WoW Crónicas I – El Éxodo de los Gnomos

3 000 años Antes del Portal Oscuro

Mientras las guerras asolaban el mundo y nuevas civilizaciones se alzaban sobre la superficie de Azeroth, los terráneos llevaban una existencia solitaria, indiferentes a las actividades de los otros habitantes del planeta. Algunos permanecían aislados bajo las gélidas montañas de Rasganorte. Otros, que llegaron al sur milenios atrás junto al Vigilante Archaedas y la gigante Hierraya, dormían en las catacumbas de Uldaman. Solo unos pocos de estos terráneos decidieron permanecer despiertos para vigilar y mantener el complejo junto a sus compañeros mecagnomos.

Mecagnomo

Mecagnomo

Durante aquel tiempo, Archaedas y Hierraya se distanciaron aún más de sus siervos. Se obsesionaron con encontrar una cura para la maldición de la carne. Archaedas y Hierraya se retiraban a menudo durante años a las profundidades de Uldaman para meditar. Con el tiempo, los dos gigantescos forjados por los titanes desaparecieron por completo y entraron en hibernación durante un largo tiempo. Nada se supo de ellos durante siglos, y Uldaman quedó al cuidado de los mecagnomos y los terráneos.

Cuando el hendimiento desgarró Azeroth, muchos terráneos despiertos sintieron el dolor del mundo en su propio cuerpo. Afligidos por la catástrofe, excavaron nuevos caminos en las profundidades de Uldaman y se encerraron en las cámaras de hibernación junto a sus hermanos durmientes.

Los mecagnomos se quedaron solos cuidando Uldaman. Pero con el tiempo, ellos también sucumbieron a la maldición de la carne. La enfermedad los hizo degenerar hasta convertirlos en criaturas mortales de carne y hueso conocidas en el futuro simplemente como ‘gnomos’. Estas criaturas, debilitadas física y mentalmente, perdieron su propósito y abandonaron las grandes estancias de Uldaman. Huyeron a las cavernas y las montañas cercanas, aunque unos pocos mecagnomos permanecieron en la fortaleza, impulsados por su compromiso con los forjados por los titanes.

Gnomos

Gnomos

La primera generación de gnomos se estableció en las montañas nevadas al oeste de Uldaman. Al carecer de fuerza o resistencia naturales, los gnomos vivieron una existencia dura entre la inclemencia de los elementos, los salvajes trols de hielo y otras amenazas que acechaban en la región. Sin embargo, conservaban su intelecto y su ingenio natural. Con el paso de las generaciones, los gnomos se entregaron al desarrollo de su tecnología y a la investigación, pues representaban su única baza para sobrevivir en un mundo tan hostil. Por ello, abandonaron toda tradición oral y escrita, considerándolas inútiles para su supervivencia.

En unas pocas generaciones, los gnomos perdieron todo recuerdo de sus orígenes como forjados por los titanes. A cambio, sin embargo, obtuvieron una sociedad nueva. Sus conocimientos de ciencias e ingeniería les permitieron superar reto tras reto. Los gnomos excavaron una serie de moradas altamente fortificadas en las profundidades de las frías montañas que en un futuro se convertirían en Dun Morogh.

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