WoW Crónicas I – El Rey del Trueno

Entre 15 000 y 12 200 años Antes del Portal Oscuro

Mientras los pandaren y otras razas prosperaban en las inmediaciones del Valle de la Flor Eterna, los mogu continuaban sus eternas contiendas. Al abrigo de este ciclo de violencia, un guerrero llamado Lei Shen ascendió al poder.

Descendiente de un señor de la guerra menor, el joven Lei Shen se crio inmerso en la brutalidad de las guerras entre clanes. A pesar de su pericia y su destreza en combate, consideraba los incesantes conflictos y maniobras políticas como una traición al potencial de los mogu. No obstante, se mantuvo como leal vasallo de su padre. Un día, uno de sus fieles consejeros le traicionó y asesinó al padre de Lei Shen. Casi todos los soldados del señor de la guerra buscaron refugio en las filas de otros clanes y abandonaron a Lei Shen. Solo unos pocos guerreros leales se negaron a abandonarlo. En vez de buscar venganza y perpetuar la violencia, Lei Shen escogió partir al exilio. Vagó por la tierra, meditando sobre lo que él consideraba las debilidades de su pueblo.

Pronto, Leí Shen ansió respuestas que su intelecto y su juicio no podían proporcionarle y partió en busca del Alto Guardián Ra, el maestro de los mogu desaparecido mucho tiempo atrás.

En los últimos siglos, el alto guardián era conocido como Ra-den que significaba «Maestro Ra» en el nuevo idioma mogu. Pocos integrantes de la raza de Lei Shen creían que siguiera convida. ¿Por qué su antiguo creador habría permitido que sufrieran la maldición de la carne? Lei Shen creía que Ra-den tema un plan, un propósito supremo, y que los problemas que atenazaban a los mogu eran en realidad simples pruebas. Quizá representaban la voluntad de los mismos titanes. A fin de cuentas, Ra-den era su instrumento viviente.

Tras años de búsqueda, Lei Shen encontró la entrada a las cámaras ocultas bajo la tierra al norte del valle, unas bóvedas secretas olvidadas por los mogu debido a sus incesantes guerras. Allí encontró al alto guardián, sentado en silencio en la tranquilidad que impera bajo la tierra. Ra-den no reaccionó de forma alguna a la llegada del joven mogu. El alto guardián mantuvo su silencio, incluso cuando Lei Shen empezó a hacerle preguntas sobre el verdadero propósito de los mogu.

La Locura de Lei Shen

La decisión de abandonar la disputa por el poder de su padre marcó para siempre la vida de Lei Shen. Cuando el líder de un clan moría asesinado, era costumbre que los rivales acabaran inmediatamente con su familia para así exterminar el linaje del clan para siempre. Muchos vieron las meditaciones de Lei Shen como una señal de desesperación y de locura, y asumieron que ya nunca supondría una amenaza para ningún mogu.

Pasaron los días y las semanas, y Lei Shen se sentía frustrado por el silencio de su maestro, Al final, el mogu se dio cuenta de que Ra no tenía en mente ningún plan sutil ni servía a la obra de los titanes… El alto guardián simplemente se había rendido. El sufrimiento de los mogu era consecuencia de la ausencia de su maestro. Nada más.

Leí Shen libero su furia sobre Ra y lo acuso de abandonar a los titanes y su propósito. Sus duras palabras despertaron al alto guardián de su estupor. Ra llevó a Lei Shen hasta la cercana Montaña Atronadora, donde rugían interminables tormentas que partían los cielos. Hasta la fecha, ningún mogu se había atrevido a escalar sus laderas, pues creían que la montaña era territorio prohibido. En el interior de una gigantesca y ornamentada cámara, Ra-den invocó el poder latente de Aman’Thul y le mostró a Lei Shen las respuestas que buscaba: los titanes del Panteón habían muerto, asesinados por uno de los suyos. Su última esperanza residía en el mundo de Azeroth, que ya se encontraba infestado por las criaturas del Vacío.

El alto guardián pensaba que semejante revelación destruiría el alma de Lei Shen como destruyó antes la suya. Sin embargo, el mogu reaccionó de una forma inesperada para Ra-den.

Lei Shen decidió que, si su maestro no tenía intención de continuar con la obra de los titanes, la continuaría él. Sin previo aviso, golpeó a Ra-den y lo dejó inconsciente. Entonces, Lei Shen ató al poderoso ser con bandas de metal encantado. No solo robó el increíble poder de Raden sino también el poder contenido de Aman’Thul.

Un poder más allá de toda comprensión recorrió el alma de Lei Shen, Encerró a Ra-den en el interior de la Montaña Atronadora, ignorando la rabia del alto guardián y su confusión ante la traición. Cuando Lei Shen descendió de la montaña para encontrarse con sus hombres, estos se asombraron nada más verlo. Los rumores del nuevo poder de Leí Shen corrieron por los clanes mogu. Algunos creían que le había arrancado el corazón a un dios y se lo había comido. Otros proclamaban que controlaba los antiguos poderes del mismo valle. Y unos pocos susurraban que, de hecho, era un titán renacido.

Pero todas las historias compartían un detalle: este «Rey del Trueno» exigía que todos los mogu se postraran ante él. Este autoproclamado heredero de los titanes destruiría a todo aquel que se negara a someterse a su voluntad.

El Rey del Trueno

El Rey del Trueno

Entonces, Lei Shen partió a unificar a los mogu y forjarles un nuevo destino como amos de Azeroth y guardianes de su alma-mundo. Las triviales disputas y las guerras internas que plagaban su raza ya no serían toleradas. Con el rayo y el trueno bajo su mando, Lei Shen aplastó a todos sus opositores. Los afortunados murieron rápidamente, mientras que los demás terminarían encadenados durante siglos.

Al principio, muchos mogu se unieron a él por miedo, pero sus «milagros» pronto inspiraron devoción. El Rey del Trueno controlaba las herramientas encantadas de los guardianes. Una de ellas era el Motor de Nalak’sha, un poderoso artefacto que Lei Shen descubrió enterrado al norte del valle. Los mogu emplearon esta extraordinaria máquina para crear nuevas criaturas de carne y piedra. Incluso hallaron la forma de invertir la maldición de la carne que les afectaba.

Bajo el mando de Lei Shen, el valle entró en un periodo de prosperidad y brutalidad. Para los mogu supondría el principio de un poderoso imperio. Sin embargo, para las demás razas de la región marcó el inicio de una era de tiranía.

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