WoW Crónicas II – El nacimiento de Taala

Al principio, los ápices ignoraron el alzamiento de Talador, creyéndolo parte de la guerra entre rompedores y primigenios. Sin embargo, los bosques circundantes a Arak pronto se volvieron más espesos. Las vainas reptaban hacia la aguja plantando semillas que se convenían en árboles a una velocidad asombrosa. A medida que la maleza trepaba por la aguja, los Anhar y los Skalax ordenaron investigar Talador. Muy pocos exploradores regresaron de la misión y los pocos que sobrevivieron traían noticias terribles.

Los árboles cobraban vida y miles de botani y genosaurios se preparaban para la batalla. A pesar de todo, el mayor descubrimiento fue la existencia de la monstruosa criatura que se gestaba en el centro de Talador. Los exploradores arakkoa informaron de que ya superaba en tamaño a un genosaurio.

Por lo que sabían de la Fronda Eterna, los ápices temían que la criatura creciera hasta transformarse en uno de los gigantes que dieron forma al mundo. Si semejante monstruosidad despertaba, aniquilaría a los arakkoa y traería la devastación a todo Draenor.

Los líderes de los Anhar y los Skalax no tenían otra opción que actuar. La supervivencia de su raza dependía de ello.

Ambas órdenes movilizaron a los ápices y formaron rápidamente un ejército invasor que contaba mayoritariamente con sacerdotes Anhar y hechiceros Skalax. Los arakkoa invadieron los cielos de Talador guiados por los líderes Anhar y Skalax. Los asaltantes ignoraron a los primigenios que se cruzaban en su camino y se centraron en destruir a la criatura que tomaba forma en el centro de bosque.

Los ápices encontraron a Taala en las lóbregas profundidades de Talador, donde se enfrentaron en sangrienta batalla contra las huestes de los primigenios. Los sacerdotes Anhar atravesaron la espesura con sus filos de llamas encantadas mientras los hechiceros Skalax debilitaban a sus enemigos cargándolos de maldiciones. Sin embargo, y a pesar de los poderes a su alcance, los arakkoa no conseguían doblegar a los primigenios.

Gnarlgar entró en trance. El antárbol entró en contacto con la mente de los primigenios y empezó a controlar sus movimientos. Las vainas y las ramas atacaron a los ápices de forma perfectamente coordinada. Los arakkoa se vieron superados y pronto alzaron de nuevo el vuelo hacia el cielo.

La derrota sumió a las órdenes Anhar y Skalax en una profunda crisis. Los arakkoa habían perdido a casi la mitad de sus efectivos en la batalla; necesitaban desesperadamente una estrategia con la que derrotar a los primigenios.

La orden de los Anhar propuso una solución. Sus sacerdotes habían ideado una nueva e ingeniosa arma conocida como el Aliento de Rukhmar. Este mecanismo que canalizaba la energía del sol conferiría a los arakkoa un poder destructivo inimaginable. Los artesanos Anhar se pusieron rápidamente a construir el artefacto en el punto más alto de la aguja.

Al mismo tiempo, Gnarlgar aceleraba el crecimiento de Taala. El antárbol sabía que el momento de atacar a los arakkoa había llegado, antes de que se reagruparan y recompusieran sus defensas. Gnarlgar ordenó sacrificar a más botani y transfirió sus espíritus a las venas del montón de esporas.

Finalmente, Taala despertó. Gigantescas hojas se desplegaron a su alrededor mientras el montón de esporas se alzaba sobre el follaje del bosque. La monstruosa criatura de piel espinosa dio su primer paso y las junglas retumbaron con asombro.

Gnarlgar entró de nuevo en trance y estableció contacto con la mente de Taala y los demás primigenios. Siguiendo las órdenes de Gnarlgar, el ejército marchó hacia la aguja.

Taala

Taala

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