Antes de la Tormenta – Capítulo Trece – Darnassus

La capital de los elfos de la noche era uno de los lugares favoritos de Anduin, aunque pocas veces había podido viajar ahí. Los kaldorei eran gente hermosa y también lo era su ciudad, anidada seguramente en el abrazo del masivo Árbol del Mundo, Teldrassil.

Anduin ahora estaba de pie junto a la Suma Sacerdotisa Tyrande Whisperwind y su amado, el archidruida Malfurion Stormrage, en el Templo de la Luna. La calma envolvía a ese lugar mientras los ayudantes del templo hacían sus deberes con gracia y propósito. El sonido rítmico del agua salpicando suavemente era relajante y la estatua de Haidene, sosteniendo arriba el cuenco desde donde el radiante líquido de la Poza de la Luna fluía, era tranquilizante de admirar.

Su mente regresó al Templo de la Luz Abisal. La Luz nos encuentra, pensó. A todos nosotros. Escoge la historia o el rostro o el nombre o la canción que vibra más con cada uno de nosotros. Podemos llamarla Elune o An’she o solamente la Luz, pero no importa. Podemos darle la espalda si lo deseamos, pero siempre está ahí.

Notó a Tyrande mirándolo, una suave sonrisa curvando sus labios. Ella entendía.

—Me arrepiento de no haber sido un visitante más frecuente de tu hermosa ciudad —dijo en voz alta.

—La naturaleza de la guerra conspira para mantenemos alejados de los lugares que nutren nuestro espíritu —dijo Tyrande.

Con un suspiro, Anduin se apartó de la estatua y miró de frente a la pareja de líderes.

—Mi carta describía la naturaleza de la actual batalla que enfrentamos —dijo—. Una batalla para sanar nuestro mundo. ¿Magni vino ya a ustedes?

—No todavía —dijo Malfurion—. Es un mundo muy vasto y aunque sea su Portavoz, tiene mucha tierra que cubrir. Ya hemos enviado miembros del Círculo Cenarion de vuelta a Silitus después… después de la tragedia. Queríamos evaluar el daño.

Tenemos ojos en ello, le había dicho Shaw antes.

—No es la primera vez y estoy seguro que no será la última, estoy muy agradecido por los fuertes lazos entre nuestros pueblos —dijo Anduin—. ¿Qué aprendió el Círculo?

Ambos intercambiaron miradas.

—Ven —dijo Malfurion —Vamos a cabalgar.

Anduin caminó con ellos a través del césped primaveral del templo y fuera de la puerta en forma de arco. Dos Centinelas, las fieras soldados femeninos que custodiaban la ciudad, los esperaban con tres sables de la noche.

—¿Sabes cómo montar uno? —preguntó Tyrande con una sonrisa.

—He montado grifos, hipogrifos y caballos —dijo Anduin—, pero no un sable de la noche.

—Son similares a un grifo, pero con un andar más suave. Creo que lo disfrutarás.

Había uno blanco con manchas, uno que tenía un pelaje gris suave y otro blanco con rayas negras que le recordó al joven rey al gran Tigre Blanco, Xuen, a quien conoció en Pandaria. Demasiado; sintió que sería casi irrespetuoso montarlo. Optó por el gris, balanceándose en la montura con facilidad. El gran felino lo miró, gruñó y sacudió su cabeza antes de estabilizarse en un galope rítmico tan cómodo como había prometido Tyrande.

—Imagino que es tan triste como el Portavoz lo hizo parecer —Malfurion dijo mientras los tres se encaminaban hacia la rampa alfombrada y sobre la piedra blanca de mármol, alejándose del templo. Mantuvo su voz en un tono suave—. Todos en el Fuerte Cenarion y a través de la región fueron asesinados al mismo tiempo.

—Envié sacerdotisas en cuánto me enteré —dijo Tyrande y lo dejó ahí. Anduin pensó sombríamente en la horrible escena que debió haber recibido a las gentiles Hermanas de Elune. Sargeras había herido a más que sólo el mundo. El único consuelo era que el titán loco, después de tanto tiempo cortando una hilera de destrucción y tormento por todo el universo, finalmente había sido encarcelado.

—Nuestro primer pensamiento fue enviar grupos de druidas y sacerdotisas para crear pozas de la luna —continuó Malfurion.

Tenía mucho sentido. Las pozas de la luna contenían aguas sagradas que podrían sanar heridas y restaurar energía y vitalidad y usualmente se utilizaban para purificar áreas corrompidas. O en éste caso, sanar áreas heridas.

—¿Tuvieron éxito? —preguntó Anduin.

—Es demasiado pronto para decir. Muchos de nuestros grupos ni siquiera tuvieron la oportunidad de crear uno. Los goblins están trabajando duro saqueando a Azeroth —dijo Malfurion, su usualmente agradable voz grave ahora un estruendo de lastimosa ira—. Y hay mucho para que saqueen. Como Magni te dijo, la esencia del mundo ha salido a la superficie y en gran suministro. Nosotros mismos encontramos una vena.

Una vena. La mente de Anduin de inmediato fue a la compleja red de venas y arterias que atravesaban un cuerpo viviente. Extraño como hace tanto tiempo, mucho antes de que nadie entendiera que Azeroth era un titán naciente adormilado, el término “vena” había sido usado para describir lazos de varios minerales que corrían a través del mundo.

Malfurion hizo girar a su sable de la noche de rayas negras hacia la derecha, dirigiéndose al Bancal del Guerrero. Conforme pasaban los ciudadanos de Darnassus, mucho giraron para contemplar al joven rey de Stormwind, haciendo reverencias y saludándolo. Anduin sonreía y les devolvía los saludos, aunque el tema que estaba discutiendo con los líderes de los observantes Darnassianos era uno desolador.

—Obtuvimos algunas muestras para estudiarlas —continuó Malfurion— Es… —el Archidruida, Anduin sabía, tenía más de diez mil años. Sin embargo, esa sustancia lo había dejado sin palabras. Por un momento, el elfo de la noche pareció superado.

Cabalgando muy cerca y en perfecta sincronía con su esposo, Tyrande lo buscó y apretó su brazo brevemente en silencio.

Anduin contempló a Malfurion con profunda simpatía.

—La sostuve —dijo en voz baja—. Sé cómo me afectó. No puedo imaginarme cómo debió haber conmovido a aquellos tan profundamente conectados con la naturaleza y la tierra.

—No puedo negar su magnificencia, ni su poder para el bien o el mal. Y Tyrande y yo, todos los kaldorei, haremos todo lo que podamos para prevenir un mal uso.

El Bancal del Guerrero surgió más adelante. En la parte de arriba, de pie atentamente, una unidad de cinco Centinelas los esperaba. Su líder era una elfa con cabello largo y de un azul oscuro amarrado en una cola de caballo. Su piel era de un pálido rojo purpúreo y las marcas tradicionales en su rostro parecían como arañazos. Igual que sus hermanas era fuerte y flexible y fiera. Pero a diferencia de las muchas Centinelas que Anduin había conocido antes, ella no tenía una expresión dura. Tyrande desmontó de su sable y saludó a la Centinela cálidamente. Anduin y Malfurion también desmontaron.

Con una mano en el hombro de su Centinela, Tyrande se giró a su invitado.

—Rey Anduin Wrynn —dijo y Anduin se dio cuenta que le tomaría un tiempo acostumbrarse a ese título—, permítame presentarle a la Capitana Cordressa Briarbow.

La Capitana miró a Anduin e inclinó la cabeza.

—Estoy honrada —dijo.

—Un placer, Capitana —dijo Anduin—. Te recuerdo del juicio en Pandaria.

—Me halaga que me recuerde —ella sonrió.

—Hemos estado en comunicación con la Liga de Expedicionarios —dijo Tyrande—. Normalmente ellos facilitan su propia protección. Pero dado el estado de Silithus en éste momento, les he ofrecido la ayuda de la unidad de Cordressa —sus ojos relampaguearon—. No se debe jugar con los goblins y con tantos de ellos presentes el área es peligrosa.

—Una sabía decisión —dijo Anduin—, estoy seguro que habrá varias expediciones. Asignaré a algunas de mis unidades para la tarea de protección —Anduin no era partidario de la guerra, pero sabía que otros estaban deseosos de combatir. Esto les permitiría utilizar su entrenamiento de forma positiva.

—Los druidas y los chamanes pueden cuidarse solos —dijo Malfurion—, pero los miembros de la Liga de Expedicionarios son por lo general arqueólogos y científicos. Y ahora están realizando un trabajo muy preciado.

Un suave espiral blanco acompañado del sonido característico de un portal abriéndose a unos cuantos pies de distancia llamó su atención. Un momento después, un gnomo, todo cejas y bigotes, apareció. Un bordado dorado en su tabardo violeta representaba al ojo que todo lo ve que era el símbolo del Kirin Tor.

¿Qué quería el mago más poderoso de Azeroth con Tyrande y Malfurion? Se preguntó Anduin. Pero cuando el gnomo caminó directamente hacia él, el rey se dio cuenta de que no era a los líderes de Darnassus a quienes el Kirin Tor quería ver.

—Saludos, Suma Sacerdotisa, Archidrnida —dijo el gnomo, haciendo un gesto con la cabeza a los altísimos elfos de la noche—. Rey Anduin, éste mensaje es para usted.

—Gracias —Luz, por favor que esto no sean más malas noticias. Nuestro pobre mundo no podrá soportarlo.

Rompió el sello y leyó, sintiendo todos los ojos en él:

Para Anduin Wrynn, Rey de Stormwind, Kalecgos del Kirin Tor envía sus saludos.

Su Majestad, espero que se encuentre bien. Entiendo que se ha embarcado en un viaje para agradecer a los miembros de la Alianza por su papel en ganar una terrible guerra. Es exactamente el tipo de cosa que esperaría de usted, mi amigo y espero que todo vaya bien.

Nuestro Amigo en Común me visitó de forma sorpresiva hoy. Creo que no volveré a verla pronto. Pero tengo fe en que regresará y su mente estará más tranquila y despejada después de su retiro de éste mundo. Es difícil sanar una herida que es reabierta constantemente.

No sé nada acerca de su paradero, pero creí que le gustaría saberlo.

—¿Todo bien, Su Majestad? —Malfurion preguntó en voz baja.

En general eran buenas noticas. Al mismo tiempo, Anduin lamentaba que Jaina todavía pareciera estar perdida. Esperaba, igual que Kalec, que encontrara las respuestas y la paz que buscaba.

—Sí —dijo—. Una actualización en un asunto personal. Nada grave.

—¿Le gustaría que llevara una respuesta? —inquirió el gnomo mensajero.

—Puedes decirle a Kalecgos que recibí su mensaje y que comparto sus esperanzas. Gracias.

El gnomo asintió.

—¡Buen día, entonces! —Sus pequeñas manos hicieron ademanes que Anduin no fue capaz de seguir y el aire frente al mensajero resplandeció. Anduin echó un vistazo a la preciosa ciudad flotante de Dataran durante un momento, entonces el gnomo entró a través del portal. Se desvaneció tras él.

Anduin se volvió a Malfurion y a Tyrande.

—La carta concernía a Jaina —dijo—. Está a salvo, según Kalecgos.

—Esas son buenas noticias —dijo Tyrande—, aunque me hace preguntarme por qué no escogió luchar a nuestro lado contra la Legión después de la Costa Abrupta. ¿Volverá?

Anduin negó con la cabeza.

—No de inmediato. Espero que algún día.

—Y esperemos que ese día llegue pronto —dijo Malfurion —El mundo necesita a todos los campeones que pueda encontrar.

—Los necesita —dijo Anduin despacio, pensando. Su plan había sido encontrarse con Velen en el Exodar. Había pasado tanto tiempo ahí hace unos años y era lo más cercano que él tenía a un hogar. Echaba de menos caminar sus pasillos cristalinos una vez más y hablar con el cálido y amigable draenei.

Sin embargo, Velen había iluminado a los draenei acerca de lo que Magni les había revelado en Ironforge. Hasta el último detalle todos estaban trabajando duro probablemente. El Exodar y Velen no lo necesitaban en ese momento. Su tarea era difundir la noticia a otros e incitarlos a actuar. Y esa era una tarea que no podía hacer solo.

Anduin había tomado una decisión. No viajaría al Exodar. Volvería a Stormwind en breve y después tendría que viajar al tercer lugar que, en su corazón, sentía que podía llamar hogar: El Templo de la Luz Abisal.

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