WoW Crónicas I – El Pozo de la Eternidad y las Forjas del Mundo

Por primera vez en su historia, una paz provisional reinó sobre Azeroth. Los forjados por los titanes habían expulsado a los caóticos señores elementales a otro plano de la existencia y purgado el terrible poder de los dioses antiguos y su Imperio Negro del mundo. Contra todo pronóstico, habían salvado Azeroth.

Pero aún quedaba mucho por hacer. La mayor preocupación de los guardianes era la terrible cicatriz que quedó cuando Aman’Thul arrancó a Y’Shaarj de la corteza de Azeroth. Un flujo constante de energía arcana volátil manaba de la herida y se esparcía por el mundo. Los guardianes sabían que, si no encontraban una solución, estas energías acabarían consumiendo todo Azeroth.

Los guardianes trabajaron día y noche sin descanso, creando protecciones mágicas alrededor de la herida para frenar la hemorragia de energía vital. Al final, las tumultuosas energías se calmaron y se equilibraron. Lo único que quedó de la cicatriz fue un inmenso lago de energía resplandeciente que los guardianes bautizarían como el «Pozo de la Eternidad». A partir de entonces, el poder de esta milagrosa fuente imbuiría la tierra, ayudando a que la vida brotara de nuevo alrededor del mundo.

Pozo de la Eternidad

Pozo de la Eternidad

Con la herida ya curada, los guardianes trataron de fortalecer a la joven alma-mundo de Azeroth y estabilizar su fuerza vital. Para ello, Archaedas y Mimiron combinaron sus poderes y crearon la Forja de los Deseos y la Forja de la Creación. Estas extraordinarias máquinas trabajarían al unísono, inyectando energías cósmicas en el espíritu durmiente de Azeroth. La Forja de los Deseos se situaría en los confines del norte del mundo y daría forma a la conciencia naciente del alma-mundo, mientras que la Forja de la Creación ocuparía los límites meridionales de Azeroth y regularía los ritmos de la tierra profunda para fortalecer la forma del alma-mundo.

Yogg-Saron

Yogg-Saron

Cuando ambas máquinas estuvieron construidas, los guardianes se pusieron a trabajar. Odyn supervisó la instalación de la Forja de los Deseos en una vasta cadena montañosa del norte que recibiría el nombre de Cumbres Tormentosas. El Panteón nombró a Odyn Primer Designado por sus valientes gestas en la guerra contra los dioses antiguos. Suya seria la responsabilidad de guardar la prisión de Yogg-Saron y cuidar de la Forja de los Deseos. De inmediato’, Odyn y el resto de guardianes empelaron a construir la gran fortaleza de Ulduar, que serviría como bastión principal de los forjados por los titanes en Azeroth. La fortaleza no solo albergaría la prisión de Yogg-Saron, sino también la Forja de los Deseos y otras máquinas creadas por los guardianes.

Ulduar

Ulduar

La Forja de los Deseos también tenía otra función: podía extraer la esencia vital de Azeroth y dar forma y consciencia a criaturas vivas de piedra y de metal. Y no solo a gigantes, sino también a otros tipos de forjados. Esta nueva generación de forjados por los titanes ayudaría a los guardianes a traer el orden al mundo.

Mientras la Forja de los Deseos escupía al mundo a los nuevos forjados, el Alto Guardián Ra lideró una expedición para instalar la Forja de la Creación en el sur. Le acompañaban diversas criaturas de piel rocosa nacidas recientemente de la Forja de los Deseos: los gigantes anubisath, los leoninos tol’vir y los indomables mogu.

Anubisath, mogu y tol’vir

Y'Shaarj

Y’Shaarj

Durante su viaje, descubrieron que algunos restos de la forma corpórea de Y’Shaarj estaban desperdigados por los territorios australes del mundo. Cuando Aman’Thul arrancó al dios antiguo de la faz de Azeroth, fragmentos de la criatura cayeron a la superficie, contaminando la tierra con su maldad. El fragmento más grande de Y’Shaarj era el gélido corazón del dios antiguo, una masa de carne putrefacta de la que emanaba energía del Vacío.

En vez de destruir el corazón, Ra construyó una cripta subterránea para contenerlo y neutralizar su maldad. Él y los demás guardianes sabían que el corazón les ayudaría a comprender la naturaleza de los dioses antiguos y de otras criaturas del Vacío si lo estudiaban. Ra encargó a sus seguidores mogu el cuidado y la vigilancia de la cripta de Y’Shaarj, así como de las tierras colindantes.

Uldum

Entonces continuó su viaje, esta vez hacia el oeste. Allí, sus seguidores y él fijaron la Forja de la Creación a la tierra. Y esta tembló bajo sus pies a medida que la gigantesca máquina cobraba vida, y el Alto Guardián pronto pudo sentir ambas forjas gemelas funcionando al unísono y enviando energías curativas a través del centro del mundo. Entonces, Ra y sus seguidores levantaron una gigantesca fortaleza alrededor de la Forja. Se llamaría Uldum, y se convertiría en la base más meridional de los guardianes.

Al igual que la Forja de los Deseos, la Forja de la Creación también cumpliría un doble propósito. Si la flora y la fauna de Azeroth sucumbían algún día a la corrupción, era posible liberar las increíbles fuerzas almacenadas en el interior de la gran máquina para erradicar toda forma de vida de Azeroth y reiniciar su ciclo vital. El Alto Guardián ordenó a algunos de los tol’vir y anubisath que protegieran Uldum para siempre, mientras él y el resto de su séquito marchaban al noroeste, adentrándose en una tierra que sería conocida como Silithus. Esta árida e inhóspita región era el hogar de la prisión subterránea del dios antiguo C’Thun. Ra y sus aliados trabajaron duramente expandiendo la prisión, culminando con la construcción de la gran fortaleza de Ahn’Qiraj. Una vez completada la fortaleza, el Alto Guardián ordenó a sus sirvientes restantes que la protegieran.

Ahora que había cumplido su misión, Ra pasaría las siguientes edades vagando por las regiones meridionales de Azeroth, observando a sus sirvientes desde la distancia para asegurarse de que cumplían con sus sagrados cometidos.

 

Ahn’Qiraj, prisión de C’Thun

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