WoW Crónicas I – La Llegada de los Dioses Antiguos

Los señores elementales disfrutaron de su conflicto hasta que un grupo de dioses antiguos cayeron a la superficie de Azeroth desde la Gran Oscuridad, incrustándose con un gran estruendo en distintos puntos de su superficie. Estas gigantescas criaturas se alzaban sobre la tierra como montañas de carne recubiertas de orificios dentados rechinantes y ojos negros invidentes. Un miasma de desesperación pronto envolvió todo aquello que existía en su proximidad.

N’raqi / Ignotos

Como enormes pústulas cancerosas, los dioses antiguos expandieron su presencia corruptora por el mundo. Las tierras a su alrededor hervían y se marchitaban, volviéndose negras y carentes de vida. Y mientras extendían su corrupción por la superficie, sus tentáculos penetraban la corteza de Azeroth, acercándose cada vez más a su indefenso corazón.

Los amorfos cuerpos de los dioses antiguos desprendían materia orgánica que dio luz a dos nuevas razas: los inteligentes y astutos n’raqi, también conocidos como «los ignotos», y los aqir, unos seres insectoides de gran fuerza y resistencia. Ambas razas encarnaban la manifestación física de la voluntad de los dioses antiguos y por ello les servían con una lealtad cercana al fanatismo. A través de sus nuevos esbirros, los dioses antiguos expandieron las fronteras de sus remotos dominios.

Aqir

Aqir

Los n’raqi ejercían como capataces implacables, comandando a los aqir para erigir imponentes ciudadelas y ciudades-templo alrededor de los enormes cuerpos de sus amos. La más grande de estas ciudades se construyó cerca de Y’Shaarj, el más poderoso y malvado de los dioses antiguos. Esta floreciente civilización se encontraba cerca del centro del continente más grande de Azeroth. Los territorios de Y’Shaarj, junto a los que pertenecían a los otros dioses antiguos, pronto se extenderían por todo el mundo y formarían el Imperio Negro.

El ascenso del Imperio Negro no pasó desapercibido a ojos de los espíritus elementales. Estos consideraban a los dioses antiguos como afrentas a su autoridad y se propusieron extirpar su pestilente presencia del mundo. Por primera vez en la historia de Azeroth, los espíritus nativos del mundo se unieron para derrotar a un enemigo común.

   

Dioses antiguos: Yogg-Saron, Y’Shaarj, C’Thun y N’Zoth

Las tempestades de Al’Akir se unieron a los esbirros llameantes de Ragnaros, creando monstruosos torbellinos de fuego. Estas tormentas abrasadoras barrieron el mundo, reduciendo las ciudadelas del Imperio Negro a cenizas. A su vez, Therazane levantaba grandes paredes de roca para atrapar a sus enemigos y derruir sus ciudades-templo. Entonces aparecía Neptulon con sus esbirros de las mareas, aplastando a los n’raqi y a los aqir entre la dura roca y la furia de los mares.

Aun con todo su fervor, los elementales fueron incapaces de derrocar al Imperio Negro. Por cada n’raqi y aqir que moría, nacían otros tantos de los pútridos cuerpos de los dioses antiguos, como larvas emergiendo de un nido. Los n’raqi y los aqir engulleron la tierra como una enfermedad imparable, quebrando las formas de los elementales.

Al final, los dioses antiguos esclavizaron a los elementales y a sus señores. Sin los espíritus nativos para frenar a los n’raqi y los aqir, las fronteras del Imperio Negro se extendieron por una gran parte del marchito mundo. Una penumbra perpetua descendió sobre Azeroth y el mundo entró en un vacío de muerte y sufrimiento.

Regresar al índice de World of Warcraft: Crónicas Volumen I

Share

Deja un comentario

Tu email nunca se publicará.