WoW Crónicas I – Hijos de los Gigantes: El Nacimiento de la Humanidad

Con los Inbjerskorn dormidos en sus profundas cámaras y muchos de los terráneos sellados en Uldaman, los clanes vrykul restantes dominaban las tierras septentrionales de Kalimdor. A lo largo de los eones, sus dispares culturas progresaron de formas únicas. Desarrollaron costumbres e identidades propias y se expandieron por el inhóspito norte.

Uno de los clanes más poderosos en emerger fueron los Desuelladragones. Al igual que los Inbjerskorn, estos vrykul constataron que su piel de hierro se debilitaba gradualmente y se tornaba en carne. Al principio, los líderes del clan trataron de compensar su pérdida esclavizando a los protodragones, como ya hicieron los Inbjerskorn siglos atrás.

Fúrbolg

Fúrbolg

Sin embargo, a diferencia de los Inbjerskorn, los Desuelladragones no veían a los protodragones como simples bestias de guerra. Los Desuelladragones trataban a los temibles dracos como compañeros de caza y también los montaban en combate. Con el tiempo, estos protodragones se convirtieron en un elemento indesligable de la cultura del clan. También eran un arma imprescindible en la lucha contra uno de los enemigos mortales de los vrykul: una salvaje raza de hombres oso llamados los jalgar, progenitores de los fúrbolg modernos.

Bajo el mando del rey Ymiron, el clan Desuelladragones superaron finalmente a sus enemigos. En una ofensiva coordinada, los vrykul atacaron y empujaron a los jalgar hacia los frondosos bosques del centro de Kalimdor. Pero esta gran victoria fue el preludio de la tragedia: la maldición de la carne tomó un giro inesperado.

Rey Ymiron

Rey Ymiron

Las mujeres Desuelladragones empezaron a dar a luz a pequeños niños deformados. El miedo y la superstición se extendieron por el clan. Algunos de los vrykul culparon a Ymiron de la enfermedad, pero el rey tenía su propia teoría: estaba convencido de que los míticos guardianes estaban detrás de la maldición de la carne.

Los guardianes, considerados por muchos vrykul como sus creadores cuasi divinos, no habían dado señales de vida en generaciones. Ymiron convenció a su gente para que renunciaran a los silenciosos guardianes por abandonarlos a la suerte de la maldición de la carne. El rey prometió unir todos los vrykul bajo su estandarte. En su primer decreto, Ymiron ordenó a sus seguidores que purgaran el clan asesinando a todos los bebés malformados.

Muchos de los Desuelladragones obedecieron la brutal orden de Ymiron, pero otros se negaron a matar a niños inocentes, prefiriendo ocultar a sus retoños malformados en un lugar mitológico, una tierra al sur a la que, según contaban, se dirigió un clan perdido de vrykul liderado por Tyr, Archaedas e Hierraya.

Estandarte del Clan Desuelladragones

Estandarte del Clan Desuelladragones

Algunos Desuelladragones partieron hacia el sur en busca de este refugio portando a sus diminutos hijos. La mayoría desaparecieron para siempre, pero algunos de ellos encontraron el camino. Con una inmensa pena, dejaron a sus hijos e hijas al cuidado de los vrykul de Tirisfal.

En las edades venideras, los niños enfermos y sus hijos continuaron degenerando hasta convertirse en las criaturas que llamamos humanos. Muchos de los forjados por los titanes —mecagnomos, tol’vir, mogu y gigantes— padecerían destinos similares. Muy pocos de los sirvientes de los guardianes superarían la maldición. Tal y como Yogg-Saron deseaba, la maldición de la carne debilitó a los forjados por los titanes. Pero, a su vez, dio nacimiento a cualidades mortales que el dios antiguo jamás había anticipado: coraje, resolución y heroísmo.

Inconsciente de que estos poderosos rasgos un día moldearían el destino del mundo, Yogg-Saron y los otros dioses antiguos se concentraron en escapar de sus cautiverios. La libertad, sin embargo, tardaría miles de años en llegar.

De momento, peligros más inmediatos acechaban en el frondoso corazón de Kalimdor con el ascenso de una salvaje raza nacida en los albores del mundo. Se hacían llamar los trols, y no tardarían en descubrir la existencia de las criaturas malignas confinadas bajo la tierra.

Los Desuelladragones y el Largo Sueño

Los Desuelladragones trataron por todos los medios de eliminar la maldición de la carne de sus cuerpos pero, a pesar de sus muchos esfuerzos, la perturbadora enfermedad continuarla debilitándolos. Al final, estos vrykul entraron en hibernación con la esperanza de frenar el avance de la maldición.

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