WoW Crónicas I – La Migración de los Yaungol

Durante la época de mayor esplendor del Imperio Mogu, una raza de bovinos inteligentes conocidos como los yaungol vagaban por las verdes praderas de Kalimdor central. Estas fornidas criaturas vivían en armonía con la naturaleza gracias a la protección del sabio semidiós Cenarius.

Al contrario que muchos otros dioses salvajes, Cenarius tenía un aspecto más humanoide. El majestuoso semiciervo, envuelto en una capa de lianas y flores, caminaba a menudo entre los nómadas yaungol. Les enseñó los secretos de la naturaleza y se deleitó viéndolos prosperar.

Con el tiempo, los yaungol se hartaron de compartir territorios de caza con sus vecinos trols y decidieron buscar nuevas tierras, A pesar de que su adorado semidiós Cenarius les urgió a permanecer en sus tierras y buscar la paz, partieron hacia el sur. Cazaron y forrajearon para obtener comida durante todo el camino hasta alcanzar los límites del Imperio mogu.

Qiang el Despiadado

Qiang el Despiadado

La inmensa fuerza física de los yaungol fascinaba al emperador mogu de la época, Qiang el Despiadado. Ordenó a sus formadores de carne que capturaran a los nómadas y los transformaran en servidores aún más fuertes e inteligentes, pero mitigando en gran medida sus instintos más salvajes. Los yaungol sufrieron la tiranía de la opresión mogu durante generaciones hasta que se rebelaron junto a los demás esclavos para derrocar a sus crueles amos.

Aunque los yaungol se ganaron la libertad, sus pérdidas fueron cuantiosas. Su robusta tradición narrativa oral desapareció debido a las estrictas leyes mogu que prohibían a los yaungol hablar de su cultura. Gran parte de su historia se desvaneció. Algunos yaungol se aferraban a vanos recuerdos y mitos incompletos sobre un benevolente semidiós que antaño los protegió. Otros, en cambio, insistían en que los yaungol debían abandonar toda tradición pasada y forjarse un nuevo destino por la fuerza. Las desavenencias se tornaron en enfrentamientos y, en ocasiones, en derramamiento de sangre. Muchos yaungol aborrecían la violencia, por lo que partieron hacia el norte decididos a regresar a una vida de caza entre los espíritus de la naturaleza.

Cenarius

Cenarius

Algunas de las tribus más nómadas atravesaron el continente entero, deteniéndose únicamente al alcanzar los gélidos climas de las Cumbres Tormentosas. Otras tribus se asentaron en las zonas templadas de Kalimdor central y se reunieron con su antiguo benefactor, Cenarius. Regresar a sus territorios de caza ancestrales permitió a los yaungol redescubrir sus antiguas tradiciones. Los que estudiaron junto a Cenarius aprendieron la magia druídica del mundo natural, mientras que otros practicaban las artes de los poderes chamánicos.

Pero no todos los yaungol abandonaron el valle. Aquellos que se quedaron pronto entraron en desacuerdo con los pandaren y otros esclavos liberados. Los formadores de carne de los mogu no anularon del todo la naturaleza salvaje de los yaungol, y los enfrentamientos por la tierra y los recursos desencadenaron conflicto tras conflicto.

Espina de la Serpiente

Espina de la Serpiente

Temiendo una guerra abierta con sus antiguos aliados, los yaungol partieron hacia el oeste para asentarse cerca de la Espina de la Serpiente, lo que los dejaba expuestos a los mántide. Cada cien años, el enjambre amenazaba con exterminarlos. El ciclo mántide y las constantes disputas entre los yaungol espolearon una fuerte tradición guerrera en ellos, que los volvería mucho más salvajes que los yaungol que se trasladaron al norte.

Con el paso de las generaciones, las energías que emanaban del Pozo de la Eternidad y de las máquinas de los guardianes repartidas por Kalimdor cambiaron a los yaungol de forma única. Los yaungol cercanos al valle conservaron el nombre, a pesar de que se volvieron más beligerantes que sus primos lejanos. Los de Kalimdor central, próximos al Pozo de la Eternidad, adoptarían el nombre «tauren». Las tribus que se aventuraron al norte, cerca de la Forja de los Deseos, recibirían el nombre de «taunka» y se adaptarían al terreno congelado de la región.

Yaungol, tauren y taunka

Estos lejanos grupos mantuvieron el contacto durante muchos años, pero cuando el Gran Hendimiento partió el mundo, las tribus perdieron toda conexión.

Regresar al índice de World of Warcraft: Crónicas Volumen I

Share

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.