El viaje a Ironforge había tenido que terminar antes y Wyll había terminado exhausto tratando de arreglarlo todo a tiempo para la siguiente parada en el viaje de Anduin. Anduin, después de mucho esfuerzo, había logrado persuadir a Wyll de quedarse en Stormwind y tener un bien merecido descanso.
Una vez que Wyll se marchó, Anduin buscó el candelabro en el tocador. Prendió una de las tres velas y la puso en la ventana antes de dirigirse al comedor por una cena tardía. Esa noche, como sucedió en ciertas ocasiones anteriores, el candelabro tenía otro propósito aparte de brindar iluminación.
Mientras Anduin miraba el pollo asado, vegetales y las crujientes manzanas de Dalaran, no tenía apetito. Las noticias de Shaw y Magni eran demasiado inquietantes. Se habría marchado a Teldrassil inmediatamente, pero le había llevado demasiado tiempo arreglarlo todo. El amanecer no podía llegar más pronto para él.
—Come algo —dijo una voz ronca—. Incluso los sacerdotes y los reyes necesitan comer.
Anduin llevó una mano a su frente.
—Genn —dijo—, lo lamento. Por favor, acompáñame. Aún tenemos cosas que arreglar antes de irme, ¿no es así?
—Lo primero es la comida —dijo Greymane y acercó una silla mientras arponeaba un poco de pollo.
—Wyll y tú están conspirando en mi contra —suspiró Anduin—. La parte triste es que me alegro.
Genn gruñó con diversión mientras Anduin llenaba su propio plato.
—Tengo los papales arreglados —dijo Genn.
—Gracias por encargarte de eso. Los firmaré enseguida.
—Primero léelos. No importa quién los escribió. Es un consejo gratuito.
Anduin sonrió con cansancio.
—Me has dado bastantes consejos gratuitos.
—Y por algunos estás agradecido, me imagino —dijo Genn.
—Por todos ellos. Hasta aquellos con los que estoy en desacuerdo y escojo ignorar.
—Ah, ahora habla un rey sabio —Greymane alcanzó la botella de vino en la mesa y se llenó la copa.
—¿Entonces no hay ningún golpe planeado? —Anduin se encontró sirviéndose otro plato de pollo. Podría parecer que su cuerpo estaba hambriento, incluso si su mente estaba distraíada.
—No en ésta visita.
—Eso es bueno. Guarda tus conspiraciones para otro momento.
—Sí hay una cosa que me gustaría hablar antes de que te marches —dijo Greymane volviéndose serio. Había algo en su lenguaje corporal que alertó a Anduin, quien bajó su cuchillo y tenedor y observó al otro rey.
—Claro —dijo Anduin, preocupado.
Ahora que tenía la completa atención del rey de Stormwind, Genn parecía incómodo. Bebió un trago de vino, después miró a Anduin de frente.
—Me honra con su confianza —dijo—. Y haré todo lo que pueda para gobernar su pueblo con cuidado y diligencia si, la Luz lo prohíba, algo llegase a sucederle.
—Sé que lo harás —aseguró Anduin.
—Pero soy un viejo. No estaré cerca para siempre.
Anduin suspiró. Sabía a dónde se dirigía con eso
—Ha sido un día largo y difícil. Estoy demasiado cansado para tener ésta plática contigo.
—Siempre has estado demasiado algo y otra cosa cada vez que saco el tema —apuntó Genn. Anduin sabía que era verdad. Jugó con su comida—. Estamos en la víspera de tu partida para visitar diferentes tierras —continuó Greymane—. Nuevos peligros se están formando. ¿Cuándo será un buen momento? Porque no me gusta el pensamiento de tener que buscar entre montones de nobles, cada uno empujando su mejor demanda hacia adelante.
La imagen hizo que Anduin se riera muy a su pesar, pero se desvaneció con las siguientes palabras de Genn.
—Esto no es un juego. Si el reino cae en manos de la persona equivocada, Stormwind podría verse en una terrible situación. Tu madre fue una horrible víctima de una furiosa multitud iracunda por lo que nobleza estaba haciéndole al pueblo. Y tú ya eres lo suficientemente mayor para recordar lo inestables que estaba las cosas cuando tu padre desapareció.
Anduin lo era. Había sido el rey simbólico durante la desaparición de su padre, pero había tenido a Bolvar Fordragon a su lado para ofrecerle consejo. Varian había desaparecido, y el dragón negro Onyxia lo había reemplazado con un impostor, gobernando el reino a través de esa marioneta. Stormwind estaba desestabilizada y tormentosa hasta que Onyxia fue derrotada y el verdadero Varian Wrynn se sentó de nuevo en el trono.
El joven rey bebió un sorbo de su vino.
—Lo recuerdo, Genn —dijo en voz baja.
Genn bajó la mirada a su cena a medio terminar.
—Cuando perdí a mi hijo —dijo suavemente, su voz intensa—, perdí una parte de mi alma. No solamente amaba a Liam. Lo admiraba. Lo respetaba. Hubiera sido un rey enorme.
Anduin escuchó.
—Y cuando cayó, cuando esa descorazonada Alma en Pena no-muerta lo mató con una flecha dirigida a mí, mucho de mí murió con él. Creí que jamás me recuperaría. Y no lo hice… no completamente. Pero tenía a mi esposa, Mia. Tenía a mi hija, Tess, igualmente fuerte e inteligente como su hermano.
Anduin no lo interrumpió. Genn jamás había sido tan abierto con él antes. Ahora el rey gilneano alzó sus ojos azules. Resplandecieron a la luz de la vela y su voz estaba ronca por la emoción.
—Seguí adelante. Pero tenía un agujero en mi corazón en donde él solía estar. Un agujero que traté de llenar con mi odio hacia Sylvanas Windrunner.
Gentilmente Anduin dijo.
—Ese tipo de agujero no puede llenarse con odio.
—No. No puede. Pero conocí a otro joven que amaba a su pueblo tanto como Liam hacía. Que creía en cosas que era buenas y justas y verdaderas. Te encontré, mi muchacho. No eres Liam. Eres tú mismo. Pero me he encontrado tratando de guiarte.
—No puedes reemplazar a mi padre y sé que lo sabes —dijo Anduin, profundamente conmovido por las palabras de Genn—. Pero eres tanto un rey como un padre. Entiendes lo que es ser ambos. Y eso ayuda.
Genn se aclaró la garganta. Las emociones no le eran indiferentes, Anduin lo sabía, pero usualmente eran ardientes, violentas, iracundas. Era parte de la maldición de los huargen, sí, pero Anduin sabía que también eran una parte intrínseca del hombre. Genn no estaba acostumbrado a las emociones suaves, y casi siempre, como hacía ahora, las apartaba.
—Le estaría diciendo lo mismo a Liam en éste momento si estuviera aquí. La vida es muy corta. Demasiado impredecible. Para cualquiera en éste mundo, especialmente para un rey. Si amas Stormwind, necesitas asegurarte de que irá a manos que cuidarán de ella.
Hizo una pausa. Aquí viene, pensó Anduin.
—Anduin, ¿hay alguien a quien hayas considerado como una posible reina? Alguiuen para reinar en tu lugar si llegases a caer en batalla, que lleve al hijo que continuará con el linaje de los Wrynn?
Anduin de pronto se volvió realmente interesando en la comida frente a él.
Genn suspiró, aunque pareció más un gruñido.
—Los tiempos de paz son extraños en éste mundo. Y siempre son demasiado breves. Necesitas usar éste tiempo al menos para comenzar la búsqueda. Si estás viajando a todos estos lugares, ¿no podrías tener algunos bailes formarles, visitas a teatros o algo?
—Lo creas o no, entiendo que necesito hacerlo —admitió Anduin. Genn no sabía de la pequeña caja con las alianzas de la Reina Tiffin que Anduin mantenía cerca y el joven no estaba dispuesto a revelar esa información—. Y la respuesta es no. No he conocido a nadie todavía que me haga sentir se esa manera. Hay tiempo. Solamente tengo dieciocho.
—No es tan raro que los compromisos matrimoniales sucedan cuando los participantes aún están en la cuna —insistió Genn—. No conozco bien a la sociedad de Stormwind, pero seguramente hay otros que podrían hacer una lista.
Genn era bienintencionado, Anduin lo sabía. Pero estaba preocupado y cansado y su atención estaba en qué hacer con el mundo herido, no en un matrimonio arreglado.
—Genn, agradezco tu preocupación —dijo, escogiendo sus palabras cuidadosamente—. Éste no es un asunto sin importancia. Te he dicho que lo entiendo. Pero la idea de un matrimonio arreglado, aceptar pasar mi vida con alguien a quien es posible que no conozca antes de hacer ese compromiso, para mí es abominable. Además —agregó —, tú no tuviste uno.
Genn frunció el ceño.
—Sólo porque no es un camino que yo escogí no significa que no es uno bueno. Sé que no es la cosa más romántica en el mundo, pero no tiene que ser con un extraño. Mi hija, Tess, es casi de tu edad. Ella sería…
—Sería lo mismo si ella estuviera aquí en éste momento —lo interrumpió Anduin—. Por lo poco que la he visto, está claro que es una mujer excepcional. Pero ciertamente ella tiene su propia vida y voy a tomarme el atrevimiento de adivinar y decir que no creo que ser la reina de Stormwind está muy arriba la lista de cosas que desea en su vida.
Tess Greymane, unos cuántos años mayor que él, era al parecer una mujer de carácter fuerte. Había toda clase de rumores acerca de sus acciones, implicando que había tomado una página o dos de Mathias Shaw. Él no le había preguntado a Genn al respecto y ahora que el hombre había presentado a su hija como una reina potencial, no lo haría.
Las blancas cejas de Genn se juntaron en una mueca.
—Anduin.
—Volveremos a hablar de éste tema, lo prometo. Pero por ahora, hay otra cosa que me gustaría hablar contigo.
Sin quererlo, Genn rio.
—Sabe que discutiré con usted en cualquier momento, Su Majestad.
—Claro que lo sé —dijo Anduin—, y especialmente acerca de esto. Después de la visita de Magni, Moira, Velen y yo fuimos al Templo de la Luz Abisal. No creo que te sorprenderá en lo más mínimo que diga que me pareció… —negó con la cabeza—. Honestamente no encuentro las palabras. Era tranquilo y hermoso y solamente estando ahí me hizo sentir en paz. Muy concentrado.
—La única sorpresa que tengo acerca de tu visita es cuánto tardaste en llegar ahí —dijo Genn—. Pero nuevamente, un rey tiene poco tiempo para paz y tranquilidad.
—Mientras estaba ahí, conocí a dos personas que me sorprendieron —dijo. Llenó de aire sus pulmones. Aquí vamos, pensó—. Una de ellas era Calia Menethil.
Genn empezó.
—¿Estás seguro? ¿No era un impostor?
—Ella se parece mucho a su hermano. Y creo que los sacerdotes del templo se aseguraron de que eso era cierto.
—Tienes demasiada fe en la buenaventura de los sacerdotes.
Anduin sonrió.
—Lo hago.
—Bueno, sigamos. ¿Qué aprendiste? ¿Cómo fue que escapó? ¿Todavía quiere reclamar el trono de Lordaeron, facilitando que podamos echar a esos ocupantes podridos que desfilan por ahí actualmente?
Anduin sonrió con un poco de tristeza.
—Yo no hablé de eso. Regresaré y hablaré con ella después. Me dio la impresión de que no era una historia feliz.
—La Luz sabe que no puede serlo —dijo Genn—. Esa pobre familia. Lo que la chica debió pasar. Probablemente escapó de esos miserables por muy poco. ¡Debe despreciar a los no-muertos después de eso!
—De hecho, eso era lo siguiente que quería decirte. El Templo de la Luz Abisal es una sala para los sacerdotes de Azeroth. Todos sus sacerdotes. Incluyendo a los de la Horda —esperó—. Incluyendo a los renegados.
Anduin se había preparado para una lluvia de protestas. En su lugar, Genn bajó su tenedor con tranquilidad y habló en una voz cuidadosamente controlada.
—Anduin —dijo—. Entiendo que siempre quieres ver lo bueno en las personas.
—No es…
Genn alzó una mano.
—Por favor, Su Majestad. Escúcheme.
Anduin frunció el ceño, pero asintió.
—Es un rasgo admirable. Especialmente en un gobernante. Pero un gobernante debe ser cuidadoso para que no lo engañen. Sé que conociste y respetaste a Thrall. Y sé que consideras a Baine un amigo y él ha actuado con honor. Incluso tu padre negoció con Lor’themar Theron y tenía a Vol’jin en alta estima. Pero los renegados son… diferentes. Ellos ya no sienten las cosas como nosotros hacemos. Ellos son… abominaciones.
La voz de Anduin fue suave.
—Uno de los líderes actuales del Cónclaves es el Arzobispo Faol.
Genn maldijo y se puso de pie de un salto. Los cubiertos cayeron al suelo.
—¡Imposible! —su rostro se había sonrojado y una vena comenzó a palpitar en su cuello— Eso es peor que una abominación. ¡Eso es blasfemia! ¿Cómo puedes tolerar esto, Anduin? ¿No te enferma?
Anduin pensó en el pícaro sentido del humor que él difunto Alonsus Faol solía mostrar. Su bondad, su preocupación. Somos sacerdotes antes que otra cosa. Y lo era.
—No —dijo Anduin sonriendo—. Al contrario. Verlos ahí, en ese lugar de Luz. me dio esperanza, Genn. Los renegados no son irracionales de la Plaga. Son personas. Tienen libre albedrío. Y sí, algunos de ellos han cambiado para mal. Ellos han seguido adelante con su nueva existencia con miedo y odio. Pero no todos. Vi a los sacerdotes renegados hablando no solamente con los tauren y los trolls sino también con enanos y draenei. Ellos recordaban lo bueno. Moira ha trabajado con Faol desde hace un tiempo y.
Genn maldijo.
—¿También Moira? ¡Creí que los enanos tenían sentido común! He escuchado demasiado —se giró, preparado para salir del cuarto.
—No, no lo has hecho —la voz de Anduin fue suave pero no mediaba desacuerdos. Levantó una mano y señaló la silla que el otro había dejado vacía—. Te quedarás y escucharás.
Genn lo miró, sorprendido, después asintió y volvió a sentarse, aunque con obvia renuencia. Respiró hondo.
—Lo haré —dijo—. Aunque no me gustará.
Anduin se inclinó hacia adelante decididamente.
—Hay una oportunidad aquí si somos lo suficientemente audaces para tomarla. Sylvanas les dio vida a los renegados. Claro que la seguirán. Pero la Alianza se alejó de ellos. Todo lo que teníamos que ofrecerles era nombres, “muertísimos”, “podridos”. Los vimos con miedo. Disgusto. No podíamos siquiera comprender que eran personas.
—Eran —dijo Genn—. Ellos eran personas. Alguna vez. Ya no lo son.
—Hemos escogido verlos de esa manera.
Genn intentó otra técnica.
—De acuerdo —apoyó la espalda en la silla, los ojos entrecerrados—. Digamos que viste unos cuántos renegados decentes, un extremadamente pequeño puñado, todos los cuales resultaron ser sacerdotes. ¿Has encontrado a otros así?
Había otro que Anduin recordaba que definitivamente no era un sacerdote. En el juicio de Garrosh Hellscream, los dragones de bronce le habían ofrecido a la defensa y al fiscal la habilidad de mostrar escenas del pasado a través de un artefacto conocido como la Visión en el Tiempo. En una de esas visiones, Anduin había presenciado una conversación entre el renegado y un elfo de sangre en una taberna poco después de que la taberna hubiera sido destruida por aquellos demasiado devotos a Hellscream.
Los dos soldados habían estado en contra de la violencia y la crueldad que Garrosh había personificado. Y habían muerto por sus creencias. Oh, cuál era el nombre… Empezaba con una “F”.
—Farley —dijo Anduin —Frandis Farley.
—¿Quién?
—Un capitán renegado que se volvió contra Garrosh. Estaba indignado por la violencia en Theramore. Él vivía justo aquí en Stormwind cuando aún estaba con vida.
Genn parecía como si no pudiera siquiera entender lo que Anduin le acababa de decir.
—Frandis Farly no era un sacerdote. Era solamente un soldado que tenía suficiente humanidad en él para entender la maldad cuando la veía —mientras Anduin pensaba más en eso, más seguro se volvía.
—Anomalías —dijo Greymane.
—No acepto eso —dijo Anduin, inclinándose hacia adelante—. No tenemos idea de los que un ciudadano promedio de Undercity siente o piensa. Y hay una cosa que no puedes discutirme: Sylvanas se preocupa por su gente. Le importan. Y eso puede ser algo que podemos utilizar a nuestro favor.
—¿Para hacerla caer?
—Para traerla a la mesa de negociaciones. —Los dos hombres se observaron mutuamente, Anduin tranquilo y concentrado, Genn batallando para reprimir su ira.
—Su meta es convertir a más de nosotros en más de ellos —dijo Genn.
—Su meta es proteger a su gente —insistió Anduin—. Si le hacemos ver que entendemos su motivación, si podemos asegurarle que aquellos que ya existen jamás estarán en peligro con la Alianza, entonces será menos probable que utilice la Azerita para crear armas para matarnos. Aún mejor, tal vez logremos trabajar con la Horda para salvar el mundo que ambos habitamos.
Genn lo miró durante un largo momento.
—¿Seguro que no te contagiaste de algo en Ironforge?
Anduin alzó una mano apaciguadora.
—Sé que suena a una locura. Pero nunca hemos tratado de entender a los renegados. Ahora podría ser una oportunidad perfecta. El Arzobispo Faol y los otros podrían ayudar a abrir las negociaciones. Cada bando tiene algo que tal vez el otro quiera.
—¿Qué tenemos nosotros que los renegados quieren? ¿Qué tienen los renegados que nosotros podríamos querer?
Anduin sonrió gentilmente. Su corazón estaba lleno mientras respondía.
—Familia.
Sus aposentos estaban oscuros cuando entró, iluminados únicamente por la luz de las lunas.
—Recibiste mi mensaje —dijo Anduin en voz alta mientras encendía una sola vela y miraba a su alrededor.
Su habitación parecía estar vacía, pero estaba claro que no era así. Una sombra que pareció perfectamente ordinaria un momento antes, resplandeció y un marco elástico familiar camino hacia la pobre luz.
—Siempre lo hago —dijo Valeera Sanguinar.
—Uno de estos días voy a pedirte que me muestres cómo es que entras.
Ella sonrió.
—Creo que eres un poco pesado para manejarlo.
Anduin rio. Se sabía afortunado de poder tener a tantas personas en quienes confiar. No todos los reyes, sabía, podían decir lo mismo. Pero Valeera se encontraba en un nivel completamente diferente incluso de Velen o Grenn Greymane. Ella y Varian había luchado juntos en las fosas de los gladiadores y Anduin la había conocido hace años. Había salvado las vidas de él y de su padre en más de una ocasión y había jurado lealtad al linaje Wrynn. Y lo que era casi tan importante era que ella era capaz de moverse en círculos que se le negaban a Anduin y sus consejeros.
Valeera era una elfa de sangre y era la espía personal del rey.
Había servido a Varian de esa forma durante su reinado y había ayudado al rey cuando necesitaba hacer llegar mensajes que pedía fueran mantenidos en secreto incluso de su padre. Aunque confiaba en el Maestro Espía Shaw para hacer lo que sabía mejor para el reino, Anduin no conocía tan bien al hombre para confiar que él haría lo mejor para el reino. Ciertamente él no habría aprobado la correspondencia que Anduin había llevado durante los últimos años.
—Asumo que sabes acerca de la Azerita —dijo.
Valeera asintió su cabeza dorada, sentándose en una silla sin esperar a que se lo pidieran.
—Así es —dijo —Escuché que puede construir reinos, destruirlos y posiblemente condenar el mundo.
—Todo eso es cierto —confirmó Anduin. Sirvió a cada uno una copa de vino y le ofreció una a ella —Nunca se me ocurrió la idea de que Alianza y la Horda debían estar siempre en contra. Y me parece que ahora, más que nunca, debemos cooperar y confiar en ambos bandos. Éste nuevo material… —sacudió la cabeza— Es demasiado peligroso en las manos de cualquier enemigo. Y la mejor manera de derrotar a un enemigo es haciéndolo tu amigo.
La elfa de sangre bebió su vino.
—Yo te sirvo, Rey Anduin. Creo en ti. Y estoy casi segura de que soy tu amiga y siempre lo seré. Me gustaría vivir en ese mundo que ves. Pero no creo que sea posible.
—Improbable —dijo Anduin—, sin embargo, de verdad lo creo posible. Y sabes mejor que nadie que no estoy solo en ese sentimiento.
Le tendió una carta. Estaba escrita en un código personal que solamente entendían un puñado de individuos. Valeera la tomó y la leyó. Su expresión se volvió amarga, pero asintió y la guardó cuidadosamente en un bolsillo cercano a su corazón. Como siempre, ella memorizaría el contenido en caso de que la letra se perdiera o fuera destruida.
—Me aseguraré de que el sucedáneo la reciba —prometió Valeera. No lucía feliz.
—Se cuidadoso —agregó—. Nadie apoyará esto. Está destinado al fracaso.
—¿Pero qué si funciona? —presionó Anduin.
Valeera miró al fondo del contenido carmesí de su copa, entonces alzó sus brillantes ojos para encontrar los de él.
—Entonces —dijo ella lentamente con profunda renuencia—. Creo que debo dejar de usar la palabra “imposible”.
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