WoW Crónicas II – El Imperio Goriano

1 000 años antes del portal oscuro

En los siglos posteriores a la destrucción de la civilización de los ápices, los hechiceros y sacerdotes arakkoa se dispersaron por el mundo llevando consigo muchas de las codiciadas esquirlas de cristal de su raza.

Pequeños cónclaves de arakkoa Skalax se lanzaron a la búsqueda de estos pequeños retazos de conocimiento y poder. Aunque algunos ansiaban la gloria personal, otros deseaban preservar las maravillas de su extinto pueblo, llegando incluso a creer que si reunían suficiente conocimiento y poder auspiciarían una nueva era dorada de la civilización arakkoa.

El líder de los Skalax, Yonzi, descubrió que existían unos enormes repositorios de conocimiento enterrados bajo las ruinas de un asentamiento costero de los ápices en Talador, ahora territorio ogron. Las negociaciones y los intentos de soborno terminaron en un baño de sangre; a pesar de su limitada inteligencia, los fornidos ogrones eran grandes luchadores. Los arakkoa se retiraron y aguardaron su momento.

Yonzi y sus seguidores espiaron a la tribu ogron desde el cielo buscando la forma de doblegar a esos salvajes y pronto encontraron un resquicio: los esclavos de los ogrones. Aunque no eran tan poderosos como sus brutales amos, los ogros eran más inteligentes. Además, albergaban una inmensa rabia hacia los ogrones. Solo el miedo les impedía rebelarse.

Los hechiceros arakkoa contactaron en secreto con los ogros y les instruyeron en las artes arcanas. Los esclavos eran excelentes aprendices; a fin de cuentas, como descendientes lejanos de Grond, una criatura creada por el titán Aggramar, disfrutaban de una afinidad natural con lo arcano. Los Skalax se llevaron una agradable sorpresa: nunca habían visto desarrollar técnicas de hechicería con tan poco esfuerzo. Gracias a la afinidad natural de los ogros con la tierra, su magia arcana les permitía moldear y doblegar la roca a voluntad.

El ogro Gog fue uno de los primeros de su raza en dominar este nuevo poder. Los Skalax consideraban a Gog el líder ideal para instigar una revuelta a gran escala. Imbuido con nuevos poderes, Gog se dispuso a combatir… pero no contra los ogrones. Gog tenía un objetivo mucho más importante en mente: los gronns, unos gigantescos depredadores que los ogros temían y adoraban como a dioses.

Incluso los arakkoa se vieron sorprendidos por su ambición, pero no pudieron oponerse a los resultados. Gog abatió a un gronn con sus propias manos y el relato de su sanguinaria proeza corrió como la pólvora entre los ogros. Entonces mató a otro. Y a otro. Para cuando derrotó a su quinto gronn, los susurros sobre sus hazañas alcanzaban casi todos los asentamientos de los ogros. Los ogros veían a los gronns como monstruosidades gigantescas de tamaño y poder parejos a los de un dios. Nadie podía matarlos, y menos un ogro. Al menos eso creían los esclavos… hasta entonces.

Las gestas de Gog desmintieron esas creencias. Si los ogros podían acabar con un gronn, ¿por qué debían temer a los ogrones?

Cuando “Gog el Matagronns” regresó junto a su pueblo, no necesitó incitar a los esclavos a la revuelta. Los ogros se rebelaron contra sus amos ogrones, desencadenando una sangrienta guerra que provocó terribles bajas en ambos bandos. Mientras, los arakkoa observaban pacientemente desde la lejanía, ansiosos por hacerse con los preciados cristales del asentamiento ogron.

Al final, casi todas las tribus ogron cayeron ante sus esclavos. Los ogros, armados con su sed de venganza y sus recién adquiridos poderes arcanos, superaron ampliamente a los ogrones. De hecho, los pocos ogrones que se salvaron de la masacre huyeron a la desesperada y se dispersaron por el mundo.

Goria

Goria

Con los ogros libres de las cadenas de la esclavitud, los hechiceros Skalax se adentraron rápidamente en la ciudad para encontrar las reliquias y artefactos de los ápices, pero Gog el Matagronns les cortó el paso. Como buen hechicero, Gog no estaba dispuesto a desprenderse de ninguna fuente de poder. Los ogros habían pagado la conquista con su sangre. Gog se autoproclamó “Gorgog” (Rey Gog) y soberano de la ciudad, a la que rebautizó como Goria o “Trono del Rey”. Seguidamente, Gog ordenó a Yonzi y a sus seguidores Skalax abandonar la región bajo pena de muerte.

Los arakkoa huyeron pero no tardaron en regresar. El comportamiento de Gog enfureció tanto a Yonzi y a los suyos que decidieron conquistar el territorio por la fuerza. En plena noche, los hechiceros arakkoa atacaron la frágil ciudad de Goria. Gog y sus arcanistas contraatacaron apoyados por las incontables legiones de ogros liberados que adoraban a Gog como su salvador. El rey derrotó a los arakkoa y capturó a Yonzi. La muerte del líder de los Skalax no fue rápida.

Los relatos de la terrible muerte de Yonzi a manos de Gog se extendieron por todo el mundo. Después de aquello, y a pesar de los supuestos cristales de los ápices ocultos, los arakkoa no se atrevieron a lanzar nuevas incursiones en territorio ogro.

Ogrópolis

Ogrópolis

El Imperio Goriano se expandió con las generaciones. Aunque los ogros no eran conquistadores natos, amplias franjas de tierra caían bajo su dominio. Los gronns y ogrones itinerantes eran cazados por doquier para dar paso a nuevos asentamientos. Los ogros erigieron nuevas ciudades en todos los continentes, las más grandes de las cuales eran Ogrópolis, situada al oeste de Nagrand, y Fortaleza Aguja del Filo, en la Cresta Fuego Glacial. Estas dos ciudades se convirtieron en puestos avanzados militarizados dedicados a expandir sin descanso las fronteras del imperio ogro, tanto que los ogros establecieron una avanzada ruta comercial por tierra y mar que conectaba Goria con las dos distantes fortalezas.

Fortaleza Aguja del Filo

Fortaleza Aguja del Filo

Goria continuó como capital del imperio y centro de las enseñanzas de las artes arcanas. Los ogros, además, codiciaban el conocimiento de los arakkoa, por lo que los cristales de los ápices se convirtieron en objetos muy preciados.

No obstante, la hechicería de los ogros y su exposición a la magia arcana pura tuvo inesperados efectos secundarios. Aunque se trataba de casos muy poco comunes, algunos niños nacían con dos cabezas. Los ogros pronto descubrieron que estos niños eran hechiceros natos de gran poder y su aspecto pasó a ser un buen presagio. Con el tiempo, los arcanistas de Goria aprendieron a replicar este fenómeno y consiguieron que algunos ogros normales desarrollaran una segunda cabeza, con el consiguiente incremento de inteligencia y aptitudes mágicas.

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