WoW Crónicas II – Los Heraldos de la Fronda Eterna

2 000 años antes del portal oscuro

El ascenso de los arakkoa no pasó desapercibido a ojos de las demás criaturas de Draenor.

En las cercanías de Arak, el espeso bosque de Talador rebosaba de primigenios, siendo el antárbol conocido como Gnarlgar uno de los más poderosos. Al igual que Rukhmar y sus hermanos, este árbol viviente de gran inteligencia apareció tras la destrucción de Botaan. Gnarlgar poseía un enorme poder sobre la magia de la naturaleza y sobre el Espíritu de la Vida que fluía por todas las plantas.

Gnarlgar también era el depositario de un gran conocimiento sobre el pasado de Draenor. Gracias a los genosaurios, el antárbol supo de la Fronda Eterna, de los montones de esporas y de la conciencia compartida que antaño mantenía unidos a los bosques y las selvas.

Antárboles

Antárboles

Durante milenios, Gnarlgar recorrió el mundo sobre la maraña de raíces que conformaban sus piernas. Empleando la magia, el antárbol empoderó a otros primigenios en su guerra contra los rompedores mientras incrementaba su propia energía y aprendía a influenciar las mentes de sus compañeros vegetales. Poco tiempo después, el antárbol adquirió la habilidad de manipular a otros primigenios y guiar sus actos.

Gnarlgar consideraba a los botani como los primigenios más prometedores de Draenor. Si los cultivaba adecuadamente, el antárbol sabía que se convertirían en un ejército de extraordinario poder. Gnarlgar se convirtió en el guardián de los botani y refino su cultura. El antárbol les mostró la verdad sobre los montones de esporas y los instigó a, un día, devolver la Fronda Eterna a su antigua gloria.

Botani

Botani

Los botani estaban repartidos por todo Draenor. Sin embargo, los botani de Talador eran los más numerosos y avanzados, por lo que se convirtieron en el corazón de la cultura de su raza.

Gnarlgar enseñó a los botani de Talador nuevas aplicaciones de la magia de la naturaleza. Los botani escarbaron estanques repletos de poderosas energías de la naturaleza que les permitían transferir los espíritus de los genosaurios caídos a nuevos cuerpos.

Mientras los botani se centraban en combatir a los rompedores, Gnarlgar descubrió a los ápices. Su civilización era una afrenta a la misma naturaleza, una monstruosidad artificial que no pertenecía a este mundo. Y aún peor, los arakkoa arrasaban con la naturaleza y talaban bosques enteros para construir sus ciudades y templos antinaturales.

Gnarlgar era consciente de que estos arakkoa eran mucho más peligrosos que los rompedores. Su devastadora magia incineraba junglas enteras o las inundaba de energía sombría. Gnarlgar estaba convencido de que, a menos que alguien lo evitara, los arakkoa pronto conquistarían Draenor entero.

El antárbol no estaba dispuesto a permitirlo. Gnarlgar abandonó Talador en busca de una reliquia de la era primordial que sirviera de arma contra los ápices. Con el tiempo, el antárbol encontró uno de los pocos pedazos de Botaan intactos que aún quedaban: una gigantesca raíz fosilizada.

Gnarlgar regresó a Talador, congregó a los botani y proclamó que la resurrección de la Fronda Eterna requería de la destrucción de la blasfema civilización de los ápices.

Entonces, el antárbol mostró la raíz de Botaan y explicó a los botani que la emplearía para crear un nuevo montón de esporas más grande incluso que sus predecesores. La monstruosa criatura encabezaría los ejércitos de los primigenios y juntos expulsarían a los ápices de su arrogante aguja.

Gnarlgar plantó la raíz en la tierra de Talador y la cultivó mediante un brutal ritual. Miles de botani se sacrificaron voluntariamente para que el antárbol traspasara sus espíritus a la raíz. Poco a poco, hojas y ramas emergieron de la tierra, convirtiéndose lentamente en una colina de espesas zarzas y coriáceos helechos. Gnarlgar bautizó al incipiente montón de esporas con el nombre de Taala.

Taala

Taala

A medida que Taala tomaba forma, los primigenios se preparaban para la guerra. Los botani despertaron a nuevos genosaurios de sus estanques de nacimiento y Gnarlgar concedió inteligencia y voluntad propia a miles de árboles al canalizar el Espíritu de la Vida a través del bosque.

Estos árboles, que recibirían el nombre de nudosos, se desraizaron y caminaron junto a su creador. Gnarlgar encantó sus troncos y ramas para que resistieran las llamas y hechizos oscuros de los arakkoa. Los nudosos formarían la primera línea de su ejército.

Decenas de miles de primigenios imbuidos de magia de la naturaleza y envueltos en armaduras de espinas se congregaron en Talador para aguardar el despertar de Taala y ser testigos del nacimiento del nuevo montón de esporas.

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