WoW Crónicas I – Introducciones

Corría el año 2,000 cuando entré en contacto por primera vez con el mundo de Azeroth. Blizzard Entertainment buscaba un autor que convirtiera la trama de Warcraft Adventures: Lord of the Clans en una novela. Me dieron seis semanas para escribir un libro ambientado en un mundo que me resultaba completamente ajeno. Gracias al infatigable apoyo y entusiasmo de Chris Metzen (siempre disponible para responder preguntas perentorias como «¿De qué color es la sangre de los orcos?»), aquellas seis semanas establecieron los cimientos de una relación laboral que hoy en día continúa suscitando en mí felicidad, aventura, diversión pura y magia constantes.

Tras escribir Lord of the Clans me enamoré tanto de Azeroth que aprendía jugar a mi primer videojuego —World of Warcraft— solo para poder pasar más tiempo allí. Y pronto, todos visitaremos Azeroth en un medio completamente distinto: el reino del cine.

Mientras tanto, mi intención, como la de todos los lectores de este libro, es arrebujarme junto a esta hermosa y exhaustiva historia de un mundo vívidamente imaginativo que aún consigue engancharme, a pesar de que llevo jugando a WoW casi desde su lanzamiento y he escrito ocho novelas ambientadas en las fronteras de Azeroth (bueno, casi… en una me trasladé a Draenor). Siempre hay algo nuevo que aprender, un personaje nuevo que conocer y una nueva historia que contar. Es como reencontrarse con un viejo amigo.

Espero que ustedes se sientan igual.

«¡Por Azeroth!»

Christie Golden

Cuando me pidieron que escribiera para Warcraft, el juego ya se había convertido en un auténtico fenómeno, pero dudo que siquiera los altos cargos de Blizzard se esperaran que fuera a causar tal sensación mundial tan solo un par de años más tarde.

He tenido la suerte de pertenecer a este género desde el bombazo de la Dragpnlance —The Legend of Huma fue la primera novela no escrita por Margaret Weis y Tracy Hickman— y me maravillaba al contemplar a las legiones de leales fans en las sesiones de firmas y en la Gen Con. También escribí mi propia serie, The Dragonrealm, que cuenta con sus propios seguidores incansables. Sin embargo, nada es comparable a lo que experimenté cuando mi novela Warcraft: Day of the Dragon se publicó en 2001. La reacción fue tan arrolladora como inmediata. El cariño de los lectores me llegó desde todos los rincones del mundo, una muestra del nivel de compromiso que los aficionados a Warcraft harían alcanzado.

Además, durante la última década, dicho compromiso no ha hecho más que aumentar. Azeroth es un mundo muy rico y auténtico, por lo que no resulta sorprendente que millones de personas lo disfruten y además continúen regresando. Ha sido todo un placer para mí formar parte de este fenómeno y aportar mis historias —y personajes— a la ya completa historia de Azeroth, una historia que continúa creciendo.

Una historia que pronto necesitará de un volumen 2.

Richard A. Knaak

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