WoW Crónicas II – Los Dioses de Arak

El Espíritu de la Vida que saturó el Draenor primordial dio nacimiento a muchas especies de animales, pero casi todas fueron consumidas por la Fronda Eterna y los montones de esporas.

El fin de la Fronda Eterna trajo consigo una nueva oportunidad para la vida animal. Los pedazos de Botaan se convinieron en frondosos bosques vibrantes con el Espíritu de la Vida, cuya energía transformó la tierra y aceleró el desarrollo de nuevas especies.

Rukhmar, el ave de fuego

Rukhmar, el ave de fuego

Las primeras bestias en aparecer fueron criaturas enormes con un poder extraordinario sobre la tierra. Algunas eran afines a la magia natural típica de los botani y otros primigenios, mientras que otras canalizaban las energías elementales de Draenor. Unas pocas, incluso, extraían su poder de las fuerzas de la Luz y el Vacío que permeaban el cosmos más allá del velo de la realidad.

A pesar de sus considerables poderes, los gigantescos animales de Draenor sobrevivían a duras penas. Los botani los empleaban como abono para alimentar la maleza o los infestaban con hongos que los transformaban en esclavos de los primigenios. En otras zonas, en cambio, eran pasto de los gronns y los ogrones. Los animales que mejor prosperaron en el inhóspito Draenor fueron los especímenes alados capaces de surcar los cielos lejos del alcance de los rompedores y los primigenios.

Sethe, la serpiente alada

Sethe, la serpiente alada

La mayoría de razas aviarias de Draenor se desarrollaron en Arak, una imponente aguja de piedra que se alzaba sobre los frondosos bosques y las florestas costeras. En aquel paraje, tres criaturas de proporciones divinas tomaron forma: la majestuosa Rukhmar, el ave de fuego; el despiadado Sethe, la serpiente alada, y el astuto Anzu, el cuervo.

Cada uno de estos animales era poderoso por derecho propio. El espíritu de Rukhmar disfrutaba de un gran vínculo con la fuerza primordial de la Luz. Esta conexión le permitía invocar llamas encantadas capaces de destruir o nutrir la vida. Sus alas rojizas brillaban con un intenso fuego blanco que nunca llegaba a chamuscarla.

Anzu, el cuervo

Anzu, el cuervo

Las alas de Sethe eran cortas y curtidas, y no le permitían volar tan alto como Rukhmar. Sethe era afín a la energía oscura —el Vacío— que perneaba el universo.

Anzu era mucho más pequeño que Rukhmar y Sethe, pero compensaba sus carencias físicas con una inteligencia fuera de lo común. Empujado por su curiosidad innata, Anzu investigó las líneas mágicas que recoman el mundo y descubrió la magia Arcana.

Durante muchos años, estas tres criaturas vivieron aisladas en Arak sobreviviendo a los constantes ataques de los rompedores y los primigenios. Solo Anzu soñaba con un futuro mejor para él y sus compañeros alados.

Anzu propuso a Kukhmar y a Sethe colaborar para transformar Arak en un santuario para pájaros de todas clases. ¿Por qué vivir bajo la opresión de los primitivos rompedores y primigenios cuando podían gobernar ellos mismos su tierra?

Kaliri

Kaliri

Como un solo hombre, Anzu y sus nuevos aliados desterraron a los hijos de la piedra y la raíz de Arak. Con la expulsión de los primigenios y los rompedores, la región se convirtió en un refugio para las criaturas aladas. Mientras, Rukhmar, Sethe y Anzu se erigieron como los guardianes de la tierra y de sus muchas especies.

Rukhmar estableció un fuerte vínculo con los kaliri, los pájaros más hermosos del mundo, y los trataba como si fueran sus propios hijos. Rukhmar y sus kaliri solían posarse en la cúspide de la aguja de Arak para disfrutar del calor de la luz del sol.

A pesar de su nobleza, Rukhmar era arrogante. Se consideraba el epítome de la gracia y la belleza entre las criaturas vivas del mundo. Jamás posaba sus garras en el suelo, pues desdeñaba profundamente a los habitantes de los bosques y sus aledaños.

Serpiente alada

Serpiente alada

Anzu cuidaba de la multitud de cuervos menores que vivían en Arak, además de frecuentar el follaje de los bosques que bordeaban la aguja.

Sethe gobernaba a las serpientes aladas menores y vivía con ellas en las oscuras grietas y cavernas de la base de la aguja. Sin embargo, Sethe no trataba a sus discípulos con el respeto que Anzu reservaba a sus cuervos. Como amo de las serpientes de aire, Sethe era cruel y exigente.

La paz parecía haber llegado a Arak, pero la oscuridad se cernía sobre la aguja.

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