WoW Crónicas II – El aliento de Rukhmar

Los ápices vislumbraron a las huestes de los primigenios avanzar en la lejanía junto a la silueta del montón de esporas. El arma aún no estaba terminada y los Anhar no conseguirían acabarla antes de que sus enemigos alcanzaran la aguja. Los arakkoa estaban condenados.

Sin embargo, un pequeño contingente de valientes hechiceros Skalax decidió tomar cartas en el asunto. Se presentaron voluntarios para distraer a los primigenios y permitir que sus aliados Anhar completaran el Aliento de Rukhmar. Durante la derrota en Talador, estos hechiceros descubrieron a Gnarlgar y supieron del poder del antárbol para guiar los movimientos de los botani y otras criaturas. Si conseguían asesinar al líder de los primigenios, los hechiceros Skalax asestarían un golpe terrible al enemigo.

Envueltos en sombras para evitar al ejército primigenio, los Skalax se adentraron en Talador. Sin que nadie advirtiera su presencia, los hechiceros avanzaron hasta encontrar a Gnarlgar.

Justo antes de que los hechiceros lanzaran su ataque, Gnarlgar percibió su presencia. El enfurecido antárbol salió de su trance y acabó rápidamente con los Skalax, pero no antes de que los hechiceros descargaran sus poderes oscuros contra la criatura.

Talador, en el futuro será conocido como Bosque de Terokkar

Talador, en el futuro será conocido como Bosque de Terokkar

Una maldición hizo mella en Gnarlgar. La rabiosa podredumbre se extendió por las hojas y raíces del antárbol. Gnarlgar se marchitó hasta convertirse en un cascarón ennegrecido y cayó junto a los cadáveres de sus asesinos.

Taala

Taala

La muerte de Gnarlgar quebrantó la unidad de los primigenios, mientras la confusión hacía presa de Taala y sus hermanos. Los primigenios detuvieron su avance, pero pronto reanudaron la marcha hacia Arak.

Destruir a Gnarlgar solo consiguió retrasar a los primigenios, pero fue suficiente para que los sacerdotes arakkoa terminaran su obra. En cuanto Taala alcanzó la aguja, los Anhar activaron su arma.

Un violento temblor hizo retumbar la aguja con las intensas energías que rugían desde el Aliento de Rukhmar. Un rayo de fuego blanco emergió del mecanismo y atravesó el pecho de Taala. El arma de los Anhar redujo el montón de esporas a una nube de ascuas y cenizas.

Seguidamente, los Anhar canalizaron su furia hacia el resto de los primigenios. El Aliento de Rukhmar atravesó las filas de los botani, los nudosos y los genosaurios, incinerando a miles de primigenios en un abrir y cerrar de ojos. Los pocos primigenios supervivientes huyeron de vuelta a Talador, aterrorizados.

Los Anhar no tuvieron piedad. Bañaron con fuego a los primigenios en retirada y calcinaron los bosques de las faldas de Arak. Para cuando los arakkoa cesaron su ataque, la tierra ennegrecida y las raíces humeantes se extendían desde la aguja hasta donde alcanzaba la vista.

La victoria de los ápices acabó para siempre con el poder de la naturaleza. La Fronda Eterna ya jamás regresaría. Draenor se abría a una nueva era dorada de la civilización mortal.

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