WoW Crónicas I – La Reina Azshara

Hermosa y sabia más allá de su edad, la reina Azshara personificaba los rasgos más codiciados por su pueblo. Se embarcó en mágicas empresas y construyó un asombroso palacio enjoyado en las costas del Pozo de la Eternidad. Allí, los nobles de mayor poder —que también serían conocidos como quel’dorei o «Altonato»— respondían a sus más nimios deseos.

Los Altonato eran hechiceros de enorme talento y ambición. Algunos, como Lady Vashj, servían como fervientes y leales asistentes de la reina. Otros, como Lord Xavius, asesoraban a Azshara en los asuntos de gobierno y ejercían como fieles consejeros. Pero, sin importar su rol específico, todos los Altonato apoyaban a la reina, pues ocupaban el escalón más alto de la sociedad de los elfos de la noche. Se creían superiores al resto de su raza, lo que suscitó la ira de los elfos de la noche «nacidos inferiores».

Zin-Azshari

Zin-Azshari

Sin embargo, este desprecio no se extendía a Azshara. Aunque la reina nació en la más alta de las cunas, los elfos de la noche de todos los estratos sociales la adoraban. Los elfos amaban tanto a su reina que rebautizaron su maravillosa capital como Zin-Azshari o «la Gloria de Azshara», en su honor.

Durante el reinado de Azshara, la civilización de los elfos de la noche se convirtió en un próspero imperio, un paraíso de ensueño repleto de chapiteles dorados, grandes ciudades y otras maravillas sin parangón incluso en la edad moderna. Los entramados de calzadas luminiscentes, delineadas por la luz plateada de Elune, se extendían hasta los rincones más alejados de Kalimdor.

Eldre'Thalas

Eldre’Thalas

A petición de Azshara, tropas expedicionarias partieron a explorar el mundo y a ampliar las fronteras del imperio. A menudo regresaban a Zin-Azshari con especímenes de flora y fauna, y relatos sobre los míticos vuelos de dragón que gobernaban el techo del mundo. Las tropas expedicionarias también fundaron docenas de avanzadas y repositorios, como Shandaral en los gélidos bosques septentrionales de Canto de Luna, Then’Ralore en las espesuras centrales (más adelante conocidas como Los Baldíos) y Eldre’Thalas en las junglas de Feralas, al sur. La reina en persona supervisó la construcción de un nuevo y sensacional templo dedicado a Elune situado en la costa occidental de Kalimdor y consistente en una expansión de puentes incrustados de joyas y lagos efervescentes. Cuando estuvo terminado, bautizó la fascinante estructura como Lathar’Lazal o «Trono del Cielo».

Ningún territorio había extendido tanto sus fronteras y su poder desde el Imperio Negro de antaño. La inmensa influencia que Azshara ejercía sobre el mundo y sus habitantes eclipsaba incluso los sueños de grandeza más salvajes de Lei Shen.

Existía, sin embargo, un lugar que tanto Azshara como sus ejércitos evitaban: el Monte Hyjal. Los espíritus y semidioses que vagaban por los bosques silvanos importunaban a la reina. En lo más hondo, Azshara sabía que de algún modo Hyjal escapaba a su influencia. La montaña rezumaba magia antigua; era una tierra indómita, imperecedera salvaje que desafiaba su visión de un nuevo Kalimdor. En público, Azshara prohibía la expansión a Hyjal por respeto a la antigua fraternidad de los elfos de la noche con los bosques, pero en realidad despreciaba la montaña y la armonía que esta representaba.

Cenarius

Cenarius

Cenarius era consciente de la opinión que Azshara tenía de Hyjal. Con creciente preocupación, fue testigo de la expansión del imperio de los elfos de la noche. Año tras año, se sentía más y más frustrado por los actos irresponsables y arrogantes de los hechiceros Altonato. La mayoría de la sociedad de los elfos de la noche continuaba honrando las viejas tradiciones arraigadas en la naturaleza. Que esta gente aún viviera en armonía con la tierra solazaba el corazón de Cenarius, pero sabía que carecía de influencia alguna sobre Azshara y sus arrogantes seguidores.

Con el paso del tiempo, los elfos de la noche renunciaron a la diplomacia y pasaron a ignorar a las otras culturas de Azeroth. Las dogmáticas creencias de Azshara respecto a la pureza racial impregnaron la psique de los elfos de la noche, generando una atmósfera plagada de xenofobia.

Solo las hostiles naciones trols conseguían atraer la atención de los elfos. De vez en cuando, ambos bandos se enfrentaban en batallas esporádicas. En todas ellas, los trols cedían ante la devastadora magia de los elfos de la noche. Azshara, sin embargo, no tenía interés en la conquista. A sus ojos, los trols eran una molestia menor, y su sed de guerra un mero síntoma de sus primitivas mentes ignorantes. Al final, la reina estableció un acuerdo con la tribu Zandalar, que poseía una enorme influencia sobre las demás tribus trol. A cambio del cese de las incursiones en territorio elfo de la noche, los Zandalari podrían conservar —por la gracia de Azshara— las sagradas Montañas Zandalar situadas al sur del Pozo de la Eternidad.

Pozo de la Eternidad

Pozo de la Eternidad

Los trols aceptaron a regañadientes, plenamente conscientes de que no eran rivales para los poderes arcanos de sus enemigos. Esta vergonzosa capitulación encendió en los trols un profundo resentimiento hacia los elfos de la noche, un amargo odio que se perduraría durante generaciones.

Ahora que los trols ya no eran una amenaza, Azshara continuó expandiendo sus dominios, pero en cambio permanecía más y más tiempo en los confines de su palacio, obsesionada con el Pozo de la Eternidad y los secretos arcanos que este albergaba. Azshara creía que los elfos de la noche apenas habían explorado una pequeña parte del poder de la fuente. Empujó a los Altonato a sondear las profundidades del Pozo de la eternidad para expandir su conocimiento y alcanzar nuevas cotas de progreso cultural y tecnológico.

Sargeras

Sargeras

Sus irresponsables experimentos liberaron torrentes de energía y explosiones en El Vacío Abisal. Como polillas a una llama, los habitantes demoníacos del Vacío se sintieron atraídos por la irresistible fuente de poder.

Sargeras y la Legión Ardiente no tardarían demasiado en percibirla. Tras tanto tiempo, Sargeras había descubierto el emplazamiento de Azeroth. El alma-mundo mítica. Sin demora, reunió toda su rabia y a todas sus terribles legiones y volvió su maligna mirada hacia el lejano mundo. Ahora Sargeras solo necesitaba un modo de alcanzar Azeroth.

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