WoW Crónicas I – La Ordenación de Azeroth

Con las forjas gemelas incrustadas en la corteza de Azeroth, los guardianes se dispusieron a reformar la superficie del mundo. Para ello, recurrieron a una nueva generación de siervos nacidos de la Forja de los Deseos.

Cada uno de estos leales y poderosos forjados desempeñaría un papel concreto en la ordenación y la protección del mundo. Los pétreos y gentiles terráneos se especializarían en esculpir montañas y excavar las profundidades del mundo. Los metálicos mecagnomos, creados por el Guardián Mimiron, ayudarían a construir y conservar las extraordinarias máquinas de los guardianes. Los mogu de piel rocosa cavarían los cursos de los ríos y lagos de Azeroth. La tarea de proteger las posesiones de los guardianes pertenecería a dos clases de forjados: los vrykul de piel acerosa y los esculpidos tol’vir. Para dar forma al entorno, los guardianes también alistaron la ayuda de los poderosos gigantes de piedra y del mar, que vagarían por todo Azeroth, levantando imponentes montañas y abriendo insondables mares.

Mientras los forjados por los titanes daban forma a Azeroth, la Guardiana Freya se dispuso a poblar el mundo de vida orgánica. Para ello creó el Sueño Esmeralda, una vasta dimensión en constante cambio repleta de espíritus y magia natural. Este plano etéreo era un reflejo de Azeroth y regulaba el proceso evolutivo de su flora y su fauna. Una congregación de espíritus y demás criaturas sobrenaturales poblaba el Sueño, retozando en el paraíso surrealista que era su hogar. El Sueño Esmeralda desafiaba toda percepción mortal de la realidad. Conceptos como el tiempo o la distancia perdían todo su sentido en aquel lugar. En el Sueño, un día en el mundo físico podía convertirse en varias décadas.

Una vez creado el Sueño Esmeralda, Freya vagó por el mundo buscando regiones en las que se hubiera congregado energía del Pozo de la Eternidad. Estos lugares eran espacios ideales para el nacimiento de nuevas especies de animales y plantas. Por ello, Freya los convirtió en gigantescos enclaves de la naturaleza, y moldeó una gran diversidad de formas de vida que repartió por todo el mundo. Los lugares donde Freya obró su labor se encontraban en los polos del mundo e incluían algunas zonas que en el futuro recibirían nombres como el Cráter de Un’Goro, la Cuenca de Sholazar y el Valle de la Flor Eterna.

Las criaturas más grandiosas en surgir de estos enclaves fueron unos animales colosales conocidos como los dioses salvajes. Freya adoraba a estas criaturas y cuidaba de ellas como si de sus hijos e hijas se trataran. A menudo deambulaba por el mundo físico con los dioses salvajes a su lado, y vibrantes bosques y praderas florecían de la tierra a su paso, Pero existía un lugar que los dioses salvajes y Freya frecuentaban más que ningún otro: una enorme montaña verde llamada Monte Hyjal.

El Mundo del Sueño

Algunos creen que Freya tejió el Sueño Esmeralda de la nada. Otros dicen que este misterioso lugar siempre ha existido en algún modo, como un sueño nacido del alma-mundo durmiente de Azeroth. Se dice que Freya penetró en este reino y dio forma a lo que se conocería como el Sueño Esmeralda para conectar con el titán naciente.

Los Dioses Salvajes

Algunos de los dioses salvajes más importantes fueron:

  • Malorne — el honorable Ciervo Blanco
  • Aessina — la Madre Fuego Fatuo
  • Agamaggan — el Jabaespín
  • Aviana — la Dama de las Aves
  • Ursoc y Ursol — los colosales Señores Oso
  • Tortolla — el Sabio
  • Goldrinn — el Gran Lobo
  • Chi-Ji — la Grulla Roja
  • Niuzao — el Buey Negro
  • Xuen — el Tigre Blanco
  • Tu’lon — la Serpiente de Jade

Malorne, Aessina y Agamaggan

Aviana, Ursoc y Ursol y Tortolla

Goldrinn, Chi-Ji y Niuzao

Xuen y Tu’lon

En las laderas del Monte Hyjal, Freya vinculó los espíritus de sus estimados dioses salvajes al Sueño Esmeralda. Conectados para siempre con el reino etéreo, los dioses salvajes se convertirían en símbolos de la vida y la salud de Azeroth mismo. Por siempre jamás, Hyjal sería un santuario y un lugar sagrado para ellos.

A medida que las creaciones de Freya exploraban el mundo, fueron encontrando a otras muchas formas de vida extrañas. Estas criaturas emergieron por propia voluntad del pasado elemental de Azeroth. Cuando los guardianes sellaron el Plano Elemental, algunos rezagados evitaron el exilio y permanecieron en Azeroth. Su furia se apaciguó con el tiempo y se convirtieron en criaturas de carne y hueso. De estos antiguos elementales nacieron algunas de las criaturas salvajes de Azeroth, como los protodragones.

Con el tiempo, los guardianes y sus ayudantes estabilizaron la masa terrestre más grande de Azeroth, un continente repleto de criaturas y plantas de todo tipo. Llegó el crepúsculo mientras los forjados observaban el mundo que habían creado, y bautizaron a su continente principal como Kalimdor, que significa «la Tierra de la Estrella de Luz Eterna».

Los Pilares de la Creación

El Panteón otorgó artefactos asombrosos a los guardianes para ayudarles en su tarea de ordenar el mundo. Estas reliquias eran conocidas como los Pilares de la Creación, Milenios después de que los guardianes completaran su misión, estos artefactos se perdieron / acabaron desperdigados por todo Azeroth.

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