WoW Crónicas II – El albor de los Ápices

3 000 años antes del portal oscuro

Durante muchas generaciones, Rukhmar observó el desarrollo de los arakkoa desde la lejanía, comulgando solo ocasionalmente con la especie alada. Les contó la historia de Arak, de la maldad de Sethe y de la nobleza de Anzu. Rukhmar también enseñó a los arakkoa los principios más básicos del poder de la Luz.

Los arakkoa eran rápidos aprendices. Pronto adquirieron un dominio rudimentario de la Luz que les permitió convertirse en grandes sanadores y videntes. Muchas de sus costumbres primitivas se basaban en el culto a Rukhmar, a la que adoraban como diosa del Sol y fuente de su poder sobre la Luz.

Rukhmar

Rukhmar

Los arakkoa, sin embargo, no se contentaban con los poderes de la Luz. Gracias a las enseñanzas de Rukhmar, los arakkoa veneraban a Anzu tanto como a su diosa del sol. Muchos arakkoa descubrieron la magia arcana y se convirtieron en extraordinarios hechiceros.

A medida que los arakkoa prosperaban, Rukhmar sentía como la vida se le escapaba. Comulgó una última vez con sus hijos para instarlos a reclamar Arak. Rukhmar alzó el vuelo y emprendió rumbo hacia el sur seguida por los arakkoa. Nada más alcanzar Arak, Rukhmar exhaló su último suspiro y las llamas consumieron su cuerpo. El ave de fuego ardió como un segundo sol en el cielo.

Anzu

Anzu

Los arakkoa vieron el fallecimiento de Rukhmar como una señal de su propia ascendencia y juraron establecer una gran civilización en Arak para honrar su memoria. Una civilización que ensombreciera a las demás culturas de Draenor con la luz de su conocimiento y de su poder, que resplandecería en el cielo como el fuego de Rukhmar.

Los arakkoa tomaron el nombre de ápices y reclamaron las cotas más altas de la aguja de Arak. La madera y los metales que obtenían de los bosques y montaña circundantes les permitieron erigir inmensas y resplandecientes estructuras alrededor de su nuevo hogar. Empleando su dominio de la magia, los ápices también crearon unos enormes faros infundidos con llamas encantadas que colgaron a lo largo de la aguja.

Siguiendo las leyendas de Anzu y su noble sacrificio, los hechiceros arakkoa investigaron la Cuenca de Sethekk para estudiar meticulosamente el estanque de energía maldita. Así fue como descubrieron los misterios de la magia de las Sombras. Estos hechiceros, además, adquirieron la sorprendente habilidad de combinar su conocimiento de las artes arcanas con los poderes oscuros de la Cuenca de Sethekk.

Arakkoa

Arakkoa

Los ápices abrazaron la Luz y el Vacío con la creencia de que ambos formaban parte natural de la vida y fundaron dos facciones especializadas respectivamente en cada una de las vertientes. Los Anhar experimentaban con las artes de la magia sagrada, mientras que la orden de los Skalax se dedicaba al estudio de la magia arcana y la magia de las Sombras. Ambos grupos ocupaban los más altos escalafones de la sociedad ápice, compartiendo prestigio e influencia a partes iguales.

Los arakkoa establecieron su dominio sobre Arak y se lanzaron a explorar el mundo. No eran expansionistas, pero sí curiosos. Establecieron puestos avanzados por todo Draenor para observar la flora y fauna locales. Los arakkoa estudiaron los límites de los bosques y cartografiaron las gigantescas cordilleras que atravesaban el mundo. Fue entonces cuando, anonadados, constataron que muchos de estos lugares eran en realidad los restos de las gigantescas criaturas que antaño caminaron sobre Draenor.

Gracias a las historias transmitidas por Rukhmar, los ápices sabían que los primigenios y los rompedores descendían de los gigantes primordiales. Los arakkoa contemplaban sus incesantes enfrentamientos con una mezcla de fascinación y compasión, pero nunca intervinieron. Como hijos de Rukhmar, los arakkoa heredaron parte de su arrogancia y consideraban indigno inmiscuirse en las vidas de las razas naturales.

Regresar al índice de World of Warcraft: Crónicas Volumen II

Share

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.