WoW Crónicas I – La Caída de los Guardianes

Con Odyn y sus Valarjar sellados en su ciudadela, Loken regresó a Ulduar. Aunque pensaba que dispondría de tiempo para orquestar la caída de sus otros hermanos, pronto descubrió una nueva amenaza a sus planes.

Mimiron se disponía a investigar las extrañas anomalías presentes en los nuevos forjados por los titanes de Loken. El brillante guardián sospechaba que quizá algún defecto en la Forja de los Deseos provocaba las impurezas. No obstante, no tuvo tiempo de confirmar su teoría, pues Loken saboteó el taller del guardián, matando a Mimiron en lo que aparentó ser un trágico accidente. Mimiron, sin embargo, no estaba completamente muerto.

Sus leales mecagnomos descubrieron que el espíritu de su maestro todavía perduraba y se apresuraron en construir un gigantesco cuerpo mecánico para albergar su alma antes de que se desvaneciera. Esta heroica proeza salvó a Mimiron, pero ya nunca más volvería a ser el mismo. Su contacto con la muerte resquebrajó su mente. Se encerró en los gigantescos talleres de Ulduar, perdido entre los engranajes de sus creaciones mecánicas.

Consciente que el nuevo estado de Mimiron despertaría sospechas entre el resto de los guardianes, Loken movilizó a su ejército para neutralizar a sus otros hermanos. Primero, Loken se enfrentó a Freya en su verdeante dominio en las Cumbres Tormentosas, el Templo de la Vida. La batalla entre los dos guardianes y sus seguidores desató un hendimiento, resquebrajando el templo y drenando sus preciadas energías vitales por completo. Freya luchó con valentía contra sus adversarios, pero al final sucumbió ante Loken y los poderes oscuros que Yogg-Saron le había otorgado.

Yogg-Saron se aprovechó de la debilidad de Freya para cautivar su espíritu. El dios antiguo obligó a la derrotada Freya a retirarse a las cámaras de Ulduar. Allí, viviría sus días desamparada cuidando de un enorme jardín en el corazón de la fortaleza.

Mientras Loken combatía contra Freya, otro grupo de sus forjados se enfrentaba al poderoso guardián Hodir en su bastión, el Templo del Invierno. Dos gigantes de fuego llamados Ignis y Volkhan lideraban el asalto. Envolvieron el templo en un infierno abrasador, minando la fuerza invernal de Hodir y diezmando a sus gélidos seguidores. Loken llegó después para someter a Hodir en persona, tarea que completó con facilidad.

 

Ignis y Volkhan

Como ya hizo con Freya, Yogg-Saron distorsionó la mente de Hodir. El dios antiguo obligó al guardián a recluirse a una fría cámara en Ulduar, donde permanecería aislando durante milenios.

Dos de los guardianes restantes, Tyr y Archaedas, no cayeron en las artimañas de Loken, Desde hacía tiempo, Tyr sospechaba que la oscuridad había anidado en el interior del guardián caído, una sospecha que se vio confirmada cuando Tyr fue testigo del ataque contra Hodir.

Pero Tyr no estaba en posición de enfrentarse directamente a Loken, pues multitudes de sus leales forjados patrullaban las Cumbres Tormentosas y los aledaños de Ulduar. Consciente de que este ejército le derrotaría, Tyr se ocultó en las afueras de las montañas junto con Archaedas y la gigante forjada Hierraya, amiga íntima de ambos. Allí, entre los barrancos helados, esperaron y estudiaron los movimientos de Loken mientras planeaban su siguiente paso.

Algalon el Observador

Algalon el Observador

Loken envió a sus tropas a dar caza a Tyr y a sus compañeros. Estos forjados por los titanes rastrearon a fondo las cuevas y las montañas de las Cumbres Tormentosas, pero jamás encontraron a su presa. Convencido de que Tyr y sus aliados habían abandonado la región, Loken se nombró gobernante único de Ulduar. Alteró las máquinas de la fortaleza y las usó para consagrarse como Primer Designado de Azeroth. También desactivó la Forja de los Deseos y exilió a muchos de sus sirvientes a las Cumbres Tormentosas. Después, selló la gigantesca fortaleza de Ulduar.

Loken languideció atormentado por su arrepentimiento en las grandes y silenciosas cámaras de Ulduar. A pesar de sus hazañas, vivía temeroso ante el posible regreso del Panteón o de su vigilante designado, Algalon, a Azeroth. De ser así, descubrirían sus horribles crímenes y sin duda sería castigado.

Pero en realidad, la mayor amenaza crecía justo bajo sus pies. Libre de las miradas vigilantes de los celadores de Ulduar, Yogg-Saron empezó a despertar, liberándose poco a poco de su inexpugnable prisión.

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