WoW Crónicas II – La caída de Sargeras

Mientras cazaba demonios en solitario, Sargeras descubrió los planes de los señores del vacío para corromper un alma-mundo dormida y la duda se apoderó inmediatamente de su espíritu. ¿Y si los señores del vacío ya habían corrompido a un titán? Aunque no fuera así, Sargeras sabía que era solo cuestión de tiempo, pues los titanes no abarcaban a proteger el universo entero.

Sargeras reflexionó sobre la mejor forma de detener a los señores del vacío y llegó a una funesta conclusión: la existencia misma era imperfecta. La única forma de salvar el universo de las malas artes de los señores del vacío era incinerar la creación entera. Una medida drástica, sí… pero necesaria. Sargeras experimentó un tremendo sufrimiento ante tamaña idea, pero un universo muerto era preferible a uno controlado por los poderes del Vacío. Aun así, tenía un magro consuelo: si antaño la vida floreció en el universo, podría volver a hacerlo.

El Panteón

El Panteón

Sargeras comunicó su descubrimiento a Aggramar y al resto del Panteón de los titanes y expuso su drástica decisión. Su idea no tuvo una buena acogida. Los otros titanes reprendieron a Sargeras por atreverse a considerar siquiera semejante opción. Incluso Aggramar, su mejor amigo, se opuso, argumentando que el deber del Panteón era salvaguardar la vida y mantener el orden.

En aquel instante, Sargeras perdió toda fe en el Panteón. Los demás titanes carecían de la voluntad necesaria para acometer lo inevitable. Sargeras se negó a perder más tiempo escuchando sus críticas y el campeón de los titanes abandonó a sus aliados para desaparecer en la Gran Oscuridad.

El Panteón lamentó profundamente la pérdida de Sargeras, pero no por ello abandonaron su gran búsqueda. Los titanes continuaron explorando los confines más lejanos de la creación en busca de nuevos espíritus de titanes durmientes.

Aggramar

Aggramar

Al mismo tiempo, Aggramar continuó combatiendo a los demonios, ahora en solitario. Su labor era ardua y extrañaba los días en que luchaba hombro a hombro con Sargeras. Pero a pesar de todo, Aggramar esperaba con todas sus fuerzas que un día Sargeras recuperara el buen juicio y regresara al redil.

Sin embargo, eso nunca sucedió. Sargeras se mantuvo firme en su decisión de purificar el universo con fuego para frustrar los planes de los señores del vacío. Y no cejaría en su empeño, en su Cruzada Ardiente, hasta que la última estrella se extinguiera y el titán caído se alzara sobre un universo de humeantes ascuas.

A pesar de su inmenso poder, Sargeras no podía conducir su Cruzada Ardiente en solitario. Necesitaba siervos leales dispuestos a asumir con orgullo su papel de agentes de la destrucción. Necesitaba a los mismos seres a los que antaño juró destruir.

Necesitaba a los demonios.

Legión Ardiente

Legión Ardiente

Sargeras congregó a las retorcidas criaturas en su bando, mientras se regodeaba en el terrible poder de la magia vil. La energía de la destrucción envolvió el alma de Sargeras y malogró para siempre su noble figura, pero también le confirió un poder mayor del que jamás había conocido.

El titán corrupto cedió parte de su nuevo poder a sus acólitos demoníacos, y los unificó mediante el fuego esmeralda de la magia vil. Bautizó a su creciente ejército como la Legión Ardiente y liberó sus huestes sobre el incauto universo.

Con el tiempo, las filas de la Legión sumaron a toda clase de demonios. Mundo tras mundo caía ante su imparable acometida. Algunas civilizaciones mortales se unían voluntariamente a la Legión para evitar su erradicación, otras eran corrompidas a la fuerza…

Y otras, en cambio, desaparecían para siempre de la faz de la existencia.

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