WoW Crónicas I – El Descubrimiento de Azeroth

Mientras tanto, en las profundidades de la Gran Oscuridad del Más Allá, Aggramar continuaba su misión de erradicar todo rastro de influencia demoníaca. Sus batallas lo llevaban de un mundo a otro, de una civilización corrompida por los demonios a la siguiente. Aggramar cargaba con todo el peso de esta tarea sobre sus hombros, pero su determinación nunca flaqueó. En lo más profundo de su corazón, Aggramar creía que algún día Sargeras regresaría y vería que la causa del Panteón era noble.

Fue durante sus largos y solitarios viajes que Aggramar percibió algo extraordinario: los plácidos sueños de un alma-mundo durmiente, vagando a través del cosmos. Esta canción de vida guio a Aggramar hasta un mundo todavía por descubrir, uno al que llamarían «Azeroth». Acurrucado en el núcleo de este mundo, dormía un hermano de Aggramar, más poderoso que ninguno de los descubiertos hasta entonces. El espíritu era tan fuerte que Aggramar podía percibir sus sueños incluso a través del tumulto de la superficie de su mundo.

Sin embargo, cuando Aggramar se aproximó a Azeroth y contempló el nuevo mundo, el horror se apoderó de él. Las energías del Vacío se arremolinaban sobre su superficie como tejido cicatricial, y de sus paisajes desolados se alzaban las figuras de los dioses antiguos y su Imperio Negro. Milagrosamente, el espíritu del joven titán que moraba en su interior permanecía incorrupto, pero Aggramar sabía que en cuestión de tiempo sucumbiría al poder del Vacío.

Aggramar buscó el consejo del resto del Panteón y les informó de su descubrimiento.

Claramente, era la prueba de que Sargeras estaba en lo cierto respecto a los señores del Vacío y sus planes. Aggramar instó a los demás titanes a intervenir de inmediato, antes de que Azeroth se perdiera para siempre.

Eonar fue la primera en unirse a su causa. Obligó al resto del Panteón a reflexionar sobre el potencial del nuevo mundo. Si se le proporcionaba la oportunidad de madurar, este nuevo titán podría llegar a ser más poderoso que Sargeras. Podría incluso convertirse en su guerrero más poderoso, capaz de acabar con los señores del Vacío de una vez por todas. Pero más allá de ese potencial, Azeroth era uno de ellos. Un pariente perdido y vulnerable. El Panteón no podía abandonar a su propio hermano al capricho de los señores del vacío.

Las palabras de Eonar conmovieron los corazones del resto del Panteón. De forma unánime, decidieron salvar Azeroth sin importar el precio.

Aggramar formuló un audaz plan de ataque: todos los miembros del Panteón viajarían a Azeroth y purgarían el Imperio Negro que lo había tomado. Pero lo harían sin intervenir directamente, pues Aggramar temía que el colosal tamaño del Panteón pudiera dañar o incluso matar a la joven alma-mundo. En cambio, Aggramar propuso crear agentes de gran poder como representantes el Panteón que se encargaran de acabar con el Imperio Negro.

Guiados por el gran forjador Khaz’goroth, el Panteón empleó la corteza misma de Azeroth para crear un ejército de gigantescos siervos: los aesir y los vanir. Los aesir eran de metal y esgrimirían el poder de las tormentas, mientras que los vanir nacieron de la piedra y tendrían control sobre la tierra. Colectivamente, estas poderosas criaturas recibirían el nombre de los forjados por titanes. Los miembros del Panteón imbuyeron sus atributos y sus poderes en algunos de los forjados para que lideraran al resto. Estas criaturas de gran poder se llamarían los guardianes. Aunque con el tiempo desarrollarían personalidades propias, portarían por siempre la huella y las habilidades de sus creadores.

  

Aman’Thul, Khaz’goroth y Golganneth

  

Eonar, Norgannon y Aggramar 

Aman’Thul transmitió algunas de sus numerosas habilidades al Alto Guardián Ra y al Guardián Odyn. Khaz’goroth hizo lo propio transmitiendo su dominio sobre la tierra y la forja al Guardián Archaedas, Golganneth cedió a los Guardianes Thorim y Hodir el dominio sobre las tormentas y los cielos, Eonar entregó con la Guardiana Freya su control sobre la flora y la fauna de Azeroth y Norgannon compartió su intelecto y su maestría sobre la magia con los Guardianes Loken y Mimiron. Finalmente, Aggramar impartió su fuerza y su coraje al Guardián Tyr, que se convertiría en el guerrero más poderoso de los forjados.

   

Ra (Ra Den), Odyn y Archaedas

  

Thorim, Hodir y Freya

   

Loken, Mimiron y Tyr (Mano de plata)

Con este nuevo ejército nacido de la corteza de Azeroth, el Panteón partió a la guerra. Había llegado la hora de destruir el Imperio Negro y liberar Azeroth de su maligna influencia…

Imperio Negro

Imperio Negro

Regresar al índice de World of Warcraft: Crónicas Volumen I

Share

Deja un comentario

Your email address will not be published.