WoW Crónicas I – La Desaparición de Ra

Mientras neutralizaba a los otros guardianes, Loken esperaba que Ra apareciera de las tierras del sur de Kalimdor para investigar lo sucedido en Ulduar. Pero, para su sorpresa, nada se supo del Alto Guardián durante estos acontecimientos de importancia capital para el mundo.

Preso de la curiosidad, Loken envió un contingente de su ejército a la lejana fortaleza de Uldum para investigar las actividades de Ra. Los soldados no encontraron al Alto Guardián, pero los mogu, los tol’vir y los anubisath confirmaron que Ra había desaparecido misteriosamente.

Estos encuentros traerían longevas consecuencias. En su viaje al sur, sin saberlo los soldados de Loken contagiaron la maldición de la carne a muchos de los numerosos fieles siervos de Ra.

Sin que Loken o los forjados lo supieran, Ra había experimentado una relevación… Una revelación tan terrible que lo había empujado a recluirse. Cuando los poderes y los recuerdos del Panteón entraron en los guardianes, Ra se tambaleó preso de la confusión al igual que sus hermanos. Sin embargo, pasado un tiempo, se dio cuenta de que aquella experiencia fue más que una simple anomalía. El flujo de poder era el último remanente de los espíritus del Panteón.

Ra no podía creer que el Panteón hubiera caído. Extrajo cuidadosamente los pocos vestigios del poder de Aman’Thul que albergaba su cuerpo y los depositó en una bóveda bajo una montaña, cerca del lugar que se convertiría en el Valle de la Flor Eterna. Allí, el alto guardián esperaba preservar los exiguos restos de su estimado creador.

Seguidamente, Ra se retiró a las catacumbas subterráneas para meditar sobre lo que acababa de averiguar. Con el Alto Guardián ausente, sus leales forjados desarrollaron nuevas culturas, muy distintas a las de sus parientes nórdicos. La mayoría de los tol’vir se congregaron en los alrededores de Uldum e hicieron de la fortaleza su hogar. Al oeste, los anubisath continuaron su misión sagrada de guardar la prisión de C’Thun. De forma similar, los mogu permanecieron en el este para proteger las máquinas y artefactos de los forjados enterrados bajo la tierra.

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