Antes de la Tormenta – Capítulo Veintidós – Undercity

Parquall Fintallas estaba de pie con los otros miembros del Concejo Desolado por lo que, esperaba, fuera su reunión más productiva hasta la fecha. Ésta vez, estaba de pie un escalón más debajo de lo usual, igual que los otros miembros.

La misma Primer Gobernadora se paró no en la escalera más alta sino un escalón más abajo. Ésta vez alguien más —alguien que debió haber estado en cada una de las reuniones del concejo— por fin estaría presente y ocuparía ese lugar. El Arzobispo Faol, quien se había convertido en un regular en Undercity durante las últimas semanas, estaba de pie junto a Elsie. Juntaron sus cabezas y hablaron en voz baja.

El salón estaba totalmente lleno. Todos aquellos que respiraban hondo, sin dudar encontrarían difícil hacerlo en ese lugar; Parqual estaba muy consciente de eso, aunque algunos renegados se habían secado más que podrido, muchos de ellos habían sido revividos mientras se pudrían y el olor no podía ser uno placentero.

Elsie estaba sonriendo. Igual que muchos de los que estaban ahí reunidos. Estaban emocionados por estar presentes en esa reunión. Parqual estaba feliz también, pero no estaba tan esperanzado como ellos acerca de los resultados finales. Él y algunos otros querían avanzar más rápido de lo que hacía la paciente y tolerante Elise. Él no esperaba que Sylvanas se moviera a paso rápido, pero estaba dispuesto a escuchar lo que tuviera que decir.

De una sola vez, el salón se quedó en silencio. Parqual se giró y vio la figura de Nathanos Blightcaller de pie en la entrada al final del largo corredor que llevaba a ese gran salón.

Nathanos esperó un momento y entonces anunció:

—La Reina Sylvanas Windrunner, Jefe de Guerra de la Horda y querida Dama Oscura de los renegados, ha llegado.

Se alzó un vítor. No tan animado como el bramido de un orco o tan dulce como un hurra de un elfo de sangre, pero tan genuino como podía ser viniendo de gargantas muertas. Y entonces ella estaba ahí.

Incluso ahí, en el lugar más seguro del mundo para ella, Sylvanas Windrunner había escogido no quitarse la armadura, reflexionó Parqual. ¿Simplemente nunca se la quitaba?

Se paró erguida y alta, no como muchos de aquellos que la adoraban. Aún hermosos, considerando que habían sido devastados por la muerte y el renacimiento. Entonces ella inclinó la cabeza aceptando su adoración y dio zancadas con un suave y elegante andar hacia su lugar como reina de los renegados.

—He extrañado éste lugar —dijo ella y miró a su alrededor con cariño, asintiendo a algunos individuos que reconoció—. Y los he extrañado, mi pueblo. Los orcos, elfos de sangre, trolls, tauren, goblins y panderen son dignos y leales miembros de la Horda, pero no tienen el lazo único que ustedes, los renegados, y yo tenemos.

Hubo un estruendo de apreciación por el reconocimiento. Con otras razas, hubiera habido aplausos y ruido con los pies. Los renegados, por otro lado, habían aprendido que no era sabio desgastar prematuramente sus apéndices con tales gestos. Aplaudir era malo para las manos.

Sylvanas miró hacia abajo a Elsie.

—Primer Gobernadora. Escucho de mi leal Nathanos que has cuidado bien de mi reino durante mi ausencia.

Elsie inclinó la cabeza e hizo una reverencia tan profunda como pudo.

—Únicamente porque estuvo ausente, mi reina. Todos estamos profundamente contentos de tenerla de regreso.

—Sólo por unas horas, desafortunadamente —dijo Sylvanas. El arrepentimiento en su voz sonó sincero—. Pero en éste tiempo, espero ser capaz de establecer algunas cosas que complacerán a todos aquí —nuevamente volvió a mirarlos a todos.

—Entiendo que la Primer Gobernadora también ha recibido una carta del rey de Stormwind. Él propone un día de cese al fuego en las Tierras Altas de Arathi para mantener una reunión de renegados y humanos. Familias o amigos que han sido separados por la matanza que tuvo lugar en ésta ciudad hace apenas unos años.

Sylvanas volvió su mirada carmesí al Arzobispo Faol.

—Arzobispo Faol ha estado hablando con él y con el Concejo Desolado. ¿Qué opina al respecto, Arzobispo?

Faol no respondió de inmediato. Miró a la multitud reunida, después de nuevo a Sylvanas

—Puede confiar en el Rey Anduin, Su Majestad. No pretende hacer un mal. Sé por mis conversaciones con la Primer Gobernadora y con otros en Undercity que todos los que están reunidos aquí hoy, y otros tantos renegados que no pudieron estar presentes, están a favor de ésta reunión. Aún está por verse si la mitad humana de éste plan también está dispuesto. Si lo están, otros sacerdotes del Cónclave y yo estaremos honrados de supervisar el evento.

Un murmullo animado se levantó a través del salón. La Dama Oscura caminó de un lado a otro durante un momento, considerándolo. O fingiendo que lo consideraba, pensó Parqual. Ella ya sabe lo que hará. Éste momento es para nuestro beneficio.

Finalmente se detuvo y encaró a la muchedumbre.

—Lo permitiré.

Se elevó un vítor. No un murmullo de aprobación sino uno genuino, incluso más fuerte que el que había recibido a la Dama Oscura. Sylvanas dejó que sus labios se curvaran en una débil sonrisa, entonces alzó su mano, llamando al silencio.

—Pero ante todo debo asegurar la seguridad de mis queridos renegados —dijo—. Así que esto es lo que le diré al rey cuando responda. Cada miembro del Concejo Desolado proporcionará cinco nombres, ordenándolos por preferencia, de personas en Stormwind que les gustaría ver. Si estos individuos aún viven, serán contactados y se les preguntará si desean participar. El rey y un sacerdote seleccionado por el buen arzobispo solamente aceptarán a aquellos que consideren serios para asistir. Le diré que su gente podrá reunirse en el Castillo de Stromgarde. En la fecha pactada, volaremos a la Muralla de Thoradin antes del atardecer. El Campeón Blightcaller, yo y doscientos de mis mejores arqueros estaremos ahí… en caso de que el rey humano decida traicionar nuestra confianza.

Era posible. Era improbable de ese rey si la mitad de las cosas que Parqual había escuchado acerca de él era verdad, pero era en verdad posible. Y debía admitir que las palabras de Sylvanas eran reconfortantes.

—Veinticinco sacerdotes irán montados en murciélagos y estarán patrullando activamente el campo. En caso de un ataque abierto, equipos de mis forestales oscuras y otros serán enviados a defenderlos. Permitiré que el rey mantenga un número similar de sacerdotes defensores, aunque no espero que ningún miembro del concejo inicie los enfrentamientos.

Era mucho para proteger a veintidós renegados. Sin embargo, Parqual estaba muy consciente del significado de esa reunión, tanto como lo estaban, claramente, Anduin y Sylvanas.

—Al amanecer, se encaminarán hasta la mitad del punto que será marcado por los estandartes de la Horda y la Alianza. El Arzobispo Faol y su asistente se encontrarán con ustedes ahí. Igual que sus equivalentes de la Alianza.

Parqual había pensado que ya estaba bastante más allá de la forma en la que esas cosas le causaban una profunda emoción, pero aparentemente no era así.

Philia. ¿Serían capaces de encontrarla? ¿Le gustaría ir? ¿Qué pensaría si lo hiciera? De pronto él estaba sumamente consciente de cuan encorvado y retorcido estaba su cuerpo, de carne que apestaba, colgando de huesos expuestos. ¿Estaría aterrorizada?

No. Ahora que la posibilidad se manifestaba, se dio cuenta que la había agraviado al temer su repugnancia. No su Philia. Tenía una tranquila certeza de eso. Si su corazón todavía pudiera latir, estaría latiendo deprisa por la emoción. Sintió un toque gentil en su hombro derecho y se giró hacia Elsie. Ella sonreía por él. Oh, Elsie, si tan sólo tu Wyll hubiera vivido un poco más.

Sin embargo, Sylvanas, aparentemente ignorante de cuán profundamente lo habían afectado a él y a los demás, prosiguió.

—A todos los participantes se les permitirá quedarse en el campo hasta el atardecer. A esa hora, regresarán al muro y los humanos al Castillo de Stromgarde.

Se detuvo nuevamente, escudriñando a la multitud.

—Obviamente lo que acabo de decir es asumiendo que todo se desarrolle sin contratiempos. Existe una posibilidad de que no sea así. Si percibo cualquier tipo de peligro para ustedes, optaré por ordenar una retirada inmediata. Una bandera renegada, no una de la Horda, ondeará en las defensas del muro, y sonará un cuerno. Si la Alianza decide ordenar una retirada sucederá lo mismo, excepto que ondearán la bandera de Stormwind en el Castillo de Stromgarde y sonará su propio cuerno. Si cualquiera de los cuernos suena, deberán dar la vuelta y volver de inmediato al muro.

Su voz sonó como un látigo e hizo eco en la gran cámara. El efecto fue helado y la multitud se quedó totalmente en silencio.

—Ahora pues. ¿Hay alguna pregunta?

Parqual se calmó y levantó su mano. La brillante mirada roja cayó sobre él.

—Habla —dijo Sylvanas.

—¿Se nos permitirá intercambiar cosas?

—Se permitirá intercambiar baratijas de la siguiente manera —dijo Sylvanas—. Antes del evento, cualquiera cosa que deseen darle a sus contrapartes serán examinadas. Habrá áreas en el campo en dónde deberán colocarse en mesas cuando lleguen al lugar de reunión. La Alianza hará lo mismo. No toquen nada que hayan dejado en las mesas mientras estén en el campo. Al final del día se recolectarán esos objetos y se revisarán para asegurarnos de que son seguros y no contienen nada sedicioso. Serán distribuidos a ustedes más tarde ese día. La Alianza hará lo mismo con sus regalos, espero.

—Nuestra Dama Oscura es muy generosa —dijo Parqual.

Sylvanas inclinó la cabeza

—Me imagino que tienes un objeto que te gustaría compartir.

—Sí —pensó con cariño en un juguete que Philia alguna vez quiso. Lo había dejado atrás cuando…

—Entonces espero sinceramente que la Alianza no decida tirarlo —dijo Sylvanas en una voz suave, ronroneante. Era un pensamiento cruel y Parqual no quería entretenerlo.

—¿Alguna otra pregunta?

Otra mano se alzó.

—¿Podremos tocarlos? ¿A nuestros seres queridos?

—Podrán —respondió Sylvanas—. Aunque no puedo garantizarles que ese toque sea bienvenido.

De nuevo un pensamiento desagradable. La duda se removió en la mente de Parqual pero la forzó a quedarse atrás. No su Philia. Él había esperado que escuchar acerca de su líder lo haría sentir mejor, en cambio, se sentía inestable e infeliz. Otros también parecían sentirse de ese modo. Y entonces entendió.

Sylvanas no quería que lo hiciera, pero no podía salir y simplemente prohibirlo. Había demasiados de ellos. Sus ideas comenzaban a propagarse. Incluso gente como Elsie, que eran completamente leales a la Dama Oscura, que la amaban. incluso Elsie quería llevar a los renegados en una dirección diferente. Así que Sylvanas estaba haciendo lo que podía para robarles cualquier pequeño placer en la planeación.

De pronto vio a su “reina” bajo una nueva luz. Vio muchas, muchas cosas bajo una nueva luz.

Como si estuviera leyendo su mente, Sylvanas dijo.

—Me doy cuenta que no sueno optimista. Eso es porque no lo soy. Les confieso ahora que no me gustaría que lo hicieran. No porque me gustaría negarles alguna alegría sino porque no me gustaría verlos heridos. Están preparados para abrazar a sus parientes vivientes. ¿Pero ellos sienten lo mismo? ¿Qué harán si ellos no desean verlos? ¿Si piensan que ustedes son abominaciones, monstruosidades en lugar de los admirables y valientes renegados que son? Si soy cruel es únicamente por ser compasiva.

—¡Todos lo sabemos, mi lady! —exclamó Elsie.

—Gracias, Primer Gobernadora —dijo Sylvanas—. ¿Hay más preguntas?

Tenían que haber. Pero nadie se atrevía a hacerlas y Parqual pensó que ya había atraído demasiado la atención a sí mismo.

—Si no las hay, Primer Gobernador, tengo algunas para ti. ¿Te reunirás conmigo más tarde para discutirlas?

—Como desee mi reina —dijo Elsie. Ella se volvió a la multitud—. Todos, espero que compartan mi placer e ilusión por el evento venidero con sus seres queridos. Me gustaría agradecer nuevamente a la Jefe de Guerra Sylvanas por permitir que esto pase. Es mi más afectuoso deseo en el mundo que esto vaya sin contratiempos para que podamos ver a nuestros amigos y familiares más en nuestro futuro. ¡Por la Dama Oscura!

Otro vítor se alzó y Sylvanas sonrió fugazmente, después bajó de la tarima. La multitud de renegados se abrió para ella. El vítor continuó hasta que Sylvanas, flanqueada por dos forestales oscuras, desapareció en el corredor.

Parqual se giró hacia Elsie.

—Pareces un poco melancólica —dijo—. Creí que estarías feliz.

—¡Oh! Oh, sí, lo estoy. Aunque admito que me estoy autocompadiciendo un poco. Deseo haber sido capaz de ver a mi Wyll. Mostrarle que después de todo éste tiempo aún tengo mi anillo de bodas.

Sorprendido, Parqual bajó la mirada a su mano. Ella rió.

—Oh, no, por supuesto que ya no me queda. Mis manos son demasiado huesudas y no me gustaría arriesgarme a perderlo. Sin embargo, está seguro en mi habitación en la posada.

Él pensó en Philia.

—Elsie, lo siento mucho —dijo.

Ella agitó la mano.

—No te preocupes por mí. He tenido más suerte y amor que muchos. El legado de Wyll será que muchos otros serán capaces de experimentar algo maravilloso gracias a él. Está bien si nosotros dos no pudimos tenerlo. Uno no puede tenerlo todo.

Ella se inclinó a Parqual como si quisiera conspirar y susurró.

—Aun así, pondré el anillo en una cadena y lo usaré en la reunión.

—De alguna forma creo que él lo sabrá —dijo Parqual y lo decía en serio.

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