WoW Crónicas I – El Ciclo Mántide

Durante los últimos estertores de la guerra contra los trols, un enclave de aqir se reunió cerca del límite meridional de Kalimdor y, bajo las raíces de los grandes árboles kypari, establecieron un nuevo imperio. Estas insectoides, conocidos a partir de entonces como mántide, consideraban inútil continuar una guerra que no eran lo bastante fuertes para ganar.

Tal contención era inusual entre los insectoides, pero también lo era el razonamiento de los mántide. Continuaban adorando con fervor a los dioses antiguos, creyendo que sus antiguos amos un día se alzarían de sus prisiones y restablecerían su dominio sobre Azeroth. La mejor forma de servir a dichos entes no era expandir la fuerza de los mántide, sino conservarla, refinarla y perfeccionarla. La fuerza de los mántide crecería sin poner en peligro su supervivencia.

Aunque una reverenciada emperatriz gobernaba el día a día de los mántide, el destino de los insectoides dependía de otro grupo. Los miembros de este mundo se hacían llamar los Klaxxi, que significaba «sacerdote» en su lengua nativa. Se encargaban de guiar los actos de la emperatriz y los enjambres mántide para preservar y fortalecer su raza. En vez de vengarse de los trols, los Klaxxi volvieron su mirada hacia otro enemigo.

Mántides

Mántides

Cerca de allí moraban los mogu, unos poderosos seres forjados por los titanes que protegieron el Valle de la Flor Eterna durante incontables eras. Los mántide se sintieron atraídos por el valle místico. Aunque no eran conscientes de ello, se sentían atraídos por la persistente presencia del dios antiguo caído Y’Shaarj, cuyo purulento corazón había sido enterrado baja el valle por el Alto Guardián Ra.

Para encontrar la esencia oscura oculta bajo el valle, los mántide atacaron por sorpresa a los mogu. Los forjados por los titanes aguantaron por poco el embiste del enjambre y lo devolvieron a los bosques de kypari.

Árbol kypari

Árbol kypari

Los Klaxxi no consideraron la derrota como un fracaso. Los guerreros mántide supervivientes habían madurado y ahora eran más poderosos y astutos. Los Klaxxi esperaron pacientemente durante cien años antes de atacar de nuevo a los mogu. Enviaron a una nueva generación de jóvenes mántide a asediar a los forjados por los titanes. Y de nuevo, los supervivientes volvieron fortalecidos.

Así se inició el ciclo mántide. Cada siglo, una nueva nidada de mántide declaraba la guerra a los mogu. Las terribles batallas purgaban el enjambre de soldados dediles y solo los más fuertes regresaban a los árboles kypari. En unos pocos ciclos, la civilización mántide se volvió fuerte y diestra a base de erradicar la debilidad y fortalecer a los más aptos de su estirpe.

Los mogu contemplaron esta evolución con preocupación y lanzaron un ataque contra la propia MantiVess para interrumpir el ciclo de una vez por todas.

Korven

Korven

El ataque llegó en un mal momento para los mántide, pues aún faltaban décadas para que la nueva nidada de guerreros eclosionara. Los mántide eran pocos y los mogu, muchos. Al principio, los forjados por los titanes arrasaron las filas insectoides, que contaban incluso con los guerreros más poderosos de enjambres anteriores. Solo un mántide, Korven, emergió para cambiar el curso de la guerra. Armado con espadas forjadas con ámbar de kypari, el guerrero evisceró a las tropas mogu, deteniendo su ataque y obligándolos a retirarse. Tal era la destreza de Korven que muchos mántide le creían capaz de incluso burlar a la muerte.

Los altos ancianos de los Klaxxi nombraron a Korven «dechado» y prometieron que sus hazañas se convertirían en leyendas para su pueblo. Pero el venerado guerrero no estaba satisfecho. Korven era consciente de que su fuerza despertó cuando su pueblo más lo necesitaba por pura casualidad, y no quería dejar el futuro de su pueblo en manos de la fortuna. Los Klaxxi asintieron y le encargaron la misión de encontrar una solución.

Tras años de experimentos con la savia de los kypari, Korven descubrió que una criatura viva podía preservarse en un capullo de ámbar durante miles de años. Si los Klaxxi colocaban a sus mejores guerreros en estos capullos, podrían despertarlos cuando los necesitaran en combate. Korven fue el primer guerrero en someterse a la preservación. En honor a sus gestas, los Klaxxi lo bautizaron como «Korven el Primordial», el primero de los muchos dechados que le seguirían. Mientras yacía impertérrito en su tumba de ámbar, el gran ciclo que él salvó casi en solitario continuó imperturbable durante incontables generaciones.

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