WoW Crónicas I – Suramar y los Pilares de la Creación

A medida que las batallas azotaban el centro de Kalimdor, un grupo de siervos de Azshara empezaron a preocuparse por su propio futuro. Este pequeño culto de hechiceros Altonato actuaban como una extensión de la voluntad de la reina. Desde su cuartel general en Suramar, se embarcaban en actividades secretas dirigidas a asegurar el dominio de Azshara y reforzar su imperio.

A medida que las batallas azotaban el centro de Kalimdor, un grupo de siervos de Azshara empezaron a preocuparse por su propio futuro. Este pequeño culto de hechiceros Altonato actuaban como una extensión de la voluntad de la reina. Desde su cuartel general en Suramar, se embarcaban en actividades secretas dirigidas a asegurar el dominio de Azshara y reforzar su imperio.

Gran Magistrix Elisande

Gran Magistrix Elisande

De entre los muchos deberes que estos Altonato cumplían, se les daba especialmente bien encontrar y adquirir artefactos de gran poder. Muchas de estas reliquias estaban guardadas en la Cámara de Antigüedades, un enorme repositorio construido en Suramar. Uno de los mayores descubrimientos arqueológicos de este grupo de Altonato fueron los antaño perdidos Pilares de la Creación, un extraordinario conjunto de reliquias con las que los guardianes ancianos moldearon Azeroth en el pasado.

Aunque la élite Altonata de Suramar profesaba una lealtad inquebrantable a la reina, sus opiniones sobre ella fueron cambiando a medida que avanzaba la guerra. La Gran Magistrix Elisande, líder del grupo, temía que la Legión no tuviera en consideración los intereses de los Altonato. Los monstruosos demonios habían destruido gran parte del glorioso imperio de los elfos de la noche y envenenado las tierras colindantes con su magia vil.

La desconfianza de Elisande hacia la Legión no hizo sino aumentar cuando descubrió que los demonios planeaban transformar Suramar en un nuevo frente de guerra. Los agentes de la Legión habían iniciado la construcción de un portal a El Vacío Abisal en la estructura más prominente de la ciudad, el Templo de Elune. Una vez abierto, el portal permitiría que los refuerzos de la Legión tomaran Azeroth y aplastaran la resistencia de los elfos de la noche en un segundo frente.

Vidriera en la Tumba de Sargeras que representa a los Altonatos con los Pilares de la Creación

Vidriera en la Tumba de Sargeras que representa a los Altonatos con los Pilares de la Creación

Pero Elisande opinaba que semejante portal seguramente destruiría Suramar y a todos sus habitantes. Por tanto, la gran magistrix y sus seguidores idearon un plan para sabotear las maquinaciones de la Legión. Rompieron sus lazos con los demás Altonato y se dispusieron a sellar el nuevo portal de los demonios. Para ello, Elisande y sus aliados recurrieron a los poderosos artefactos reunidos a lo largo de los años. En particular, sabían que los Pilares de la Creación poseían el poder bruto necesario para neutralizar el portal de la Legión.

Con los artefactos en su poder, Elisande y sus Altonato atacaron a los demonios de Suramar. Justo cuando el nuevo portal empezaba a rugir de vida, los hechiceros canalizaron su magia a través de los Pilares de la Creación, generando un gran hechizo que cerró el aullante conducto para luego sellarlo con un conjunto de encantamientos irrompibles.

Aunque habían frustrado la creación de un nuevo portal, los Altonato rebeldes no tenían intención de unirse a la resistencia de los elfos de la noche y continuar combatiendo a la Legión. Temiendo el desastre, Elisande y sus seguidores fortificaron su posición en Suramar. Emplearon el Ojo de Aman’Thul, uno de los Pilares de la Creación, para crear una inmensa fuente de magia Arcana. Conocido como el Pozo de la Noche, esta fuente de poder proporcionaría energía a los hechiceros y los protegería de futuras amenazas. En los milenios siguientes, la fuente también cambiaría a Elisande y a sus seguidores, transformándolos en una nueva raza conocida como los nocheterna.

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