WoW Crónicas II – La maldición de Sethe

Con el paso de los años, Sethe empezó a sentir envidia de Rukhmar. Sus alas palidecían en comparación con las del ave de fuego y le impedían surcar los cielos con majestuosidad. Con mucho esfuerzo, Sethe apenas alcanzaba la cima de la aguja. Estaba condenado a vivir por siempre a la sombra de Rukhmar.

Pero Sethe no estaba dispuesto a aceptar su destino. Soñaba con derrotar a Rukhmar y robarle sus poderes, pero era consciente de que no podía hacerlo solo. Por ello, la serpiente alada solicitó la ayuda de Anzu. Si derrotaban a Rukhmar, Sethe y Anzu serían los dueños del techo del mundo. Los reyes gemelos de Arak.

Sethe asumió que Anzu también envidiaba el poder de Rukhmar. A fin de cuentas, el ave de fuego menospreciaba al cuervo por vivir tan cerca del suelo. Sin embargo, Sethe se equivocaba: Anzu no odiaba a Rukhmar; la adoraba. El cuervo albergaba un secreto afecto por el ave de fuego, aunque no se atrevía a confesar sus sentimientos, pues sabía que Rukhmar jamás lo aceptaría como su igual.

Anzu advirtió a Rukhmar de las intenciones de Sethe. El cuervo y el ave de fuego acordaron colaborar para derrotar a la serpiente alada. El día que Sethe lanzó su ataque, Rukhmar lo estaba esperando.

Para empezar, Rukhmar envolvió a Sethe en su ira ardiente y convirtió sus alas en cenizas. Cuando la serpiente alada se precipitó hacia el suelo, Anzu cayó sobre él y le arrancó los ojos. Con su último aliento, Sethe decidió vengarse de Rukhmar y Anzu convocando una terrible maldición en su propio cuerpo y en su sangre.

La maldición se derramó de su cadáver sobre la misma tierra.

Temiendo que la maldición destruyera Arak, Anzu devoró los restos de Sethe y contuvo la energía oscura de la serpiente alada en su interior. La maldición retorció el alma y la carne del cuervo, provocándole un intenso tormento a medida que su cuerpo se deformaba y se marchitaba, privándole para siempre de la capacidad de volar.

A pesar de todo, Anzu consiguió contener la maldición. Una pequeña parte de la sangre de Sethe se le escapó y corrompió el punto de impacto del cuerpo de la serpiente alada, pero no se expandió. Esta sombría región recibiría más tarde el nombre de Cuenca de Sethekk. Anzu no podía soportar la idea de que Rukhmar vislumbrara su nuevo aspecto. Si antes no lo consideraba digno de ella, la aberración en la que se había convertido no conseguiría más que asquearla. Anzu desapareció en la profundidad de los bosques y decidió ignorar las llamadas de Rukhmar.

Arakkoa

Arakkoa

Aunque la maldición de Sethe debilitó a Anzu, también le concedió nuevos poderes. Cuando consumió el cuerpo de la serpiente alada, Anzu obtuvo el dominio de la magia oscura. A medida que se familiarizaba con sus nuevas habilidades, Anzu envolvió su cuerpo en un reino de sombras que le ocultaría por siempre de Rukhmar.

Rukhmar busco a Anzu durante largo tiempo, pero al final se rindió. Aunque quería honrar el noble sacrificio de Anzu, la oscura maldición que amenazaba su hogar la aterrorizaba. Rukhmar alzó el vuelo y abandonó Arak para asentarse en el pico más alto de Gorgrond.

Rukhmar decidió agradecer el sacrificio a Anzu creando una nueva raza en honor al cuervo. Empleando parte de su energía vital, el ave de fuego transformó a algunos de sus kaliri en unas criaturas aladas conocidas como los arakkoa, o “herederos de Arak”. Estos seres combinaban la majestuosidad y la gracia de Rukhmar con la inteligencia y astucia de Anzu.

Arakkoa

Arakkoa

La intención de Rukhmar siempre fue que los arakkoa regresaran a Arak, pero no todavía. La maldición de Sethe aún perduraba y el pájaro de fuego no deseaba que sus nuevos hijos sufrieran por ella. En cuanto maduraran como raza y su sabiduría se asentara, Rukhmar los guiaría de vuelta a su hogar ancestral.

Sin embargo, Rukhmar temía no vivir el tiempo suficiente para ello. El ave de fuego consumió gran parte de su propia esencia vital para crear a los arakkoa y ya nunca sería la misma de antes. Rukhmar sabía que ahora envejecería y con el tiempo, fallecería.

Pero antes de ello, estaba decidida a proteger y auspiciar la cultura de los arakkoa.

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