría no oler particularmente bien— Creo que escogeré una bolsita.

—Deberás apresurarte; ¡parecen ser muy populares! —Elsie sonrió mientras Parqual, aferrando a Oso Bizcocho, caminaba rápidamente hacia la amontonada Annie.

Elsie volvió su atención a las murallas de aquel gran muro y a la línea de arqueros en lo más alto. Cuando uno a uno se giraron, Elsie se asustó al darse cuenta que esas mujeres fuertes, ágiles y aún hermosas incluso en su no-muerte, solamente podían ser las forestales oscuras de élite de Sylvanas. Estaban de pie tan quietas como si estuvieran talladas de la piedra, sus carcajs llenos de flechas, sus arcos en una mano. Solamente sus capas y sus largos cabellos se mecían con la brisa.

Nathanos Blightcaller estaba en lo más alto de la muralla también, hablando en voz baja con ellas. Encontró la mirada de Elsie y asintió hacia ella. Ella regresó el gesto.

—¡Ahí está! —dijo alguien y Elsie giró.

La Dama Oscura estaba llegando.

Sylvanas montaba en uno de los murciélagos, sus cabellos blancos y dorados y sus brillantes ojos rojos la hacían tan inconfundible como a su transporte. El murciélago se preparó para el aterrizaje y Sylvanas saltó con gracia de su espalda. Ningún movimiento rígido de sus huesos o desprendimiento de piel para ella. Su rostro era suave, con pómulos altos y sus movimientos eran tan ágiles como habían sido cuando todavía respiraba. Elsie sintió una abrumadora sensación de gratitud porque su líder estaba ahí para apoyarlos a pesar de las preocupaciones de Sylvanas.

La mirada roja como el fuego barrió a la pequeña multitud y se posó en Elsie.

—Ah, Primera Gobernadora —dijo Sylvanas—. Es bueno verte de nuevo. Confío en que nadie haya olvidado el procedimiento que tracé sobre lo que está por venir.

¿Olvidado? Elsie lo tenía grabado en la mente y estaba segura de que los demás también. Nadie quería arriesgar futuras reuniones al causar algún problema en la de ese día.

Sylvanas giró y señaló a las figuras en el muro.

—Unos cuántos recordatorios, por si acaso. Estas arqueras están aquí para su protección. Anduin tiene al mismo número a lo largo de las murallas del Castillo de Stromgarde. Ya conoces al Arzobispo Faol. Él y otro sacerdote estarán acompañando a los humanos de la Alianza mientras se acercan al sitio de reunión, que será a medio camino entre las fortalezas. Estarán moviéndose contigo para facilitar las conversaciones, y para monitorearlos.

Su mirada deambuló por los miembros del concejo reunidos.

—Cuando se acerquen a sus parientes de la Alianza, no hablarán de nada excepto su historia pasada con ellos. No discutirán su existencia conmigo en Undercity. Ellos no hablarán de sus vidas actuales tampoco. Faol y el otro sacerdote han accedido que, si se encuentran a alguno, renegado o humano, hablando de esos temas, o cualquier cosa que podría comenzar una traición o falta de respeto al otro bando, esas partes recibirán un recordatorio. Una segunda vez y se les retirará del campo. Traten al arzobispo y al otro sacerdote con la cortesía apropiada y obedézcanlos. El atardecer casi está aquí. Una vez que el cielo se rompa, si estamos listos, haré sonar el cuerno una vez, y podrán tomar el campo. Tienen hasta el amanecer. Si por alguna razón consideró necesario llamar a un alto en la reunión, haré sonar el cuerno nuevamente tres veces y alzaré el estandarte de los renegados. Si esto sucede, regresen de inmediato.

Elsie quiso saber que tan pronto era “de inmediato”. Claro, si alguien quería expresar una palabra final de afecto o tal vez incluso un abrazo si el miembro de la Alianza era lo suficientemente valiente, eso no era una acción amenazadora. Pero no se cuestionaba a la Dama Oscura.

—Cuando la reunión haya concluido, el cuerno los alertará de que es tiempo de volver a casa —finalizó Sylvanas—. ¿Queda claro?

Uno obedecía, especialmente en esa situación, en la que cualquier mal comportamiento o incluso un simple malentendido en cualquiera de los bandos podía significar un nuevo brote de una guerra que, bueno, con seguridad nadie necesitaba en ese momento.

Así que Elsie se quedó callada. Cuando el cuerno sonara, su gente debería despedirse y regresar de inmediato. Estaba claro y no arrojó ningún desacuerdo.

Estaba el suave galope de las pezuñas en el pasto mientras una de las forestales oscuras de Sylvanas guiaba el caballo huesudo de la Dama Oscura. Ella asintió y tomó las riendas, después volvió su miraba brillante a sus súbditos.

—Cabalgo ahora para encontrarme con el joven rey humano. Hago esto por ustedes. Porque son renegados. No tardaré. Y entonces podrán continuar y reunirse con los humanos que alguna vez fueron parte de sus antiguas vidas. Verán si ellos todavía tienen un lugar en sus existencias actuales.

Hizo una pausa, y cuando habló de nuevo, Elsie pensó que escucharía hilos de arrepentimiento hilando sus palabras.

—Deberían prepararse para una gran decepción. Aunque lo intenten, los vivos no pueden entendernos realmente. Sólo nosotros podemos. Sólo nosotros sabemos. Pero me han pedido esto y se los doy. Volveré enseguida.

Sin decir otra palabra, ella se lanzó en la silla y giró la cabeza esquelética del caballo.

Sola y desarmada, Sylavanas Windrunner, la Dama Oscura de los renegados, la Reina Alma en Pena, cabalgó para encontrarse con el rey de Stormwind.

Elsie jamás se sintió más orgullosa de ser una renegada.

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