WoW Crónicas II – Terokk, el Rey Garra

600 años antes del portal oscuro

A pesar del aumento de la población orca y de sus migraciones, ningún clan se atrevió a expandirse hacia las Agujas de Arak. Además de los rumores que apuntaban a que las sombrías ruinas de la civilización arakkoa estaban malditas, las criaturas aladas protegían con celo su territorio.

Los arakkoa que permanecían en la región eran problemáticos, lóbregos y supersticiosos. Aunque se hacían llamar los “altos arakkoa”, apenas constituían una mera sombra de su gloria pasada. La grandeza de los ápices se desvaneció tiempo atrás dejando meros fragmentos de conocimiento tras de sí, muchos de los cuales fueron recompuestos de forma incorrecta.

El gobierno de los arakkoa recaía en el linaje real y en los remanentes de la orden de Anhar. Los sacerdotes aún veneraban a Rukhmar, pero el tiempo retorció y distorsionó sus enseñanzas. Antaño, el imperio de los ápices respetaba el sacrificio de Anzu con reverencia y preservaban la Cuenca de Sethekk para estudiar cuidadosamente sus poderes oscuros. En los nuevos tiempos, este respeto desapareció por completo.

Los altos arakkoa empleaban la Cuenca de Sethekk como cadalso para castigos y ejecuciones. Aquellos que osaban contravenir a los sacerdotes Anhar eran condenados por herejía y arrojados a la cuenca maldita por la sangre del dios serpiente alada, Sethe. La mayoría de los arakkoa que cayeron a la Cuenca de Sethekk murieron por el efecto de las energías oscuras que saturaban la zona, pero otros quedaron deformados y perdieron la capacidad de volar. Estos arakkoa recibían el nombre de Desterrados y se les prohibía la entrada a todos los asentamientos de los altos arakkoa.

Sablerón

Sablerón

Confinados en el suelo, los Desterrados tuvieron que lidiar con un astuto depredador de la zona: el sablerón, una inteligente raza de felinos que vagaban por Draenor. Tras la caída del imperio de los ápices, muchos sablerón migraron hacia las Agujas de Arak, donde disfrutaban cazando Desterrados que no podían huir volando. Durante un tiempo, los arakkoa malditos eran los únicos objetivos de los sablerón.

Sin embargo, al poco tiempo los sablerón empezaron a divertirse cazando a los arakkoa que aún podían volar. La tribu Sangremelena (Bloodmane) y su poderoso líder, el señor de manada Karash, se aburrieron de cazar Desterrados, por lo que Karash entrenó a sus seguidores en el uso de cuerdas, redes y arpones. Al principio, los Bloodmane solo atacaban a los exploradores arakkoa solitarios para perfeccionar sus habilidades sin despertar la atención de los habitantes de las Agujas de Arak.

Karash

Karash

En cuanto los Bloodmane estuvieron preparados, Karash declaró la guerra a los altos arakkoa. Los soldados Bloodmane tendían emboscadas a grandes grupos de criaturas aladas y los masacraban sin remedio. Durante generaciones los altos arakkoa se creyeron inmunes a las criaturas “menores”, y los ataques sumieron a su civilización en el caos. Los sacerdotes Anhar no lograban explicar por qué Rukhmar les había retirado su protección. Las Agujas de Arak cayeron bajo asedio.

El rey de los altos arakkoa, Terokk, decidió intervenir ante el desespero de su pueblo. Antes de enviar a sus soldados a la batalla, comandó personalmente varios ataques relámpago contra los campamentos Bloodmane. El rey y sus exploradores exterminaban las defensas de los sablerón sin que uno solo de sus seguidores resultara herido. El rey dio la vuelta a la contienda casi en solitario, inspirando a otros guerreros arakkoa a seguirle en misiones casi suicidas.

Terokk vs tribu Sangremelena

Terokk vs tribu Sangremelena

Tras meses hostigando a los Bloodmane, Terokk acorraló al señor de manada Karash y lo ajustició, poniendo fin así a la brillante estrategia de los sablerón. La guerra había terminado.

Los altos arakkoa honraron a su rey como a una leyenda viviente. Algunos arakkoa incluso lo proclamaban como la reencarnación de Rukhmar, cosa que no gustó a los sacerdotes Anhar. Hasta entonces, solo ellos hablaban en nombre de la diosa del sol. Gracias al inmenso apoyo popular del que disfrutaba, Terokk construyó una nueva ciudad en las nubes conocida como Trecho Celestial que recordaba la vieja gloria de los antiguos ápices. Terokk incluso instauró nuevas leyes que restringían el poder de la orden de Anhar y declaraban que la sociedad de los altos arakkoa debía guiarse por la búsqueda de conocimiento y sabiduría, no por el miedo y la superstición.

Lithic

Lithic

Los Anhar no tardaron en intervenir. Una oscura noche, los sacerdotes secuestraron a Terokk y a su hija Lithic y los lanzaron a la Cuenca de Sethekk. Al día siguiente, los sacerdotes proclamaron que Rukhmar renegaba del rey y había maldecido a todo su linaje. Estos sacerdotes se hacían llamar los Adeptos de Rukhmar, autoproclamados senescales del futuro de los altos arakkoa. La monarquía desapareció para siempre de la cultura arakkoa: los sacerdotes se aferraron al poder hasta que su civilización se extinguió a sangre y fuego siglos después.

Mientras, Terokk sufrió su nueva vida como Desterrado. Aunque el rey sobrevivió a los estanques malditos, su hija Lithic falleció. El tormento retorció la mente y el cuerpo de Terokk. Angustiado, furioso y solo, el rey destronado quiso sucumbir a la pena en la Cuenca de Sethekk, pero una voz desde la oscuridad le conminó a continuar adelante.

Terokk reunió a otros Desterrados arakkoa y buscó el origen de la misteriosa voz. Con el tiempo, el rey caído comprendió que se trataba de la voz del dios cuervo Anzu. Los arakkoa deformes se maravillaron ante tamaño descubrimiento, pues adoraban a Anzu como a un dios muerto desde hace tiempo, no como a un ser que aún podía afectar al mundo. El dios cuervo enseñó los secretos de la hechicería y de la magia de las Sombras a Terokk y a sus seguidores, lo que dio nacimiento a la poderosa orden de Desterrados conocida como los sacerdotes de la garra.

El favor de Anzu reforzó a Terokk. El rey caído condujo a los Desterrados a las antiguas ruinas de los ápices, donde construyeron la ciudad de Skettis con los huesos de sus antepasados. Este pequeño refugio serviría como ancla de su territorio. Con el tiempo, los Desterrados conquistaron los bosques cercanos a las Agujas de Arak y sus tierras adoptaron el nombre de Bosque de Terokkar.

Terokk vivió una existencia oscura y atormentada. La maldición de la Cuenca de Sethekk desgarró su mente y lo situó al borde de la locura. Desesperado, Terokk buscó una solución a su aflicción, recurriendo incluso a métodos brutales para hallar una cura. Sin embargo, cuando empezó a sacrificar a sus propios seguidores, los sacerdotes de la garra sometieron rápidamente a su líder y lo encerraron en el mismo reino de sombras en el que Anzu antaño se ocultó. Así se protegían de la locura de su rey sin tener que matarlo.

En los siglos venideros, los Desterrados evitaron a los altos arakkoa. Cuando los Adeptos de Rukhmar exiliaban a nuevos herejes y disidentes, los sacerdotes de la garra los acogían en su sociedad. La población de los Desterrados fue aumentando poco a poco hasta que, con el tiempo, rivalizó con la de los altos arakkoa.

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