WoW Crónicas I – Capítulo III: Antigua Kalimdor

El Imperio de Zulyel. Despertar de los Aqir

16.000 Años Antes del Portal Oscuro

Generación tras generación, la vida florecía por todo el ordenado mundo de Azeroth. En ningún lugar esto se hacía más evidente que en los densos bosques que rodeaban el Pozo de la Eternidad. La fuente de la sangre de vida arcana de Azeroth aceleraba los ciclos de crecimiento y renacimiento. Al poco tiempo, las primitivas formas de vida de la zona evolucionaron hasta adquirir conciencia propia.

Unas de las primeras y más prolíficas criaturas en evolucionar fueron los trols, una salvaje raza de cazadores y recolectores que prosperaron en los bosques y selvas de Azeroth. Aunque la inteligencia de los trols era limitada, su agilidad y su fuerza resultaban increíbles. Además, su fisiología única les permitía recuperarse de las heridas a una velocidad sorprendente y, con tiempo, incluso regeneraban miembros amputados.

Subespecies de Trol: trol de selva, trol de bosque, trol de hielo, trol de arena, trol oscuro y trol no-muertos.

Subespecies de Trol: trol de selva, trol de bosque, trol de hielo, trol de arena, trol oscuro y trol no-muertos.

Los primeros trols desarrollaron un amplio abanico de costumbres y supersticiones. Algunos practicaban el canibalismo y se entregaban a la guerra. Unos pocos buscaban el conocimiento a través del misticismo y la meditación. Otros, sin embargo, exploraban sus vínculos con una oscura y poderosa magia conocida como vudú. Pero, al margen de sus costumbres individuales, todos los trols compartían una religión común centrada en los esquivos dioses salvajes de Kalimdor. Los trols llamaban a estos poderosos seres «loa» y los adoraban como a deidades.

Siguiendo su adoración por los dioses salvajes, los trols se congregaron cerca de una serie de picos y mesetas del sur de Kalimdor que constituían el hogar de muchos, de sus venerados loa. Los trols bautizaron la sagrada cordillera como Zandalar y pronto construyeron campamentos en sus laderas.

Zuldazar

Zuldazar

El grupo de trols más poderoso era conocido como la tribu Zandalar. Sus integrantes ocuparon casi todas las mesetas altas de Zandalar, que ellos consideraban terreno sagrado. En lo alto de los picos más elevados, construyeron un pequeño conjunto de toscos altares. Con el tiempo, los altares se convertirían en una búlleme ciudad templo conocida como Zuldazar.

A lo largo de los siguientes siglos, otras tribus se alzaron para disputar el territorio y el poder a los Zandalari. Los más notables fueron los temibles Gurubashi, los Amani y los Drakkari. Los Gurubashi y los Amani en particular reclamaron enormes porciones de tierra de las luctuosas selvas y bosques de Kalimdor. En ocasiones, las tribus se enfrentaban, a menudo por su territorio de caza. Sin embargo, los conflictos mayores eran poco comunes y apenas duraderos. Los trols eran guerreros de gran destreza y ferocidad, por lo que cualquier conflicto comportaba grandes pérdidas en ambos bandos. La tierra virgen los rodeaba en todas las direcciones y las diversas tribus pronto aprendieron que era mejor trasladarse antes que arriesgarse a entrar en guerra.

Pero existía un lugar prohibido por los sacerdotes y médicos brujos: un pequeño montículo de piedra ennegrecida situado en la base de las Montañas Zandalar. Los loa advirtieron a las tribus de severas consecuencias si profanaban las piedras negras. Durante muchos años, los trols no se atrevieron a desobedecerlos.

Pero al final la curiosidad pudo más que ellos.

Un grupo de trols rebeldes hollaron el montículo prohibido y descubrieron que las rocas negras eran más que simples piedras: eran la afilada piel de una criatura monstruosa. Ningún trol había presenciado nada semejante hasta la fecha. Creyeron que se trataba de un loa desconocido, uno muy poderoso a juzgar por el miedo que le profesaban el resto de espíritus. Los trols se embarcaron en rituales sacrílegos y sacrificios para despertar a la monstruosidad dormida.

Kith'ix

Kith’ix

Agitado por las ofrendas de sangre, un gigantesco general C’Thrax emergió de su largo letargo y masacró sin piedad a aquellos que lo habían revivido. Los trols desconocían que se trataba de Kith’ix, el ser que sobrevivió al encuentro con el Guardián Tyr. Gravemente herido, el C’Thrax emprendió el vuelo y tomó rumbo sudoeste hacia lo que serían las Montañas Zandalar antes de caer en una profunda hibernación. Temerosos de su presencia, los antiguos loa que habitaban la zona enterraron a Kith’ix bajo la tierra para evitar que alguna criatura perturbara su sueño.

Al despertar, el C’Thrax contempló la civilización trol con desdén, pues era una pálida sombra del Imperio Negro de eones atrás. Kith’ix sabía que los dioses antiguos disfrutarían si reducía esta patética civilización a cenizas. El C’Thrax buscó con su mente y encontró a una raza de criaturas a las que podía controlar: los aqir. En las eras posteriores a la caída del Imperio Negro, estos seres insectoides habían permanecido ocultos en pequeñas guaridas y túneles subterráneos.

Azj'Aqir

Azj’Aqir

Kith’ix congregó los enjambres de aqir y los envió a la guerra para establecer de nuevo su dominio sobre Azeroth. A medida que el C’Thrax se recuperaba y expandía su poder, los insectoides iniciaron la construcción de un gigantesco imperio subterráneo conocido como Azj’Aqir. Kith’ix aguardó pacientemente a que los aqir multiplicaran sus filas y, llegado el momento, el C’Thrax se puso a la cabeza de su imperio insectoide y juntos arrasaron la tierra.

La experiencia de los trols como cazadores los convertía en unos rivales formidables, pero los aqir representaban una amenaza para la que no estaban preparados. Numerosas tribus menores sucumbieron a las inquebrantables legiones insectoides.

A medida que los aqir se acercaban peligrosamente a las Montañas Zandalar, los Zandalari se dispusieron a actuar. Reunieron a las distintas tribus trol en una única potencia de gran poder que bautizaron como el imperio de Zul. Las integrantes de esta nueva sociedad pusieron sus diferencias al margen y colaboraron para destruir a los aqir.

Trol Zandalar

Trol Zandalar

Los trols de Zandalar ocuparon el lugar de comandantes de los ejércitos trols. Gracias a su ciudad templo asentada en lo alto de las montañas, podían detectar rápidamente los movimientos enemigos y atacar sus puntos débiles. Bajo la batuta de los Zandalari, los demás trols organizaron emboscadas en las selvas circundantes para reducir los efectivos del enemigo. En otro lugar, venerados sacerdotes invocaban a los loa para atacar a sus enemigos. Estos feroces dioses salvajes se unieron a los ejércitos trol en combate, avasallando las filas de los aqir y llegando incluso a herir a Kith’ix. Los aqir se vieron obligados a retirarse antes de lanzar un asedio en condiciones a las montañas sagradas. Kith’ix, gravemente herido por los loa, huyó hacia el nordeste con un contingente de sus seguidores aqir más leales. Una vez allí, planeaba recuperar sus fuerzas mientras los insectoides continuaban la guerra contra los trols.

Aunque lograron rechazar a los aqir, los Zandalari sabían que su enemigo continuaba representando una amenaza. Si nadie controlaba sus movimientos, los insectoides atacarían los territorios trol periféricos.

Siguiendo indicaciones de los trols de Zandalar, las otras tribus iniciaron la caza de los aqir. Los trols no tardaron en descubrir que matar a los insectoides no era suficiente. Si un solo aqir escapaba bajo tierra, establecería una nueva colonia y, con el tiempo, resurgirían. Para erradicar definitivamente esta amenaza, decidieron vigilar de forma constante cada metro del continente. Por tanto, los Zandalari convencieron a las facciones trol más sedientas de poder para que establecieran nuevos bastiones por todo Azeroth. Entre estas facciones destacaban especialmente las tribus Amani, Gurubashi y Drakkari. El trato era que, tras derrotar a los aqir, podrían reclamar las nuevas tierras fértiles sin oposición. Las ambiciosas tribus aceptaron de inmediato. Los Drakkari se dirigieron al gélido norte para aniquilar una colonia de aqir, pero los trols se encontraron con un adversario inesperado: unos tol’vir corrompidos. Un pequeño grupo de estos seres forjados por los titanes que vivían en las afueras de Ulduar habían sido capturados y esclavizados por los aqir. Estos feroces tol’vir de piedra, conocidos como «destructores de obsidiana», casi derrotaron a los Drakkari, pero los años de batalla habían convertido a los integrantes de la tribu en astutos guerreros que rápidamente idearon métodos para derribar y destruir a sus enemigos.

  

Troles Amani, Drakkari y Gurubashi

Ahn'Qiraj

Ahn’Qiraj

Los Gurubashi también encontraron forjados por los titanes corrompidos. Estos trols se aventuraron hacia el sudoeste, donde los aqir habían conquistado Ahn’Qiraj, el complejo carcelario que albergaba al dios antiguo C’Thun. Tras infiltrarse en el bastión, los insectoides esclavizaron a los gigantes anubisath que guardaban la prisión.

Los primeros enfrentamientos entre los Gurubashi y los aqir resultaron desastrosos para los trols. Los insectoides y sus poderosos anubisath masacraron diversos campamentos de los Gurubashi. Seguidamente, los Zandalari aconsejaron a los sacerdotes Gurubashi separar su tribu en pequeños grupos de ataque más móviles en vez de optar por un gran ejército. Esta nueva táctica les permitió mantener un acoso constante sobre los aqir, desgastando poco a poco los ejércitos insectoides a lo largo de un periodo de bastantes años. Aunque nunca consiguieron erradicar por completo a los aqir, los Gurubashi terminaron por obtener el control absoluto del territorio colindante.

Al mismo tiempo, los Amani partieron dispuestos a destruir a Kith’ix. Siguieron el rastro del C’Thrax hacia los bosques del noreste, atravesando en el proceso una interminable masa de guardianes aqir. En una última y salvaje batalla, la tribu entera se lanzó en un ataque suicida contra Kith’ix y sus esbirros insectoides restantes. Aunque solo sobrevivió una pequeña fracción del ejército trol, el C’Thrax sucumbió ante sus incansables perseguidores.

Zul'Aman

Zul’Aman

El precio a pagar fue alto, pero la temible reputación de los Amani se convirtió en leyenda entre las otras tribus. En el lecho de muerte de Kith’ix, los trols construyeron un nuevo asentamiento que con el tiempo crecería hasta convertirse en la bulliciosa ciudad templo conocida como Zul’Aman.

Ahora que el C’Thrax había muerto, los aqir ya no peleaban con la misma determinación y ferocidad. La guerra entre los trols y los aqir cambió radicalmente. La extinción de los aqir se convirtió en el nuevo objetivo principal de los trols.

Los Nerubianos, los Qiraji y los Mántide

Azjol-Nerub

Azjol-Nerub

El imperio aqir dio origen a tres culturas distintas. Los insectoides del norte se congregaron cerca de la prisión subterránea de Yogg- Saron. Debido a su proximidad al dios antiguo, estos aqir evolucionaron hasta convertirse en una raza llamada nerubianos. Su reino recibió el nombre de Azjol-Nerub.

Los aqir del sudoeste se instalaron en Ahn’Qiraj, el complejo carcelario conquistado de C’Thun. La perniciosa presencia del dios antiguo transformé poco a poco a los aqir, que se convirtieron en una raza conocida como los qiraji

Los aqir del sudeste se congregaron donde la esencia de YShaarj aún contaminaba la tierra. Con el tiempo, estos insectoides se transformarían en una raza conocida como los mántide. Incluso antes de la caída del imperio aqir, los mántide establecieron la gran colonia de Manti’vess cerca del Valle de la Flor Eterna.

 

Tras siglos de brutales combates, los trols arrasaron el imperio aqir, conteniendo a los insectoides en los límites meridional y septentrional del continente. Kalimdor central quedó permanentemente libre de su presencia. Los aqir supervivientes fortificaron sus colonias subterráneas para evitar nuevas agresiones de los trols. Habían perdido todo interés por la batalla. Con el tiempo, los trols se proclamaron victoriosos.

Sin una guerra que las mantuviera unidas, las facciones trol se distanciaron y se aislaron. Los remotos bastiones de las distintas tribus prosperaron hasta tornarse en vibrantes hogares, ciudades templo y, con el tiempo, en imperios por derecho propio. Los Zandalari se retiraron a sus mesetas para perseguir el conocimiento espiritual, pero siempre mantendrían una enorme influencia sobre las dispares sociedades trol.

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