WoW Crónicas I – Ventormenta y la Guerra de los Gnoll

75 años antes del portal oscuro

Las dispares naciones humanas florecieron por los Reinos del Este. El más pequeño y aislado de estos reinos era Ventormenta. A lo largo de los años, alcanzo la prosperidad gracias a las granjas que poblaban las regiones fértiles colindantes. A medida que la población de Ventormenta aumentaba, pequeñas ciudades aparecieron en el cercano Bosque de Elwynn, en las Montañas Crestagrana, la Arboleda del Destino y la cornucopia del reino, los Páramos de Poniente.

Ventormenta

Ventormenta

Aunque se trataba de un territorio relativamente pacífico, no tardaron en surgir amenazas. Manadas de feroces pero estúpidos gnolls vieron presa fácil en sus vecinos humanos. Estas salvajes criaturas asaltaron los convoyes de Ventormenta, las granjas e incluso algunas ciudades menores. Como respuesta, Ventormenta envió a sus valerosos caballeros y soldados a patrullar la tierra.

La Ciudad de Ventormenta se convirtió en un santuario para los exhaustos refugiados que habían sido expulsados de sus hogares. El fortificado corazón del imperio no solo ofrecía protección, sino también guía espiritual. Durante las últimas décadas, devotos clérigos de la Iglesia de la Luz Sagrada se habían aventurado hacia el sur desde Lordaeron para predicar su fe. Tras llegar a Ventormenta, estos piadosos religiosos fundaron la Orden Sagrada de Clérigos de Villanorte. Durante las épocas más oscuras, el reino recurría a estos clérigos como fuente de sabiduría y bienestar espiritual.

Barathen Wrynn

Barathen Wrynn

Mientras los devotos clérigos calmaban las mentes y los corazones de los ciudadanos de Ventormenta con los poderes de la Luz, las tropas patrullaban las fronteras del reino. Aunque su vigilancia evitó un mayor derramamiento de sangre en los territorios exteriores, los gnolls continuaban representando una amenaza.

Durante el régimen del rey Barathen Wrynn (conocido también como Adamant Wrynn III), esta amenaza velada se descontroló. Los gnolls lanzaban atrevidos ataques contra la propia Ciudad de Ventormenta. Pronto se hizo evidente que estos ataques eran meras distracciones: mientras los soldados defendían la ciudad, las granjas de los Páramos de Poniente ardían. Los gnolls que asaltaban la ciudad eran tan numerosos que el rey solo podía destinar unos pocos soldados a la protección de las zonas agrícolas.

Esta táctica era inusual para los salvajes gnolls, y con buen motivo: nunca antes había emergido un líder inteligente de entre ellos. El Paqueñor Garfang, un astuto gnoll alfa de la manada Crestagrana, llevaba años conquistando otras manadas de las regiones colindantes. Ahora disponía de un ejército de asaltantes rabiosos y los conocimientos tácticos necesarios para darles un uso eficiente. Apenas un año después del primer ataque, los gnolls había saqueado casi un tercio de los asentamientos humanos del exterior de la ciudad.

Gnolls guerrero

Gnolls guerrero

El rey Barathen envió emisarios para suplicar la ayuda de Lordaeron, Gilneas y los demás reinos humanos, pero estos no intervinieron al no apreciar beneficio en la defensa de la pequeña nación rural. Al ser autosuficiente, Ventormenta no comerciaba demasiado con los otros reinos, y estos consideraban sus convicciones religiosas como «pintorescas». Los humanos de Ventormenta tendrían que arreglárselas solos.

La negativa de las otras naciones enfureció al rey Barathen, que decidió intervenir personalmente en el asunto. La manada gnoll demostró un gran atrevimiento al atacar la Ciudad de Ventormenta, por lo que Barathen decidió que, para derrotarlos, necesitarían recurrir a tácticas igualmente atrevidas.

El rey y un reducido grupo de caballeros de élite abandonaron la ciudad bajo el manto de la noche y aguardaron a que el siguiente asalto gnoll alcanzara las murallas de la ciudad. Cuando los grupos de asalto atacaron la ciudad, el rey y sus tropas… se alejaron al galope de la Ciudad de Ventormenta en dirección a las Montañas Crestagrana. El gambito de Barathen había salido bien: el paqueñor no había escatimado recursos en el asalto, pero no acompañaba a sus soldados. Como la mayoría de gnolls, a Garfang le encantaba que los demás hicieran su trabajo.

Pero, con todos sus ejércitos en combate, el campamento del paqueñor en Crestagrana estaba indefenso y expuesto.

Ciudad de Ventormenta en la película

Ciudad de Ventormenta en la película

El grupo de Barathen combatió contra Garfang y su guardia personal durante todo un día y toda una noche. Al final, el rey en persona hundió su filo en el cuello del paqueñor. La mitad de sus caballeros habían muerto y los supervivientes estaban heridos, pero Barathen había acabado por fin con el reinado de Garfang.

Cuando las tropas gnoll supieron de la muerte de su líder, las peleas internas estallaron de inmediato. Diversos aspirantes a paqueñor se disputaron el puesto de Garfang, pero carecían de su astucia y sus agallas. Los gnolls diezmaron sus propias filas, lo que les impidió continuar saqueando las tierras humanas. El rey Barathen aprovechó sus disputas internas para reunir a sus tropas y asaltar las Montañas Crestagrana, donde masacraron a los gnolls restantes. Aunque algunos reductos de estas violentas criaturas permanecían en la región, ya nunca amenazaron la Ciudad de Ventormenta como en aquella ocasión.

El rey Barathen Wrynn, conocido desde entonces como el Persistente, fue aclamado como un héroe y el reino de Ventormenta entró en una época de gran prosperidad. La victoria concedió a la gente de Ventormenta la confianza necesaria para enfrentarse a cualquier amenaza, aun sin la ayuda de otras naciones humanas. En los años venideros, Ventormenta se distanciaría aún más de los reinos del norte.

Sin embargo, sin que el resto del mundo lo supiera, pronto Ventormenta sería escenario de unos acontecimientos que cambiarían por siempre el destino de Azeroth.

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