WoW Crónicas I – La Ira de los Forjados por los Titanes

Liderados por los guardianes, los forjados asaltaron los territorios norteños del Imperio Negro. La resistencia y la fuerza de los ejércitos del Panteón los convertía en una fuerza imparable. Desataron la furia de los dioses sobre sus enemigos, devastando legiones enteras de n’raqi y aqir y destruyendo sus templos.

La llegada de los forjados cogió por sorpresa a los dioses antiguos. Se tambalearon ante la fuerza de los invasores de piel metálica y pétrea, pero estaban decididos a no perder el control de Azeroth. Para ello, despacharon a sus lugartenientes más poderosos, los señores elementales.

Los elementales enfurecidos y sus esbirros hostigaron a los forjados desde todos los lados y estos, precavidos ante el peligro que supondría enfrentarse a un ejército elemental unificado, resolvieron dividir a sus oponentes para derrotarlos. Dividieron pues sus propias fuerzas y cada grupo de forjados se dispuso a declararle la guerra a uno de los señores elementales.

Tyr y Odyn se ofrecieron voluntarios para enfrentarse al más destructivo de los señores elementales: Ragnaros, Señor del Fuego. La batalla duró semanas, envolviendo la tierra en llamas y magma, pero la resistente piel metálica de los guardianes los protegía de los ataques incandescentes de Ragnaros. Gracias a su fuerza y a su férrea voluntad, Tyr y Odyn obligaron a Ragnaros a regresar a su guarida volcánica en el este. Sobre un paisaje ocupado por mares de ácido humeante y cielos anegados de ceniza, los dos guardianes derrotaron al Señor del Fuego.

Entretanto, Archaedas y Freya desataron sus poderes sobre Therazane, la Madre Pétrea. Para protegerse, a ella y a sus esbirros, la soberana elemental se guareció en la imponente torre de piedra que conformaba su hogar, Archaedas empleó su dominio sobre la tierra para debilitar los cimientos de la ciudadela y mellar a los abruptos gigantes que la guardaban. Entonces, Freya hizo crecer de la tierra gigantescas raíces que envolvieron la fortaleza, penetrando en la roca y el cristal, debilitando las paredes de la ciudadela y derrumbándola con Therazane en su interior.

Los Titanes Forjados luchando contra los Señores Elementales

Los Titanes Forjados luchando contra los Señores Elementales

Ra, Thorim, y Hodir declararon la guerra a Al’Akir, Señor del Viento. Con su dominio de los cielos y las tormentas, obligaron al señor elemental a retroceder hasta su guarida, ubicada entre los picos más altos de Azeroth. Los relámpagos abrasaron el cielo mientras el Señor del Viento luchaba por contener a sus adversarios. Al final, los tres guardianes volvieron los poderes de Al’Akir contra él mismo, derrotándolo en el punto más alto de su reino de los cielos.

Neptulon, el Cazamareas y sus esbirros corrieron a apoyar a los otros señores elementales en la batalla, pero Loken y Mimiron los desviaron de su camino. Los dos guardianes emplearon su astucia para hostigar y adelantarse constantemente al Cazamareas y sus tropas. Finalmente, Loken utilizó sus poderes arcanos para congelar y romper en mil pedazos a los elementales de agua,  mientras Mimiron creaba unas ataduras encantadas para aprisionar a Neptulon.

Pese a que los señores elementales habían sido derrotados, los guardianes sabían que no era posible destruirlos completamente, pues sus espíritus estaban ligados al mismo mundo de Azeroth. Si morían, sus formas corpóreas terminarían por manifestarse de nuevo con el tiempo.

Ra pronto encontró una solución. Se dispuso a encarcelar a los elementales, igual que el gran Sargeras hizo con los demonios. Primero, Ra pidió ayuda a la excepcional bruja forjada por los titanes Helya. Ambos colaboraron en la creación de cuatro dominios interconectados contenidos en una dimensión de bolsillo conocida como el Plano Elemental. Entonces, Ra y Helya desterraron a los señores elementales y a casi todos sus esbirros a esta prisión mágica.

Ragnaros y los elementales de fuego fueron exiliados a un territorio ardiente del Plano Elemental conocido como las Tierras de Fuego. Therazane y sus elementales de tierra terminaron encerrados en las cavernas cristalinas de Infralar. Al’Akir y los elementales de aire fueron encarcelados entre los nublosos picos del Muro Celeste. Y Neptulon y los suyos fueron desterrados a las profundidades de la Fauces Abisales. Solo unos pocos elementales permanecieron en Azeroth, pero ahora que sus líderes habían desaparecido, se dispersaron y abandonaron la guerra.

Tras contener a los elementales, los guardianes centraron su atención en las legiones de aqir del Imperio Negro. Muchos de los insectoides moraban en enormes catacumbas que serpenteaban por las profundidades del mundo devastado. Archaedas doblegó la cierra y la roca a su voluntad, derrumbando las madrigueras de las criaturas y empujándolas hacia la superficie. En cuanto emergieron de sus guaridas, los aqir estaban rodeados por los forjados por titanes.

Las batallas entre los forjados y los aqir fueron especialmente cruentas, pero con el tiempo, los guardianes destruyeron a gran parte de la raza aqir. Unos pequeños reductos insectoides, aquellos que se habían refugiado a mayor profundidad, escaparon de la ira de los guardianes, pero estaban demasiado debilitados como para contraatacar.

Mapa del Imperio Negro

Mapa del Imperio Negro

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1 comentario

    • darkwatcher en 29 septiembre, 2018 a las 10:58 am
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    no sabia como era azeroth antes de implosionar, genial, esos dioses antiguos…

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