WoW Crónicas I – La Guerra Civil Gurubashi

1 500 años Antes del Portal Oscuro

En los límites meridionales de los Reinos del Este, los trols Gurubashi selváticos languidecían entre la pobreza y la penuria, pues nunca se recuperaron plenamente de la destrucción causada por el Hendimiento. Muchos terrenos agrícolas y zonas de caza se perdieron para siempre y la hambruna se convirtió en la acompañante perenne del imperio.

Desesperados por recuperar su antigua gloria, los Gurubashi de la Vega de Tuercespina clamaron finalmente a los poderosos espíritus loa venerados por los trols. Uno de ellos respondió a su llamada: Hakkar el Cazador de Almas, Loa de la Sangre. El malvado espíritu prometió ayudarles a extender su imperio por la mitad inferior de los Reinos del Este. A cambio, les exigió una gran cantidad de sacrificios de sangre.

Hakkar el Cazador de Almas

Hakkar el Cazador de Almas

Los Gurubashi que juraron lealtad a Hakkar recibirían el nombre de Hakkari. Estos trols derrotaron con contundencia a manadas de gnolls cercanas y a tribus de murlocs, además de a otros trols que se oponían a Hakkar. Los prisioneros pronto deseaban haber muerto en combate; durante años, el espíritu incorpóreo de Hakkar se atracó con la sangre de los cautivos. Bajo el dominio de los Hakkari, los Gurubashi alcanzaron sus ansiados objetivos y conquistaron amplias franjas de tierra, además de muchas de las islas que salpicaban las costas de los Mares del Sur.

Zul'Gurub

Zul’Gurub

Al principio, los Zandalari, que contemplaban estos acontecimientos a una prudente distancia, mostraron su satisfacción por el retorno de los Gurubashi a la conquista y a su moralidad original. Pero, cuando se hizo evidente que Hakkar jamás saciaría su sed de sangre, se dieron cuenta de que el maligno dios no solo destruiría la raza de los trols, sino el mundo entero.

 

Los Zandalari congregaron sus tropas y marcharon hacia los Reinos del Este. Allí, se reunieron con los trols Gurubashi que habían ocultado su desacuerdo con los Hakkari. Los Zandalari y sus nuevos aliados descubrieron que una facción de los sacerdotes más fervorosos de Hakkar, los Atal’ai, trataban de invocar al espíritu del loa en un cuerpo físico, lo que a su vez despertaría nuevas dimensiones de su poder y condenaría definitivamente a la raza trol.

Jin'do invocando a Hakkar

Jin’do invocando a Hakkar

Horrorizados por los planes de los Atal’ai, los Zandalari asaltaron la capital Gurubashi de Zul’Gurub. Los ejércitos combatieron entre los zigurats cubiertos de parras que poblaban la ciudad templo durante todo un día y toda una noche. Al final, en lo alto del sangriento altar de Hakkar, los Zandalari derrotaron al Loa de la Sangre y a la mayoría de sus enloquecidos seguidores.

A pesar de la victoria, los Zandalari y sus aliados acordaron permanecer alerta por si Hakkar reaparecía. El loa no estaba realmente muerto; simplemente, su espíritu había sido expulsado del mundo físico.

Además, algunos de sus fanáticos sacerdotes Atal’ai escaparon hacia las selvas que rodeaban Zul’Gurub. Estos trols se establecieron en el Pantano de las Penas, al norte de la capital Gurubashi. En el corazón de las salvajes marismas, construyeron un gran templo dedicado a su sanguinario loa: el Templo de Atal’Hakkar.

Templo de Atal'Hakkar

Templo de Atal’Hakkar

En las profundidades del templo, los Atal’ai continuaron venerando a Hakkar. Condujeron oscuros rituales y ceremonias con la esperanza de convocar al loa de vuelta al mundo físico. La magia tenebrosa retorció la flora y la fauna que rodeaban el templo, lo que atrajo la atención del Dragón Aspecto verde, Ysera.

Tras descubrir los planes de los Atal’ai para invocar a Hakkar, Ysera desato sus poderes sobre el templo y sus ocupantes. El ataque de la Dragona Aspecto derrumbó los muros del templo y reventó sus cimientos. El gigantesco zigurat se hundió en la tierra. Mientras el cenagoso lodazal se tragaba el templo, los aterrorizados Atal’ai abandonaron sus rituales y se perdieron en las marismas.

Aunque Ysera logró frustrar el retorno de Hakkar, los Atal’ai podían tratar de resucitar de nuevo a Hakkar en un futuro. Por ello, envió a algunos de sus leales dragones verdes a vigilar las ruinas del templo para asegurar que no lo volvieran a utilizar para traer a semejante mal a este mundo.

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